sábado, 16 de noviembre de 2013

La Cultura de la Mentira (9 de 9)




Las mayores corporaciones de venta de objetos de alimentación se basan en la construcción de un producto básicamente mediocre -siendo generosos- cuya producción sea fácilmente reproducible en franquicias por un personal con una mínima formación. Esas enormes transnacionales gastan la mayor parte de sus presupuestos anuales, no en fabricar el producto, que supone un coste marginal, sino en publicidad, alimentando a una gigantesca maquinaria de marketing global que es capaz de adaptar sus campañas a la idiosincrasia de cada pueblo al que llegan. Ese gasto en publicidad, de dimensiones planetarias, es el que se ve reflejado en el coste del producto, que ofrece un margen gigantesco al padre de la franquicia.

Fabricantes de refrescos o zumos basados en concentrados, restaurantes de comida rápida, manufactureros de derivados lácteos y chocolates, practican ese deporte de fabricación de producto de baja calidad a bajísimo coste con procesos super-estandarizados. Estos productos, cuyo diseño básico es siempre el mismo, están obligados a reinventarse continuamente como objetos de marketing, de modo que el producto de base cambia mínimamente; no así la forma de venderlo o su envoltorio.

Estamos acostumbrados a ver cómo empresas de productos lácteos cambian el nombre periódicamente a sus productos, añadiendo pequeños detalles a sus características, y generalmente aduciendo beneficios para la salud de dudosa realidad científica. Todo es parte del mismo juego: la reinvención continua del mismo producto, tamizado con distintos nombres y apelativos, de modo que el comprador que adquiera en una gran superficie el objeto sea atraído por la novedad. Bífidus, soja, fibra, colesterol bueno, grasas vegetales, ácidos grasos, y otros términos tan vagos como sonoros sirven al fabricante, siempre con una intensa labor de asesoría por parte de caros bufetes de abogados y departamentos “de investigación” internos, para decir vaguedades sobre su producto que en ocasiones pueden rozar la información falsa, especialmente en términos sanitarios, algo que crea serios quebraderos de cabeza a las autoridades.

De esta manera, el producto se reinventa constantemente, pero la marca y el objeto permanecen en principio invariables. Y los cambios a los que se somete el producto suelen ser los que la cadena de fabricación permite sin excesivo coste de inversión (por ejemplo el cambio de ciertos ingredientes, para las versiones “light”, “sin cafeína”, “zero” de ciertos refrescos y sus combinaciones posibles). A la vez esas mismas fábricas crean los productos "blancos" o sin marca a las grandes cadenas de distribución, vendiendo más barato aún lo que fabrican.

En otras ocasiones el producto no cambia, pero sí lo hace el icono de la marca. Tal es el caso de un conocido refresco “sin burbujas” que acortó su nombre hace unos años para adecuarse a los gustos de los nuevos consumidores jóvenes. El caso curioso de este producto, un refresco azucarado con sabor a naranja, que apenas contiene un 8% de naranjas auténticas es simplemente “que no tiene burbujas”, esto es, que su proceso de fabricación es hasta más barato para el envasador, al no verse obligado a inyectar CO2 en el refresco. Este es un ejemplo de cómo cualquier mensaje, por absurdo y carente de sentido que sea, puede calar en el consumidor. La ausencia de burbujas, aparte de atraer a ciertos consumidores que no gustan de los refrescos carbónicos, no añade nada más al producto. Algo similar ocurre con los fabricantes de derivados lácteos. El productor más conocido de esta rama de la industria en gran parte del mundo ha lanzado una línea de natillas en cuya campaña televisiva un luchador mexicano aparece ante los consumidores para vender un cambio de envase en el producto, que curiosamente, podría llevar a que contuviera menos volumen para el consumidor por el mismo precio (lo que supone un encarecimiento), pero que en cualquier caso es un detalle sin importancia, que el fabricante ha decidido convertir en centro de una campaña para que el consumidor “cruja su rutina”, como dice el slogan del anuncio televisivo de la campaña (en su nueva encarnación el personaje es un hámster creado mediante un traje combinado con CGI).

Este proceso de reinvención inacabable proviene en parte de la necesidad de diferenciarse del producto blanco que, con idénticas características, vende a precio menor la gran superficie (y es generalmente manufacturado por el mismo fabricante de la marca con renombre), y que lleva a los ciudadanos a comprar el producto más barato. Entonces, la imagen de marca ha de resonar por encima del beneficio económico de la marca blanca. Y aquí todo vale para ello.

Vemos que las ventajas del producto en cuestión son lo de menos. El ruido, el impacto mediático, es lo único que cuenta para que los compradores identifiquen en los anaqueles de los supermercados el producto en cuestión, pero desde hace años la verdad sobre este tipo de productos de coste mínimo de fabricación y franquicia y máxima inversión publicitaria global coincide en una cosa: el marketing no se usa para informar al consumidor, sino para subyugarle. Para hipnotizarle, generando memes colectivos, modas y nuevas tendencias. Se miente, a sabiendas de que se hace y asumiendo por posibles costes en sanciones, si se producen; se oculta información nutricional (en el caso de las bebidas refrescantes, la correlación entre el consumo de refrescos azucarados y las muertes por accidente cardiovascular se mantiene celosamente en secreto), se vende felicidad, ruptura de las rutinas, novedad, color, juventud y ruido. Y se falsea la realidad cuando es necesario, con la esperanza puesta en las laxas normativas de publicidad de cada país (desde yogures que ayudan a ir al baño a preparados lácteos que “eliminan el colesterol malo”, pasando por los cosméticos milagrosos que por mor de unas proteínas inexistentes o inventadas rejuvenecen 20 años o eliminan la celulitis, y llegando a los detergentes que usan cosas como el “oxígeno activo”). Así las patadas al rigor científico, diseñadas para una población crédula (o cuanto menos distraída) por expertos en comunicación, extienden falsos datos entre las gentes, crean incluso leyendas urbanas (“el yogur es bueno para el colesterol”, “las grasas son malas”, “la soja es buena, la leche es mala”, “el pan engorda”) que hacen a los médicos llevarse las manos en la cabeza y tiran por tierra campañas enteras de concienciación pública. En general no benefician a la sociedad en absoluto.

Este tipo de industrias de coste de producción tendente a cero, y gasto de marketing alto deberían ser miradas siempre con recelo por la población. En cambio, sus imágenes de marca entre las gentes son inmejorables.

