sábado, 17 de junio de 2017

Entrevista en La Abadía de Berzano


Cuando estuve de jurado en el FANT 2017, José Luis Salvador Estébenez me hizo esta entrevista para su estupendo blog La Abadía de Berzano. Espero que os guste. Las fotos son de Juan Mari Ripalda.

lunes, 12 de junio de 2017

La administración electrónica. Un problema añadido.


Mira que lo he hablado, una, otra, otraotra, y otra vez. Pero las cosas van a peor. He escrito esta pequeña carta que voy a enviar al Congreso, o al Senado, o a los dos, expresando lo que creo es un total despropósito: el florecimiento, arrasando con todo, de la pomposamente llamada "administración electrónica" española. Una forma más de cercenar derechos y complicar la vida a las gentes.

Las relaciones entre administraciones y administrados siempre han sido una asignatura pendiente en este país. La herencia de los tiempos pasados pervive, y el ciudadano que acude a pedir por sus derechos a las Administraciones no puede evitar sentirse una molestia que interrumpe el trabajo. De hecho, gran parte de las solicitudes de presaciones al Estado (Vbgr.: el paro) están formadas por rituales burocráticos innecesariamente complejos que pareciera que sólo buscan la humillación del ciudadano que se ve obligado a recurrir a ellos, como una especie de “medida disuaroria” previa.

A esto se añade ahora un nuevo elemento, la administración electrónica, esa especie de “milagro” que ha venido a hacer todo más fácil para todos. Pero no es así en absoluto.

Creo que se están vulnerando derechos fundamentales de modo alarmante respecto al uso de la administración electrónica en España, y sobre todo por su imposición al ciudadano, cerrándose las vías tradicionales de comunicación con la administración.

Me cuentan funcionarios de diversas instituciones (bibliotecas públicas, oficinas del paro, Agencia Tributaria) que les llegan muchos ciudadanos desesperados porque se encuentran repentinamente con que la administración sólo admite sus trámites por vía telemática, requiriendo ayuda, asesoría y formación a los funcionarios para que les rellenen los impresos vía web o les guíen por los entresijos de los complejos interfaces de usuario. En la mayoría de los casos no hay funcionarios preparados para ello, y son hasta los bedeles, o empleados públicos fuera de su horario de trabajo, los que han de asistir a esos ciudadanos.

Esto se está multiplicando, desde la aplicación Renta Web de este año, a la obligación de tramitar exclusivamente vía factura electrónica con la administración, que se impone desde 2017 a cualquier Pyme, pasando por centenares de trámites y notificaciones que han de realizarse ya sólo vía online.

Por todo ello quisiera mostrar estas apreciaciones:

1- La Administración Electrónica no puede ni debe ser impuesta a la ciudadanía mientras los requisitos que implica su uso sean onerosos para el ciudadano, pues está interfiriendo en la comunicación directa entre administración y administrados, lo que es un derecho fundamental. Esto es: en estos momentos para poder usar la Administración electrónica se requiere conexión a internet (no es gratuita ni un derecho básico ciudadano aún, estando administrada por un puñado de grandes empresas en forma de oligopolio), poseer un ordenador con unas características determinadas (no todo ciudadano se lo puede permitir), instalar unos determinados navegadores y unas determinadas aplicaciones (requieren formación en informática muy por encima del "nivel de usuario"), y hacer uso de identificadores que son de pago (una firma electrónica en este momento cuesta 28 Euros en la FNMT).

2- No toda la ciudadanía tiene acceso a los medios antes citados ni mucho menos, y esto se constituye en barrera para su derecho de interactuar con la administración en todo momento. La “formación digital” no llega a todos, ni tiene por qué llegar.

3- Los interfaces digitales de las diversas administraciones (locales, autonómicas y nacionales) son todos diferentes, están en su mayoría hechos con nulo criterio ergonómico, por personal no capacitado para ello, sin unicidad de criterios ni unidad de formatos. Actualmente manejarse por la administración electrónica en España es abstruso, complejo y francamente frustrante. Ejemplo de ello, la aplicación Facturae, generada para crear facturas electrónicas y de uso obligado para las Pymes: es incomprensible, innecesariamente compleja, parece desarrollada hace más de 20 años y que nunca haya pasado una fase de betatesting. Ítem más: procedimientos de registro electrónico que permanecen caídos durante días sin explicaciones a los usuarios por "problemas técnicos", lo que lleva a enormes cuellos de botella en aplicaciones críticas como aquellas que atienden las firmas electrónicas, pueden causar que los documentos remitidos no lleguen nunca a la administración y que el ciudadano no lo sepa.