El epítome de la Cultura de la Mentira es ese anuncio televisivo de un “regulador de la publicidad” que aboga por el autocontrol en los anuncios. Los mentirosos están a cargo de que las mentiras no lo sean tanto. Podemos dormir tranquilos.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Un letrero de Coca-Cola en Independence, Oregon. El autor es Gary Halvorson, Oregon State Archives. Copyright The Oregon Historical County Records Guide. Cedida para su uso con atribución.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La Cultura de la Mentira (8 de 9)



Los países protestantes, que en momentos clave de la Historia reciente pudieron separar sociedad de religión e intereses de poder, vivieron unas épocas de florecimiento intelectual inusitadas a partir del Siglo XVI. Este florecimiento, experimentado especialmente en Inglaterra u Holanda, llevó a cambios políticos de gran calado, como las revoluciones inglesa y francesa, que desencadenaron procesos análogos en otros Estados.

Los grandes revolucionarios intelectuales de su tiempo, tales como Kepler, Newton, Leibniz, y en el Siglo XIX y XX Maxwell, Planck, Einstein o Bohr vivieron en países en los que las Universidades vivieron enormes procesos de cambio, durante períodos de paz en los que fueron las grandes fuentes de pensamiento en el continente. Cuando parte de ellos emigraron a Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, se llevaron no sólo sus conocimientos, sino una forma de ver el mundo, y una forma de gestionar el conocimiento, algo que los emigrantes que habían creado el país dos siglos antes también llevaban en sus bodegas intelectuales. Lo que podemos llamar el "espíritu de redención por el trabajo" de la cultura protestante llevó el saber adelante y lo sigue haciendo en este momento.

La mayor gesta colectiva de la Humanidad del Siglo XX, la llegada a la Luna, es el corolario de 500 años de gigantes intelectuales nacidos de los aires de libertad que Lutero, paradójicamente un monje, trajo en tiempos convulsos. Sin embargo, el "valle de lágrimas" católico y la redención oral de los pecados por la confesión parecen haber condenado a los países de la "red católica" al subdesarrollo no sólo intelectual sino también tecnológico. Siempre arrastrados por la vorágine, sus científicos y pensadores destacados tienen el estigma de la emigración como única vía para desarrollarse. El problema cubre por extensión a España y todas sus colonias, Portugal (y colonias también), y es menos visible en otros países católicos en los que el poder eclesiástico fue separado del político por revoluciones, como es el caso de Italia (cuyos aportes a la cultura científica, de Volta a Marconi, pasando por Galileo o Fermi, les colocan en el “otro lado”). En otros territorios como Rusia, en los que se vivió una suerte de proceso híbrido truncado (o exacerbado) por la revolución bolchevique, se produce un fenómeno similar al de los países protestantes, con grandes evoluciones en el campo científico y del pensamiento.

¿Existe un estigma cultural en España y sus satélites culturales? Los hechos parecen probarlo tozudamente. En un país cuyo monarca absolutista decidió convertir la futura sede de la Academia de las Ciencias en el Museo del Prado, las prioridades están claras, y una oportunidad que pudo haber permitido el nacimiento del equivalente hispano a la Royal Society (centro intelectual de importancia vital para el desarrollo científico en occidente) está claro que las prioridades no son precisamente el desarrollo del saber. No olvidemos que el Libro que rige la norma católica, la Biblia, no es especialmente simpática con el conocimiento (ya en el Génesis se afirma que el Pecado Original del Hombre fue el comer del fruto del Arbol de la Sabiduría), algo a lo que sin duda contribuyó el enorme poder político de la jerarquía católica en el país y sus colonias, así como la influencia de la Inquisición.

En Italia procesos como el de Galileo o el de Giordano Bruno fueron excepciones en unas relaciones entre Estado y Religión más bien tirantes, con papas guerreros que minaban su propia autoridad en territorios fragmentados y autónomos. Pero en España la misma reconquista fue un acto religioso, y marcó el dominio de la casta de los sacerdotes en todos los aspectos de la sociedad. Un dominio que ha llegado hasta el día de hoy. En cierta medida, y en ese aspecto, España poco tiene de diferente de las primitivas sociedades animistas, en las que los sacerdotes dominan el poder político de forma directa o indirecta.

Este primitivismo propio de los regímenes feudales forma ciudadanos mansos, poco amigos del cambio, conformes con su destino (después de todo el dogma católico promete la recompensa a una vida de privaciones tras la muerte, y niega todo lo fenoménico. La vida es un trámite hacia algo mejor, y es inútil dedicarse a entender un mundo dominado por el mal y el demonio).

Curiosamente, esta visión delirante del mundo la comparten alas extremas del catolicismo y el protestantismo, ligados unos a otros por la interpretación textual de los pasajes bíblicos, tales como los Testigos de Jehová, los Evangélicos, etcétera. De esos grupos extremistas no surgen tampoco científicos de talla o emprendedores, dado que su ideología aboga por la inacción y la concentración en la oración y el llamado "estudio bíblico", un eufemismo para la interpretación cuasi textual de un libro escrito por unos hombres que vivieron en la Edad de Bronce.

En este sentido las religiones "de libro", y en general todas aquellas especialmente agresivas o proselitistas, están demostrando una intensa desconexión con los ciudadanos que han sido formados intelectualmente (existe, por cierto, correlación entre la inteligencia y el desapego religioso). En un proceso natural, esto llevaría a una gradual extinción de las grandes religiones de libro como dictadoras de conducta, pero estos procesos son lentos y transgeneracionales. Y de la misma manera que los españoles viven en lo más íntimo de su psique colectiva el yugo católico y la superstición a causa de generaciones de influencia cultural, exactamente lo mismo ocurre en el caso de los herederos de esos otros fenómenos religiosos. La elección de la fe es un asunto personal, e incluirla en este ensayo sobre la Cultura de la Mentira ha sido difícil, sobre todo porque regula el acto íntimo de la muerte y da respuestas a asuntos inefables. Pero es innegable que al menos en las actuales y recientes encarnaciones de las grandes religiones "de libro", los efectos sobre las sociedades, su evolución, riqueza y grados de libertad colectiva, son bien demostrables. Así que es mejor que en ese aspecto los hechos sean los que hablen.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Political cartoon by JM Staniforth. Commentary on the Diocese of Llandaff employing more moderate churchmen and rejecting those following the recently legislated Ritualism arm of Christianity. 28 de enero de 1899. Autor: Joseph Morewood Staniforth. Está en dominio público. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

La Cultura de la Mentira (7 de 9)



Los espejismos de democracia que se extienden por todos lados en la Red de Redes tienen su reflejo más importante e intenso en las Redes Sociales. Gigantescos receptáculos (y traficantes) de información personal, diseñados por empresas transnacionales que escapan a las legislaciones locales con enorme facilidad, su enorme éxito global debería abrir la puerta a un debate intenso sobre las consecuencias a largo plazo de su uso.

Actualmente se ha puesto de moda el llamado "derecho al olvido", una utopía inalcanzable que se pretende legislar desde España sin comprender aún que el fenómeno de las redes sociales, como Internet, no depende de territorios ni de legislaciones locales, y que se requiere un acuerdo transnacional definitivo que legisle la Red de Redes antes que nada. Pero poner de acuerdo a naciones enteras en algo así garantiza que Internet será aún por mucho tiempo una jungla en la que las leyes nacionales no son de aplicación por mucho que se desee. Desear algo muy intensamente, en ocasiones no basta. Es algo que saben los niños cuando dejan de serlo. Pero nuestros legisladores parecen ignorarlo. En este asunto de nuevo entra la pésima asesoría que el político español, generalmente ágrafo en términos de tecnología y derecho tecnológico (y en todo lo demás), sufre.

Todo ello, naturalmente convierte la situación actual en una "tormenta perfecta", con una red global de comunicaciones llena de potencial pero que en estos momentos no permite obtener los beneficios adecuados a los operadores que no sean globales o monopolísticos, y que arrasa con los derechos de terceros de forma despiadada, de modo que la cantidad de nuevas violaciones a los derechos de las personas en la nueva realidad de un metaespacio público virtual como internet es de hecho global y no-espacial, aumenta cada día (intimidad, inviolabilidad del domicilio y las comunicaciones, derechos de autor, piratería global, tráfico de datos, phishing, ciberacoso, pornogafía infantil, troyanos, vigilancia remota, robo de la personalidad, hacking, cracking, vigilancia gubernamental... ).

En España, donde no tenemos ciertas barreras éticas que sí existen en otras naciones (vaya usted a saber por qué), fenómenos como el robo de propiedad intelectual campan a sus anchas y recorren la sociedad de forma transversal: jueces, políticos, ingenieros, médicos, parados, autónomos, transportistas, comerciales o policías practican a diario el intercambio de unos archivos que no les pertenecen y se ha creado la imagen distorsionada de que existe un derecho a hacer algo que no es nada más que robo de datos, algo penalizado por la Ley.

La tibieza de gobiernos enteros y sobre todo su insoportable ignorancia, ha llevado al país a una situación insostenible en ese aspecto, que distorsiona la escala de valores de varias generaciones de ciudadanos que algún día tendrán que enfrentarse con esas contradicciones en sus vidas personales.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Publicidad de Atari en el periódico venezolano "El Nacional", del domingo 2 de Abril de 1978. Parece provenir de un microfilm. Autor: Omerta-ve. Está bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported.

lunes, 21 de octubre de 2013

El Due Dinámico



De vez en cuando iré posteando aquí las grabaciones de DUE, el grupo de música experimental del que formé parte hace unos cuantos años, que vamos subiendo poco a poco a Jamendo.com

"El Due Dinámico" lo grabamos en 1988-1989. Había dirigido mis dos primeros cotrometrajes para Televisión Española en Canarias, dentro de un programa de producción propia del centro de producción de Las Palmas llamado "Cine Canario" y con los sueldos de aquel trabajo adquirimos nuevos instrumentos y aparataje, entre ellos un sampler y un sintetizador Roland, una nueva mesa de mezclas, etc.

Pasamos un año más o menos trabajando en esta grabación, que como siempre editamos en su día bajo el sello "El Consumidor de Cultura" con el que vendíamos nuestras grabaciones en aquellos días, vía correo postal.

Había un montón de grandes ideas en aquel trabajo, desde una obra de corte minimal para piano que se convirtió en algo parecido a un éxito -en la escena experimental, claro-, hasta obras radicales de noise sampleado, como "Mamá, dame un polo aleatorio", una suerte de instalación sonora que todavía resulta incómoda de oír. Utilicé posteriormente "L'automne", otro de los temas musicales de la obra, como fondo sonoro para una de mis primeras obras de videocreación, "Movimiento Nazional".

Para la portada de la cinta hicimos una sesión fotográfica en la que posábamos como una especie de grupo de verbena digno de compasión. Para el interior de la obra hicimos otra sesión en la que posábamos como los miembros de Kraftwerk en sus primeros discos. "El Due Dinámico" conjunta experimentación con un estilo sarcástico que acompañó a DUE a lo largo de su historia como formación experimental. Nos reíamos de todo, y a la vez intentábamos proponer ideas audaces y diferentes.

Puedes acceder a la obra completa en Jamendo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

La Cultura de la Mentira (6 de 9)



Una sociedad anestesiada como la nuestra creo que es el resultado de esta combinación de una democracia demasiado joven, la herencia española de su cultura católica y de las generaciones educadas durante la dictadura, y la tradicional picaresca. En España mentir está bien visto. Engañar al otro es un valor añadido, como lo es hurtar algo en los hoteles o defraudar al fisco. El ciudadano español aún pregunta a sus clientes si prefieren "con o sin factura", y en resumen, vive en un autoengaño perpetuo: él no es la sociedad. Él no tiene que ver con el colectivo. El resultado es un país con las mayores bolsas de fraude fiscal de Europa, con una evasión de impuestos galopante y un impresionante tráfico de dinero no controlado. Pero el statu quo no es fácil de cambiar. Sobre todo porque este estado de cosas beneficia a ciertos colectivos a los que beneficia la opacidad. Los grandes caudales de dinero negro actúan de sombra ocultadora para el lavado de ingentes cantidades, y así, generaciones de relaciones clientelares entre gobiernos locales y visitantes interesados, han creado una compleja trama de intereses que atraviesa el país.

Así, no es extraño que, al contrario que ocurre en otras naciones regidas por la moral protestante, en la católica España la verdad y el Estado de Derecho no sean valores precisamente primordiales. En nuestro país la verdad está condicionada a la línea editorial del medio que la publica, esto es, de lo que mande el que paga el medio. Y como sabemos, el segundo diario de mayor tirada del país ha estado manteniendo contra viento y marea una delirante teoría de la conspiración relacionada con los atentados del 11 de marzo de 2004 absolutamente indigna de un medio con ese prestigio, pero que ha recibido apoyo por parte de medios orientados hacia el lado más conservador que han convertido esa conspiración en arma política contra sus enemigos políticos -en España el rival político es siempre enemigo-. El delirio estalla cuando se habla de periodismo de investigación respecto a esas teorías dementes. ¿Puede existir un periodismo independiente en un país como España en el que los medios de comunicación están controlados o bien por reinos de taifas políticos o por poderosos accionistas económicos, y más aún en unos tiempos de crisis económica que ha generado una crisis del mismo modelo de prensa? ¿Se ha planteado la profesión periodística su importantísima responsabilidad en la creación de la Cultura de la Mentira? ¿Puede un país sobrevivir con una prensa que busca bandos y confrontación ciudadana antes que compromiso social? ¿Quién se beneficia con ello? ¿Es consciente ese colectivo del daño irreparable que se hace a generaciones enteras de ciudadanos a los que se está sumergiendo en una absurda batalla de buenos y malos, de "conmigo o contra mi"? Como en tantas cosas, lo más probable es que los responsables últimos de este estado de cosas ni se hayan planteado esas preguntas, pues ellos mismos son víctimas de la Cultura de la Mentira.