4- Los registros electrónicos están sujetos a fallo, nadie garantiza que las comunicaciones se produzcan de manera fehaciente, y son, por supuesto, hackeables. Su aparente seguridad es una quimera, y es cuestión de tiempo de que ocurra un robo masivo de datos catastrófico, ya que el nivel de seguridad es nulo y en muchos casos amateur. El hecho de que una administración genere un recibo digital en estos momentos no aporta seguridad alguna de que la transacción se haya realizado.

Con estos cuatro puntos en mente, quisiera plantear estas iniciativas:

a) El registro convencional y la comunicación por vía postal han de ser un derecho fundamental del ciudadano que la administración ha de respetar siempre y sin excepciones, al menos mientras el punto 1 antedicho siga presentando agravios para sectores de la población: acceso a internet no gratuito en manos de un oligopolio privado, obligación de tener hardware y software y conocimientos técnicos de informática, trámites de pago para la simple identificación, amén de riesgos de seguridad y disparidad de interfaces. Estamos condenando a miles de personas a la cegera administrativa por un capricho procedimental.

b) La administración carecerá de prerrogativa alguna para imponer el trámite electrónico sobre el tradicional, y los dos habrán de convivir en todo momento, en aras del servicio al ciudadano. Hablamos de un derecho básico: el de una vía de comunicación bidireccional entre los ciudadanos y las administraciones, que ha de ser habilitado por todas las formas que sea posible y sin obstáculos ni barreras de ningún tipo.

c) Se habilitará un observatorio de la administración electrónica que velará por la homogeneización de los interfaces de usuario de las diversas administraciones, cuyas resoluciones serán de obligado cumplimiento, desde el que se habilitará un estándar de características y de ergonomía para todos los niveles administrativos, y que vigilará su cumplimiento de forma sistemática.

Se están vulnerando gravemente los derechos de miles de españoles en estos momentos por la imposición unilateral de la administración electrónica desde los diferentes estamentos estatales, y ocurre a diario. Ruego que se reconsidere esta política urgentemente. La administración trabaja para el ciudadano, y no al revés. El resultado que en realidad parece buscarse es disminuir el número de funcionarios públicos y que la ciudadanía haga su trabajo
gratis et amore. Y eso no es lo que debe de perseguir un servicio público.


La foto la hice el 23 de octubre de 2015, en la T4 de Barajas. No tiene nada que ver, pero queda bonita ¿No? El avión de la foto es de Iberia Express ¿Sabéis para qué crearon esa compañía? Aquí os lo explico si tenéis cinco minutos.

lunes, 22 de mayo de 2017

Firmas en la Feria del Libro de Madrid 2017



Este es el cartel que ha hecho la diseñadora grancanaria Ena Cardenal de la Nuez para la 76ª Feria del Libro de Madrid. A los madrileños se les llama "gatos", y de ahí el motivo de la ilustración.

Estaré firmando en la Feria los días 6, 7 y 9 de junio, de 18:00 a 19:00 horas, en la caseta de Dolmen Editorial, que me han publicado Idyll, y Luz, cámara bits. Es la número 178.

Así que allí nos veremos si os apetece, y os firmo lo que queráis, mientras sean libros, claro :-D

















martes, 16 de mayo de 2017

El mundo era un serial



Mi abuela se llamaba Delfina. Yo la llamaba de niño “Mamá Fina”. Era una mujer-río, a cargo de una familia numerosa. Un día, cuando enviudó joven, decidió enfundarse en el luto y así permaneció hasta su muerte, durante 30 años más.

Debieron de vivir mi abuelo y mi abuela un amor muy grande; él la adoraba, y cada día le traía un regalo, fuera lo que fuera, y dentro de lo que podían permitirse, que mucho no era.