Para la historia y las hemerotecas quedan ejemplos como el delirio de las portadas del diario La Razón, un periódico reconvertido en panfleto pro-gubernamental que se ha instalado en su propia parodia. A veces me cuesta distinguir la portada diaria de La Razón de la del mensual satírico Mongolia. El nivel ha llegado a extremos demenciales.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Anuncio publicado en la prensa cubana de La Habana, en 1839. En el mismo anuncio se venden negros esclavos, caballos y sanguijuelas. Fuente: "Memoria del fuego: el siglo del viento", Eduardo Galeano, ed. Siglo XXI de España, 1986.  Está en dominio público.

martes, 8 de octubre de 2013

La Cultura de la Mentira (5 de 9)



Las exigencias que la sociedad actual vierte sobre el ciudadano, aparte de sus obligaciones familiares y personales o para con el Estado (impuestos sobre todo), se multiplican ahora en la Cultura de la Mentira, y añaden tareas sobrevenidas para poder sobrevivir en un ecosistema repleto de información distorsionada, sin que, por otro lado, los gobiernos que le instan a cumplir con sus obligaciones tributarias hagan demasiado para cambiar la situación. Me explicaré.

El ciudadano actual habita en un ambiente que se ha ido volviendo paulatinamente más y más hostil, debe de ser experto en leyes, ejercer de abogado para defender sus derechos ante megacorporaciones cada vez más opacas, tener conocimientos de medicina y bioquímica ante los falsos anuncios de propiedades cuasi curativas de lo que no son más que preparados lácteos fermentados, o ser un experto en informática y telecomunicaciones para poder entender la letra pequeña de los contratos de las empresas que le dan acceso a la llamada sociedad de la información. Pero además ha de poseer una estabilidad psicológica a prueba de bomba y conocimientos de retoque de imagen digital para poder distinguir la falsa imagen con la que los mass media le bombardean a diario y le machacan como objetivo de belleza inalcanzable. La vida es muy complicada en la Cultura de la Mentira, porque cada vez es más difícil poder reconocer la falsedad. Los anunciantes recurren a falsa terminología científica y en ocasiones venden productos sin el menor efecto sobre la salud a sabiendas de que no hacen nada, como es el caso de los citados productos cosméticos o los homeopáticos, un ejemplo perfecto de cómo la mentira es tan poderosa que ahora mismo es imposible bajar de su posición de poder a Boiron y otras multinacionales de la homeopatía que no hacen otra cosa que vender agua y azúcar en grageas sin una sola prueba científica a su favor, en farmacias, el supuesto centro intocable del saber curativo para los ciudadanos, y que de un tiempo a esta parte se ha llenado de pomadas milagrosas y curas imposibles, en otro ejercicio de puro cinismo y de mentira tolerada.

Todo esto también tiene mucho que agradecer a la ignorancia de las clases políticas. Si sobrevivir en la Cultura de la Mentira sin convertirse en un esclavo de la compra o la elección compulsiva requiere una sólida formación cultural, cualquier estadística sobre los políticos en ejercicio muestra graves carencias formativas en generaciones de ellos. Eso convierte al potencial legislador en alguien fácilmente manipulable por lobbies de presión y solícito a la leve y cariñosa admonición del "déjanos a nosotros, que somos los que entendemos" o al letal "dejad al mercado que se autorregule" que tanto daño causa por doquier.

Ejemplos especialmente terribles, por afectar a vidas humanas, son la industria del tabaco, la del alcohol, la del juego y la de la pornografía. Todas ellas son partidarias de la desregulación máxima de sus actividades, y todas ellas son causa potencial acreditada de gravísimos perjuicios a la sociedad. El tabaco, convirtiendo en adictos sin libre albedrío a casi un tercio de la población de España, y por tanto sujetos fácilmente manipulables, amén de con una esperanza de vida limitada a causa del letal consumo que ejercen. Por otro lado, la industria alcoholera, que sigue siendo tratada con una inexplicable mano de seda por los legisladores -la publicidad de alcohol sigue siendo posible, por ejemplo- cuando se sabe perfectamente que es la principal causa de la violencia social, el absentismo laboral y las muertes prematuras -tras el tabaco y el tráfico-. El juego mantiene también una extraña situación de privilegio (recientemente aún más con el advenimiento de las apuestas por internet). En todos los casos, ya sea recurriendo a carísimos bufetes, cabildeando durante el proceso de construcción de la legislación -el archiconocido el caso de la Ley del Vino, que nació muerta por presiones de los fabricantes en 2009, o el reciente caso de la presión a los gobiernos de Madrid y Barcelona para la creación de una isla legislativa para el proyecto Eurovegas son buenos ejemplos de ello, así como la intolerable presión que ha ejercido el poderoso lobbie tabaquero ante Bruselas durante la confección de la nueva Ley de productos del tabaco, a la que me he referido en un post anterior-.

Curiosamente, en todos los casos de estas grandes industrias de la mentira, todas ellas son causa de graves lesiones en la salud personal y social, y son a su vez generadoras de graves adicciones: Tabaquismo, alcoholismo, ludopatía... Sintomáticamente, estas, llamémoslas industrias de la adicción son grandes ejemplos de la Cultura de la Mentira. Obviamente, su publicidad nunca habla de los millones de muertos que causa el tabaco, del delirium tremens, de la familias arruinadas por padres ludópatas o de cómo la adicción a la pornografía es la principal causa del salto al consumo de pornografía infantil en internet. En todos los casos, el modelo publicitario vende una gran mentira de recompensa rápida, estatus social, ganancias rápidas o placer inmediato (El “lo quiero y lo quiero ahora” campa a sus anchas en internet).

En este sentido, la Cultura de la Mentira ha contribuido a convertir a estas industrias que comercian con materiales socialmente peligrosos en intocables grupos de presión. Sólo la industria tabaquera ha tenido que recular un poco en sus presiones a naciones y gobiernos ante la incontestable realidad científica de que su producto acaba con la vida de la mitad de sus consumidores antes de tiempo. Sin embargo, estos cuatro casos son buenos ejemplos: venden lo contrario de lo que anuncian, su desaparición o cuanto menos regulación sólo traería beneficios a la sociedad y sin embargo permanecen intocables por privilegios que sólo pueden ser adjudicados a puro y simple poder, ya sea este económico o político. Un ejemplo: el tráfico causa unos 2.500 muertos al año por accidentes en España, y varias campañas publicitarias de la DGT ayudan a luchar contra ello. El tabaquismo mata a casi 60.000 españoles en el mismo período de tiempo. Pues bien, el Ministerio de Sanidad no ha emprendido ni una sola campaña de anuncios similares a los de la DGT contra el tabaquismo jamás, cuando el tabaco mata a 24 veces más españoles al año que el tráfico.


La imagen está en Wikimedia Commons. Anuncio de Munsingwear, una marca de camisas, en la revista Life Magazine,  con el jugador de béisbol Ed Mathews. Año: 1958. Está en dominio público.

jueves, 3 de octubre de 2013

Matar al Padre (a propósido de "Imitación a la Vida")

He estado comparando las dos versiones de “Imitación a la vida” y leyendo algo sobre ellas. Melodrama sobre el racismo y sus secuelas en el corazón de la gente, las dos versiones son “Imitación a la vida” (“Imitation of life”, John M. Stahl, 1934), e “Imitación a la vida” (“Imitation of life”, Douglas Sirk, 1959).


 Claudette Colbert, Beatrice Pullman en la primera versión, de Stahl

  Louise Beavers, Delilah Johnson en la primera versión, de Stahl

 Lana Turner, Lora Meredith en la versión de Sirk

  Juanita Moore, Annie Johnson en la versión de Sirk

La primera fue protagonizada por Claudette Colbert en blanco y negro y formato académico, la segunda con Lana Turner como primera actriz, en Technicolor de un negativo, y en formato Panavision -por cierto, no es el único caso en el que Sirk rehizo una película de Stahl, pues también hizo el remake de “Sublime Obsesión”, siendo en aquel caso menos fiel al libreto original, lo que, advierto, no quiere decir nada malo de las dos nuevas versiones-.

Son excelentes películas, y es la segunda la que más me ha despertado esa lectura sobre cómo las heridas y los daños que nos hacemos pasan entre generaciones y marcan períodos muy largos de tiempo, condicionando vidas, destinos, decisiones personales íntimas, y futuros enteros de naciones. La versión de Sirk es más melodramática, folletinesca y tiene momentos explosivos, mientras que la primera, sorprendentemente, es más naturalista y sencilla (tal vez por su proximidad a los tiempos de la Gran Depresión). Sirk tiene más subtramas que alargan el metraje (el enamoramiento entre Susie y Steve, la degradación de Sarah Jane en búsqueda y negación de sí misma). Si en la primera versión el Macguffin que lleva a la riqueza a la protagonista son las tortitas elaboradas por su amiga-doncella, en la segunda, nos es presentada como una ambiciosa actriz teatral que lucha para conseguir el lugar que cree merecer en el mundo del espectáculo. Es curioso que una escena que pudiera ser leída de forma muy peculiar hoy en día, se mantenga en las dos versiones, y es el momento de intimidad del masaje en los pies.


  La escena del masaje en los pies se mantiene en las dos versiones

El ejemplo que reflejan estos dos extraordinarios melodramas nos lleva a las heridas, aún sin cerrar, de generaciones de norteamericanos que han visto sus derechos civiles convertidos en papel mojado por el color de su piel, algo que podríamos aplicar perfectamente hoy en día a nuestro propio país, y no sólo a la discriminación racial, sino a la religiosa, o a la causada por la tendencia sexual, incluso la laboral o la económica. La Humanidad parece llevar ese camino entre la animalidad y la civilización en una discordia que sigue y sigue y se antoja eterna.

Estas dos películas son norteamericanas (si bien dirigidas por dos inmigrantes), y se refieren a un problema, el del racismo, el odio al diferente, que sigue marcado a fuego en aquella nación, que sigue causando tragedias, frustrando vidas y lastrando libertades aún hoy en día. Porque los sucesos acaban afectando a todas las generaciones venideras, algo que demasiado a menudo prefiere obviarse, al menos en ciertos sectores interesados en ello. El odio al comunismo, creado por una oligarquía económica en Estados Unidos y que llevó a la Guerra Fría (traicionando los acuerdos de Yalta, por cierto), habita perenne actualmente en los sectores más conservadores de las sociedades occidentales. Los estragos causados por las dos Guerras Mundiales del Siglo XX condicionan actualmente las vidas de miles de millones de ciudadanos. Las simples bombas perdidas en nuestra Guerra Civil siguen matando personas, como las minas antipersona abandonadas en Camboya o Ruanda. 



 
   Las hijas de las dos mujeres en las dos versiones

Y eso me lleva a mi país, y a los tiempos que vivimos, en los que comprobamos a diario que las decisiones que toman quienes están al mando no son las más indicadas, viniendo dictadas desde otras instancias (Europa, FMI, BCE) que parecen estar empeñadas en convertir este viejo continente en un lugar infeliz, explotado y desolado; algo bastante triste en una tierra donde algunas de las libertades de las que disfutamos nacieron. Pero ese es un problema que los europeos habremos de enfrentar tarde o temprano. El problema de España es, creo, que no hemos decidido matar al padre, no hemos aceptado nuestro propio edipo y no nos hemos hecho adultos.

Fredi Washington, Peola Johnson en la versión de Stahl, era afroamericana

Susan Kohner, Sarah Jane en la versión de Sirk, era hija de Lupita Tovar, 
y por tanto de ascendencia mexicana

¿A qué padre me refiero? ¿Qué padre los españoles no han enfrentado aún? Hace unos días un amigo se mostraba asombrado cuando le decía que seguimos viviendo el franquismo. España no pasó por catarsis revolucionaria alguna, una cruenta y absurda guerra civil nos hirió causando un trauma colectivo y para colmo fue ganada por el bando equivocado, lo que nos mantuvo en el Siglo XIX durante la mayor parte del siglo pasado, y la influencia franquista, heredera de las oligarquías de los terratenientes del siglo previo, y de sus represiones judiciales, paramilitares y religiosas ha seguido hasta nuestros días, hiriendo a generaciones de españoles sin tregua. 