Antes de que mi abuelo se fuera, tenían una activa vida social en Las Palmas, la ciudad en la que vivían por aquellos días. Y una de las cosas que me cuenta mi madre que le gustaba hacer a mi abuela, tras la puesta de sol, era irse al cine con mi abuelo de la mano, dejando a los niños al cuidado de ella, Isabel, la hija mayor. Solían ir al Cine Goya, que estaba en la calle Manuel González Martín, del popular barrio de las Alcaravaneras, mejor conocida entonces por los vecinos como “La Calle del Cine”. 

En aquellos años mi abuela era fanática de actores que empezaban a hacer cine sonoro, estrellas canoras como John Boles (de quien ya he hablado en este mismo blog) o John Gilbert, famoso por ser amante de Greta Garbo. 

Por las tardes en el Cine Goya solían proyectar seriales, a los que llevaban a sus hijos. Los seriales estaban de moda entonces; eran productos de bajo presupuesto, pero encantaban al público. Todos eran de origen norteamericano, de estudios pobretones, como Republic o Universal. Y en aquella oscura españa en la que tenías que ponerte de pie y cantar el Cara al Sol antes de cada sesión de cine, bajo la severa miraba de vigilantes que te delataban a la primera de cambio, compensaba la humillación para luego darte una panzada de entretenimiento y diversión. Qué poco tiempo hace de cosas tan oscuras, y qué mala memoria tenemos entre los de mi generación.

Pero estoy divagando.

Uno de aquellos seriales era el de Flash Gordon, una adaptación del comic homónimo de Alex Raymond, que tuvo tres producciones, todas de la Universal, una en 1936, otra en 1938 y una última en 1939. Aquel serial que ahora levanta cejas en los espectadores y dibuja una simultánea sonrisa de conmiseración en sus caras, fue fruto del trabajo de un puñado de artesanos al otro lado del mundo, que, en unas condiciones extremas (sueldos raquíticos, presupuestos irrisorios, nula colaboración de otros departamentos del estudio, plazos de entrega imposibles) hicieron unas respetables obras de entretenimiento. 

Para que os hagáis una idea, aunque sea un detalle un poco técnico, los equipos del departamento de seriales de la Universal debían de entregar una media de 80 setups al día (un setup es en la jerga USA del cine un plano nuevo que implica mover la cámara de sitio, desplazar las luces y los focos, colocar a los actores, maquillarlos y caracterizarlos, etc.). En estos tiempos comodones en los que vivimos, cuando haces un cortometraje entre amigos a destajo, hacer 40 setups diarios es todo un logro y puede suponer 17 horas de trabajo continuo. Pero no acababa aquí la cosa. Si un actor durante una toma se olvidaba de una línea de diálogo o se equivocaba, no había una segunda toma para corregir, sino que se rodaba un plano más cercano en el que se le hacía repetir sólo la línea errada u olvidada, o se doblaba directamente, a pelo, con otra voz, despreocupadamente. El metro de celuloide era carísimo y había que ahorrar a toda costa. 

La labor cotidiana era tan dura, que la unidad de seriales de la Universal era la única de todo el estudio que permitía beber alcohol a sus empleados durante el trabajo, encargándose la misma empresa de servir un cóctel especialmente fuerte entre ellos varias veces al día. Sí, trabajaban prácticamente borrachos. Eran otros tiempos, y así soportaban unas condiciones laborales inhumanas. 

Lo sorprendente del maltrato general que Universal daba a sus seriales era que por otro lado suponían su principal fuente de ingresos. Eran increíblemente rentables y populares. Pero paradójicamente, nunca recibieron el menor apoyo. Así, se producían con una filosofía del reciclaje a toda costa muy acentuada. Por poner un ejemplo, gran parte de la música usada en ellos provenía de las bandas sonoras de películas previas, o los decorados también se reutilizaban de producciones anteriores del estudio. El acceso a la unidad de efectos especiales de la empresa, que coordinaba el legendario John P. Fulton, estaba también cerrado a los seriales, por lo que para Flash Gordon tuvieron que crear su propio departamento de efectos y miniaturas. Hablamos de una producción de ciencia ficción que ocurría en otro planeta, así que había que inventarlo todo, desde el vestuario a las armas, con un presupuesto raquítico.