El modelo clientelar, los favores entre familias favorecidas por el régimen, las sagas políticas inacabables, el nepotismo institucionalizado, la corrupción eterna, todo ello es herencia directa de los modos previos a la democracia que nos quisimos dar en 1979 con una nueva Constitución. Podría añadir otros asuntos, como la monarquía, el trato de favor que recibe la Iglesia Católica en todos los aspectos, la pervivencia de viejos modos, burocracias abstrusas, medios controlados, represión, leyes decimonónicas, privilegios empresariales y sociales, la ausencia fáctica de una separación de poderes, la completa falta de transparencia, la condición del político profesional como herencia a la condición de privilegio que otorgaba la sangre nobiliaria o la aplicación sistemática, en lo oficial y en lo privado, del viejo y cruel adagio de “Al amigo, todo, al enemigo, ni agua, y al indiferente, la legislación vigente”, o la ausencia completa de una cultura del mérito, que tanto daño han hecho y hacen. Si a esto añadimos una población ágrafa y aletargada, que desea intensamente cumplir aquel viejo consejo del dictador, “hágame caso, no se meta en política”, deformada por una educación castrante, o unos esquemas de funcionamiento en los partidos políticos en los que llegan arriba los más capaces de funcionar dentro del aparato, que no los más capaces, el retrato del franquismo heredado en el momento presente es escalofriante y terriblemente real. Y está por todas partes. España vive viciada respirando los hedores de los gases putrefactos del franquismo.

Creo que España ha de decidirse a matar al padre de una vez, liberarse de las cadenas de estos viejos modos que sólo traen infelicidad y desastre, que nos han llevado a una burbuja extra sobre la que ya sufrimos (las recalificaciones a partir de 1996, así como el supremo poder de la banca y ciertas fortunas son generatrices de la burbuja inmobiliaria, que es única de nuestro país y se sumó a la internacional generada por las Subprimes; a pesar de la catástrofe nada se ha hecho para cambiar el desastroso modelo económico utilizado, y se sigue legislando para que las cosas vuelvan a su cauce cuando todo pase, cuando esto no va a pasar, perdiéndose ocasiones vitales para renovar legislaciones), así como a corralitos disimulados como las Preferentes y otros regalos envenenados a una población espantada, nos muestran, ahora sin que nada los tape, gracias a la crudeza de la crisis, los pésimos cimientos de esta democracia que creímos regalarnos y no fue más que un paso adelante para que los que antes mandaban siguieran mandando. 

No sé de país que haya matado al padre sin sangre, pero creo que puede hacerse. Salir del franquismo en el que estamos sumergidos va a costar dolor, tiempo, y mucha inteligencia, generosidad, capacidad moral de ponerse en el lugar del otro (de los otros), y coraje. La actual casta política, transversalmente toda ella heredera “del padre”, no es la más capaz para afrontar una gesta como la que nos espera, que implicará desde renovar toda la legislación del país hasta cambiar la intocable Constitución, en una tierra en la que, a poco que nos mostramos en desacuerdo, estallan guerras fratricidas (no olvidemos que estamos en el mayor período continuado de paz de toda nuestra historia).

Seguimos viviendo (con la inestimable contribución de los mass media) en dos bandos irreconciliables a los que el bipartidismo contribuye, sin cerrar las heridas ni perdonar los muertos que unos causaron a otros, casi siempre vecinos, caciques, herederos de las viejas castas, oportunistas y malvados que medraron en la dictadura y que en algunos casos siguen dominando las tierras que heredaron. A todos ellos les conviene que todo siga igual, pero se han empezado a topar con una ciudadanía, o al menos una parte de ella, que está formada intelectualmente, que sabe cuales son sus derechos y está dispuesta a luchar por los logros que tanto costaron a los que vinieron detrás. Porque ese sacrificio de generaciones sería de villanos condenarlo a la indigencia, hemos de liberarnos de las viejas formas, e intentar volver a fundar este país.

No sé si lo lograremos, pero todo pasa por el primer sacrificio: matar al padre, cuya agonía ya dura demasiado. Estamos tardando.


Las imágenes que ilustran este artículo pertenecen a las películas (“Imitación a la vida” (“Imitation of life”, John M. Stahl, 1934), e “Imitación a la vida” (“Imitation of life”, Douglas Sirk, 1959). Se incluyen para ilustrar el comentario dentro del derecho de cita con fair use.

jueves, 26 de septiembre de 2013

La Cultura de la Mentira (4 de 9) - La tecnología al servicio de la mentira.





Cuando en el año 1994 se estrenó el largometraje "Forrest Gump", muchos se llevaron las manos a la cabeza. La película contaba la historia de Estados Unidos desde los años 50 a los 90, vista a través de los ojos del personaje que le daba título. Forrest aparecía, gracias a trucajes digitales, inserto en documentales históricos reales, ya fuera visitando a Kennedy o siendo entrevistado junto a John Lennon. El temor que aquellas imágenes turbadoras sugerían era la perfección con que se podía llevar a cabo, con las modernas técnicas de manipulación de la imagen, una reescritura de los documentos filmados de sucesos históricos. Así, si tras un cataclismo sólo sobreviviera el metraje de "Forrest Gump", para unos hipotéticos arqueólogos del futuro la presencia de aquel personaje ficticio llevándose las manos a la entrepierna porque necesita ir al baño ante el presidente Kennedy causaría innumerables debates sobre la importancia del gesto o del personaje, tomado por real.

Los toscos retoques fotográficos soviéticos que eliminaban a personas non gratas de las fotografías oficiales llegaban a ser una posibilidad real de manos de la tecnología. Actualmente hay aplicaciones para Smartphones que nos permiten eliminar personas de fotografías con sólo el movimiento de un dedo. Por tanto, la tecnología como potencial generadora de mentiras está ya entre nosotros. Sin embargo, la mentira a la que más ha contribuido recientemente esa tecnología es la del canon estético imperante en las sociedades occidentales.

El uso de programas de retoque de bajo coste como el Photoshop de Adobe y otros en las redacciones de las revistas de moda y las agencias de publicidad ha llevado a una suerte de transrealidad, a una neoestética de lo irreal como imposible objetivo para las grandes masas de ciudadanos. Pieles perfectas gracias a herramientas de suavizado digital, formas redondas obtenidas mediante el borrado de los pliegues de la piel, maquillaje y peinado digital, cambio de color y brillo de ojos, eliminación de vello facial y muchas otras técnicas llenan a diario los anuncios en prensa, los spots televisivos o las películas de personas que no existen en el mundo real. Desde hace años varias empresas especializadas se dedican a retocar las deficiencias e imperfecciones faciales de actrices y actores en los largometrajes creados por Hollywood, un trabajo que se mantiene en secreto como se mantenían bajo llave los efectos especiales del cine en los años 20 ó 30.