Los tres seriales, Flash Gordon, Flash Gordon's trip to Mars y Flash Gordon Conquers the Universe (más un tercero, pero éste adaptando otro comic, Buck Rogers) fueron protagonizados por un nadador olímpico, Larry “Buster” Crabbe, que en principio se mostró bastante escéptico con aquel lamentable trabajo que le habían asignado en el Estudio (y poco más podía hacer; en aquellos años un actor era un obrero más, que salía en las fotos de la prensa, pero un obrero asalariado a fin de cuentas), pues tenía más ambiciones artísticas que protagonizar aquellas peliculitas de bajísimo presupuesto. Hoy en día sólo se le recuerda por haber sido Flash Gordon, así que al final aquello resultó ser lo mejor para su carrera, supongo.

Larry "Buster" Crabbe

Entre 1936 y 1939, los años finales de los seriales, pasaron muchas cosas en la Universal, que atravesaba momentos terribles (tenían que parar la actividad durante varios días a la semana para poder pagar los sueldos a sus trabajadores los sábados), a causa de la recesión causada por el crack bursátil del 29. Finalmente, Carl Laemmle, el fundador y patriarca del negocio, tuvo que vender la empresa, y como consecuencia de ello, toda su familia fue expulsada inmediatamente de la gestión del estudio. 

Los Laemmle, padre e hijo

Su hijo había propiciado, como comenté en un artículo anterior, el nacimiento de la legendaria serie de películas de monstruos del Estudio, con Dracula inicialmente, y luego Frankenstein (en la que, por cierto, intervenía el mismísimo John Boles, en un papel secundario extrañamente impropio dada su condición de superestrella). 

¿Y a qué todo esto? Pues para dar un salto a la saga de Star Wars y a las muchas cosas que debe a los seriales de los años 30.


A estas alturas la mayoría sabréis que estas letras en fuga que inician cada película de la serie no las inventó George Lucas para La Guerra de las Galaxias, sino que son un “homenaje” del realizador californiano a estas otras, inventadas originalmente para el serial de Buck Rogers de 1938, y luego para Flash Gordon Conquers the Universe, de cuyo Capítulo 11 proviene este fotograma.


Lo mismo ocurre con el concepto de “capítulos” en que se ha dividido la saga intergaláctica. En realidad si algo es Star Wars, es Flash Gordon con tecnología contemporánea. Y en el poster de abajo, apenas difundido, al menos tenían la honestidad de reconocerlo:


George Lucas fue un ávido consumidor de seriales durante su infancia en la pequeña ciudad californiana de Modesto, allá por los años 50, cuando se emitían sindicados en las cadenas locales de TV. Le marcaron tanto, que su homenaje a ellos se convirtió en una película que, para bien o para mal, cambió en 1977 las reglas del juego de la industria del cine. 

En los tiempos dorados de los seriales, no habrían tardado 40 años en crear una saga de 9 películas, sino apenas unas semanitas...


Uso las imágenes acogiéndome al derecho de cita. El poster de Star Wars, aunque no viene firmado, creo que lo pintó Howard Chaykin, quien, por cierto, ilustró los primeros números de la versión inicial en cómic de la película, editados por Marvel. En esa versión, basada en el guión de rodaje, hay escenas que, aunque se rodaron, desaparecieron posteriormente en el montaje que se estrenó en salas, como la conversación que Luke Skywalker tiene con su amigo, el piloto rebelde Biggs Darklighter.

domingo, 7 de mayo de 2017

FANT 23


Del 5 al 12 de mayo estaré participando como Jurado en FANT, el Festival de Cine Fantástico de Bilbao, que ya va por su 23 edición. Comparto tarea con Melina Matthews y Miguel Ángel Vivas. Así que allí nos veremos. 

Lo tenemos difícil. La Sección Oficial está llena de películas realmente interesantes. 

viernes, 28 de abril de 2017

Fantástico insólito español


Entre el 4 y el 10 de mayo celebraremos en la Sala Berlanga el ciclo "Fantástico insólito español", organizado por la Fundación SGAE. 

Si os apetece ver un buen puñado de rarezas y de clásicos de nuestro cine fantástico más que reivindicables, allí os esperamos. La entrada son sólo 3 Euros.

Contaremos con presentadores de lujo como Fernando Marías, Antonio Trashorras o Juan Tébar. Podéis ver la programación y los horarios aquí. Este es el texto que sirve de introducción al ciclo:

Para aproximarse a una narrativa del cine fantástico español hay que mirar en las esquinas umbrías y polvorientas, rebuscar en los desvanes y en los anaqueles de las filmotecas que huelen a “efecto vinagre”. 

El fantástico en otros países nació con el cine, pero en el nuestro empezó con pasos lentos, inciertos, tardíos, y casi disimulando ser otra cosa. Ésta es una propuesta, una mirada, hacia cómo nació un género que todavía se mira con desconfianza, de reojo, como se observa un territorio desconocido. 

Desde la seminal Torre de los Siete Jorobados de Edgar Neville a Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo, pasando por una obra maestra indiscutible, Tras el cristal, de Agustí Villaronga, o una fiera rareza como Atolladero, iremos de visita por El grano de mostaza, un objeto inclasificable pero extrañamente interesante, o por La hora incógnita, el primer título postapocalíptico, o más bien preapocalíptico, de nuestro cine, sin olvidar El segundo nombre, un sutil noir terrorífico lleno de sugerencias y claroscuros. 

Un camino el del fantástico español que está lleno de meandros, y en el que en esta ocasión nos fijamos en títulos heterodoxos, producciones atípicas, y en ocasiones rarezas injustamente relegadas.

lunes, 24 de abril de 2017

LOS CÓDICES DEL APOCALIPSIS (4) - El meteorito de agosto




Oficialmente, el mes de agosto es tiempo de estrellas fugaces. El camino orbital de la Tierra atraviesa durante esas fechas varias nubes de restos cometarios, y las pequeñas partículas que los integran son atraídas por nuestro planeta, entrando en la atmósfera, y formando las llamativas "lluvias de estrellas". Bien, eso es lo sabido. Es la versión oficial.

El día 26 de agosto de 2013, un extraño fenómeno convirtió la noche en día en mitad del Atlántico cercano a las islas Canarias. Apenas duró unos minutos, se pudo ver desde las islas más occidentales y, especialmente, desde los ocho aviones que en ese momento recorrían aquel espacio aéreo. Los comandantes de los dos vuelos que estaban más cerca lo describieron así: una luz tan intensa como la del sol del mediodía que duró apenas unos segundos.

La causa había sido una enorme bola de fuego de tono verde que surcó el cielo durante unos instantes para explotar finalmente en mil pedazos sobre el Atlántico.

Las teorías para explicar el fenómeno se extendieron en los años posteriores por las redes sociales. Y las versiones oficiales no han tardado en llegar. Incluyendo una, muy sospechosa, de la mismísima NASA. Otras se inclinan por los OVNIS, y no van desencaminadas. ¿Qué fue aquello? ¿Un meteorito? ¿Un Objeto Volador No Identificado?

La verdad está entre esas dos preguntas. En este blog he hablado de vez en cuando de unos objetos que fueron descubiertos hace 80 años y que permanecen en órbita alrededor de la Tierra. Uno de ellos ha desaparecido, y el otro, que estaba en una órbita más cerrada, aparentemente podría ser el objeto que fue capturado por la fricción atmosférica y que, al explotar en la troposfera, causó el potente fenómeno luminoso visto en 2013 entre Canarias y África. 

De esos dos objetos, uno al parecer fue traído a la tierra en una misión espacial ultrasecreta. Nadie sabe lo que son, ni por qué hay tanto interés en ellos, ni mucho menos dónde está ahora mismo el objeto capturado. Uno de los más famosos expertos en asuntos de OVNIS de canarias, Paco Padrón, sostenía una teoría que comparto sobre esos objetos y que he confirmado, aunque poco más puedo decir por ahora al respecto. 

Las claves de estos sucesos inexplicables, y que algunos, a lo que se ve, quieren que permanezcan así, sin explicar, están en mi novela, "Los Códices del Apocalipsis". Estamos preparando una reedición en Amazon totalmente revisada y con un montón de sorpresas, en ebook (también para Kindle) y en papel (en impresión bajo demanda).

Si os apetece, todavía tenéis disponible la edición en papel de Tyrannosaurus Books a punto de agotarse en AmazonCasa del Libro o El Corte Inglés. Si queréis examinar la bonita edición original, podéis echar un vistazo en este Flickr de Edición Coleccionista.