Como resultado, esa metarrealidad de cuerpos perfectos y pieles sin tacha se clava en las almas de millones de personas, y les convierte en desesperados concursantes en un imposible certamen de belleza que no puede ser ganado por personas reales, sino sólo por ilustraciones corregidas digitalmente. Por mentiras. Si bien la prensa que suele publicar este tipo de retoques fotográficos, generalmente especializada en moda o en corazón, se quita responsabilidades al venderse a sí mismos como creadores de productos de entretenimiento, la realidad es que este nuevo fenómeno del canon de belleza inalcanzable arrastra a legiones de seres humanos a la compra de productos cosméticos -casi todos ellos potingues de feriante carentes de la menor utilidad, pero que se venden a precios exorbitantes-, al uso de técnicas de cirugía estética que ponen sus vidas en peligro, o a pasar horas y horas sudando en gimnasios.

Esta gran mentira tiene por tanto muchos intereses detrás, desde las compañías de cosmética a los propios fabricantes de modelos y personalidades del papel couché, y ninguno de ellos parece querer renunciar al gigantesco engaño al que se somete a tantas personas en el mundo a diario.


La imagen está en Wikimedia Commons. Es un juego de Energía Atómica que se vendía en los años 50. El Gilbert Nuclear Physics Atomic Energy Lab. La imagen está bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported y su autor es Webms. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

El Misterio del Rey del Kinema





Ese es el título provisional de mi nuevo largometraje. Tras tres años de trabajo estamos acabando la postproducción.

La historia de esta película empezó en 2010 en Los Ángeles. Mi productora, Margaret Nicoll, me habló de cómo había conocido a Maud Linder, la hija del pionero de cine francés Max Linder, y me contó un poco su azarosa vida. Era tan apasionante que decidimos hacer este documental.

Max Linder fue la primera estrella de cine de todos los tiempos. Era conocido en todo el mundo, y le llamaban "El Rey del Kinema". Cuando murió cayó en el olvido. Su hija Maud ha dedicado 70 años a recuperar su legado. Esta película quiere contar su historia.

Iré posteando poco a poco historias, fotos del rodaje y anécdotas en español aquí y en inglés en el otro blog.


Las imágenes las localizamos durante el proceso de investigación para la película. Pertenecen a una sesión fotográfica realizada durante una visita de Max Linder a Madrid, allá por el año 1914.

viernes, 20 de septiembre de 2013

La Cultura de la Mentira (3 de 9)



En un artículo publicado en el New York Times a finales de 2012, el ejecutivo Greg Smith, dimisionario del banco de inversiones Goldman Sachs describía cómo algunos directivos de su empresa calificaban a sus clientes menos informados de "muppets" (marionetas) que podrían manipular a su antojo. Esa visión perversa y cínica de los demás seres humanos revela que algo fundamental se ha roto en las relaciones entre las personas, y fundamentalmente en las relaciones entre grandes empresas y clientes. La degradación del trato, del producto ofertado, de la calidad rompe la "sagrada regla" de la fidelización. Especialmente las empresas que trabajan en régimen de oligopolio, con productos de primera necesidad, practican de forma sistemática esta degradación de lo servido -que obviamente no va acompañada por un descenso del coste de lo ofertado, sino en ocasiones de todo lo contrario-.

Así, una empresa como la conocida línea aérea de bandera de España ha sufrido tal degradación en la calidad de la atención a sus clientes que hoy en día un pasajero de clase Business en uno de sus vuelos regulares recibe el mismo trato que recibía un pasajero de clase Turista hace unos diez años, por un coste similar y a veces mayor que la tarifa del viaje en aquellos años. Y sólo es un ejemplo. El modelo del crecimiento del beneficio anual, algo tan insostenible como necio (a la larga es un imposible), lleva a las empresas, sobre todo las de gran tamaño, al despido, el ERE, la degradación del servicio por falta de personal para minimizar los costos -especialmente en años de crisis como éstos, en los que el aumento de beneficio sólo se puede rascar bajando los gastos generales- en un proceso de autodestrucción parecido al cáncer, en el que unas "células cancerosas" se dedican a destruir el tejido sano para sobrevivir. Esto indefectiblemente lleva a la destrucción del cuerpo sano, hasta llegar a un momento en el que el proceso es ya imparable.

¿Significa esto que grandes corporaciones como la citada pueden acabar autodestruyéndose? No es descabellado. Al irse destruyendo a sí mismas, estas otrora grandes empresas -paradójicamente en el caso español se trata de ex-empresas públicas que crecieron durante décadas como estandartes del país y que fueron inexplicablemente (desde la óptica ciudadana) privatizadas- van perdiendo el tejido humano que las mantiene, degradando la calidad del empleo y finalmente del servicio, hasta que son tan débiles que el menor volteo bursátil o de mercado las convierte en presas fáciles.

En cierta medida, el canto del cisne de la gran empresa aérea española de bandera comenzó cuando, en mitad de su autodesmantelamiento, fue comprada en condiciones de debilidad por la línea aérea de bandera de otro país, que actualmente es la que toma las decisiones del grupo, y ha seguido el proceso de destrucción. Porque este es un fenómeno transnacional, y la destrucción, si bien lenta y perversa, es ya notoria, e incuestionable. La antigua línea aérea pública española está en pérdidas y ha tenido que recurrir a la desesperada a degradarse aún más entrando en un falso mercado del low-cost, vendiendo caro, pero usando tripulaciones baratas y aviones viejos. Otra empresa del holding dedicada a los vuelos baratos, Vueling, acabará, tras una agresiva compra por parte del grupo de nuevos aviones, siendo mayor que Iberia.

Todo este proceso suicida implica un enorme sufrimiento. Sufrimiento para los clientes que ven degradado el servicio a extremos inimaginables a precios que aumentan de año en año. A los empleados de las empresas en cuestión que se ven arrojados a la calle en EREs masivos, o subempleados en condiciones de cuasi esclavitud, lo que realimenta el círculo vicioso: personal más barato es personal menos preparado que degrada aún más la calidad del servicio. Y sufrimiento finalmente para todo el tejido social, porque se extiende por la nación un halo de inseguridad, de paranoia colectiva, de desánimo. Las depresiones, los suicidios, la violencia, van en aumento. El ciudadano no sabe lo que le pasa. Intuye que algo no funciona a su alrededor, pero la confianza en el otro, que de forma natural le pide la vida en sociedad, le susurra al oído que la culpa no es de la empresa que le oferta el servicio. A lo mejor la culpa es suya por pedir demasiado en tiempos difíciles. Y así, una ola de infelicidad se extiende por ciudades, países, almas, como un moho social que contagia a todas las capas sociales en una especie de estado depresivo colectivo. El sufrimiento añadido a la sociedad contiene además el absurdo origen de esta paradoja: no beneficia a nadie, excepto a un grupo de directivos de élite que verán sus sueldos agrandados al tamaño de los presupuesto anuales de ayuntamientos enteros, pero eso es todo ¿Tiene sentido?

¿Tiene el sufrimiento de tanta gente que existir para el enriquecimiento desmedido de un grupo de personas que dirigen un puñado de grandes corporaciones? ¿Es que eso es todo? Pues al final sí, eso es todo. La gran empresa puede entrar en un proceso concursal -experiencia al respecto no falta en España recientemente, con varias constructoras, cajas de ahorros, bancos o líneas aéreas que han sufrido esos procesos de destrucción irreversible- y sus directivos salir discretamente del barco que se hunde con unas obscenas indemnizaciones. Porque al final se trata de eso: de codicia desmedida, y de una sensación de impunidad que rodea al alto ejecutivo, que puede causar una catástrofe ecológica mundial o llevar a la muerte a tribus olvidadas en el Amazonas a cambio de unas stock options o de una indemnización proporcional, y mandarte a juicio, y ganarlo, si le llamas malnacido desde un foro público.

Así, en España, y en nuestro entorno, asistimos a estos sucesos cotidianamente ya, empresas enormes, aparentemente insumergibles hasta hace unos pocos años, superan su "horizonte de los sucesos" en el que el proceso de autodestrucción y autoliquidación en que están inmersas se vuelve irreversible, y desaparecen. Lo peor de todo es que tras ellas no hay ninguna empresa nueva que las sustituya ni que se haga cargo de los clientes dejados en la cuneta. Generalmente está el vacío, porque, como indico previamente, hablamos de oligopolios y monopolios, empresas cuya autodegradación en pos del aumento del beneficio contable es peligrosa para la estabilidad de un país, pero que los gobernantes elegidos democráticamente consienten, en una extraña visión del "laissez faire" que parece impregnar de ideología, que no de capacidad de gobierno, a generaciones enteras de políticos europeos y españoles.

Y por supuesto, la publicidad sigue mostrando una Arcadia feliz en la que todos obtienen lo que quieren, y en la que nada de lo que pasa, pasa en realidad. Los anuncios de ahora son simétricos a los de hace 10, 20 o 30 años. La gran mentira sigue funcionando día a día, contribuyendo a la desinformación y la ignorancia de lo que en realidad ocurre.


La imagen está en Wikimedia Commons. Vasco Santana, uno de los más famous actores portugueses de su tiempo, anuncia una marca de café. Anuncio de una revista, circa 1930. Está en dominio público.

lunes, 16 de septiembre de 2013

La Cultura de la Mentira (2 de 9)



Estamos rodeados de mentiras. La publicidad nos bombardea con ellas a diario, desde vallas, prensa, televisión o internet. Las revistas de moda ofrecen un modelo humano falso, creado usando softwares de retoque fotográfico, y todos, de alguna manera, participamos de este gran carnaval. Mentir es un derecho en los tribunales si es en la propia defensa del imputado ¿por qué no habría de serlo para vender un producto? El problema es cuando ya no caben más mentiras, cuando una sociedad nada en ellas hasta ahogarse. Y ese es el riesgo que corremos.

La mentira publicitaria exige un músculo intelectual extra a los ciudadanos que, sentados ante el televisor o ante un banner de internet, se encuentran a diario con ofertas coloristas y un lenguaje estudiado hasta la extenuación y destinado a ofrecerles servicios que no son tales, productos que no son tan buenos como parece, bebidas alcohólicas que pueden convertir una vida en un infierno, ofertas de juego que pueden arruinar a una famila, promesas bancarias con letra pequeña, energía a precio de oro o telecomunicaciones a precios insoportables. Finalmente el ciudadano se topa, en la realidad de la vida diaria, con que esas empresas que le han vendido el paraíso a base de mentiras se ocultan tras subcontratas de servicios de atención al cliente que realmente son barreras de detención para la frustración que resulta del contraste entre la mentira y la verdad, entre lo ofertado y lo comprado, entre la publicidad y lo publicitado.

Así, aumentan las depresiones en las sociedades occidentales, las demencias, los suicidios, o los casos de violencia. El ciudadano sin recursos intelectuales para defenderse del bombardeo de mentiras sólo puede vivir la frustración de los deseos nunca compensados, ante su incapacidad de comprender que la sociedad en la que vive está basada en la mentira, que al otro lado le están engañando, que a nadie importa su vida ni su destino, sino su dinero. El ciudadano honesto que ha confiado toda su vida en "su caja de ahorros", ve su confianza hecha añicos por una nueva forma de actuar, despiadada y amoral, y que ocurre en la misma oficina que lleva visitando toda su vida, y que es llevada a cabo por su director de sucursal de siempre. Y acaba preguntándose, desesperado: "¿Qué ha cambiado?"

Porque en realidad todo ha cambiado. El metalenguaje publicitario, diseñado gracias a los más modernos conocimientos de la psicología, la experimentación conductual o el behaviorismo, convierte cada anuncio, cada spot, cada página de publicidad en un periódico o revista, en un concentrado de manipulación, de tentación y de perverso uso de los mecanismos inconscientes de la mente de las personas en aras del consumo, la venta a toda costa y el beneficio desesperado. 

El cliente se convierte en la víctima del trilero, y su dinero en el único objetivo. El conocimiento científico que el ser humano ha adquirido de sí mismo, y que le informa sobre su percepción del mundo, sobre su personalidad, sobre sus patologías psicológicas, sus debilidades y sus fortalezas, es usado sin el menor pudor para venderle un refresco o unas patatas fritas fabricadas a un mínimo coste en plantas robotizadas, con un gasto máximo de publicidad y marketing. Al final, el ciudadano descubre el engaño, comprendiendo que en realidad está consumiendo basura carísima, y esto le frustra, le convierte en alguien amargado y resabiado. 



La ilustración está en Wikimedia Commons. A December 1951 advertisement for the IBM 604 Electronic Calculating Punch that was first produced in 1948. The machine could be programmed to do addition, subtraction, multiplication and division. The input and output were done with punch cards. The advertisement claims the IBM 604 can do the work of 150 engineers with slide rules. Fortune magazine, volume 44 number 6, December 1951, page 55. This advertisement was created by Cecile & Presbrey; the agency began working with Computing-Tabulating-Recording Co. (which in 1924 became IBM Corp.) in 1914. Está en dominio público. 

A peculiar galaxy near M104

Publicado en Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica, Vol. 59, número 2. P.327. Este es el link.