viernes, 31 de octubre de 2014

Sueños de Metal (18) – Robot – El Paradigma de David

Ya publiqué en su día este artículo con algunas modificaciones en este Blog, pero en aras de mantener la estructura de la obra "Sueños de Metal" lo añado aquí en su forma original.



AI: Artificial Intelligence (AI: Inteligencia Artificial, Steven Sielberg, 2001), basado en el cuento de Brian Aldiss Los Superjuguetes duran todo el Verano, es una de las más interesantes visiones que, alrededor de la robótica, ha dado el cine de ciencia ficción. El proyecto, originalmente concebido por Stanley Kubrick, que lo abandonó para realizar Eyes Wide Shut (Eyes Wide Shut, Stanley Kubrick, 1999), y que no pudo retomar por su inesperada muerte el realizador norteamericano, es recordado por Aldiss en el prólogo a la edición del cuento original. Kubrick fue una fuente de suplicios para el afamado escritor de ciencia-ficción, rechazando sus sucesivos tratamientos y mostrando una enorme inseguridad para con el material que estaba manejando. Kubrick parecía obsesionado con hacer de nuevo la mayor película de ciencia-ficción de todos los tiempos, tras 2001, y llegó incluso a contactar con grandes fabricantes japoneses de robótica industrial para que manufacturaran un robot real que interpretaría al niño protagonista. De paso, además de por la película, Kubrick pretendía que su obra, como el Proyecto Apolo que puso al Hombre en la Luna, generara nueva tecnología, y fuera el propiciador del primer robot parlante de la historia. Finalmente, cuando Kubrick dejó el proyecto, Aldiss quedó sumido en material inútil y rechazado: versiones y versiones del argumento de la futura película. Cuando Spielberg retomó el proyecto tras un acuerdo amistoso con Kubrick, Aldiss recuperó la ilusión en el trabajo. Y finalmente la pelicula fue una realidad.

El resultado es una obra mayor de una melancolía y desesperanza raras veces vista en el cine de Spielberg. Más allá de la impronta de Kubrick, que pretendía, confesamente, orientar su narración hacia una actualización de la fábula de Pinocho, y quien en los arduos años de preparación del proyecto pretendió decir la última palabra en cine de género (el título mismo A.I. obedece a la obsesión de Kubrick con hacer un film taquillero que atrajera a los jóvenes, y pretendía recliclar las siglas de E.T., el mayor éxito de la carrera de Spielberg; Kubrick, que reorientó la escritura hacia la space opera cuando le pareció conveniente, o hacia el melodrama en otro momento, generó miles de hojas de notas e ideas que Spielberg recuperó y crecopiló). AI, además de una obra de sumo interés, es un trabajo cariñoso de un director que hereda un proyecto de un maestro desaparecido, y que pretende, en mi opinión con éxito, no traicionar al original, pero darle así y todo su propia impronta creativa. Así, AI, nacido de la frialdad intelectual Kubrickiana, adquiere corazón, como le ocurriera al ser artificial de El Mago de Oz, el Hombre de Hojalata, en manos del autor de Schindler's List. No en vano, la película termina con una cariñosa dedicatoria a Stanley Kubrick.

Los Superjuguetes duran todo el Verano es un cuento muy corto, de apenas seis páginas, que aboceta las ideas que AI lleva a sus últimas consecuencias. Una familia tiene un hijo robot (tener hijos vivos implica un complejo proceso burocrático) a quien acompaña un autómata en forma de oso de peluche. Ambos son "superjuguetes". David, el niño, siente amor por su madre, que es la esposa del investigador en robótica que lo ha creado. Cuando el matrimonio recibe el permiso oficial para tener un hijo biológico, el pequeño autómata, que sólo quiere el cariño de una madre, será abandonado como lo que es: un superjuguete inútil, un electrodoméstico más. Esta corta historia tiene el gérmen del complejo guión del film, que difiere considerablemente del relato original. En el futuro cercano que relata el guión final de la película, una gran empresa dedicada a la fabricación de robots decide crear autómatas capaces de amar a las personas. David es el prototipo de esa nueva generación de robots, y es entregado a una familia traumatizada por tener a su único hijo en coma. El regreso al mundo de los vivos del hijo y su enfrentamiento con David, del que el pequeño robot resultará abandonado por sus padres adoptivos, llevará a David a iniciar un camino iniciático (en traslación clara del Camino del Héroe) que le llevará a encontrarse con su creador: el científico que le dio la vida y le esclavizó a su necesidad de ser amado, programada en su psique artificial. 

David, que sólo desea convertirse en un niño de verdad, busca una solución mágica e inexistente a su problema, y su dúsqueda desesperada le llevará a una soledad tan terrible que se hace difícilmente soportable para el espectador, para luego, en una pirueta de guión, llevarle a una dudosa felicidad como único representante de una raza extinta. El final de AI, que a primera vista pudiera parecer una concesión al happy end tras una propuesta de final francamente desoladora, lleva a la mayor de las tristezas, al dar a David lo que siempre ha buscado; el milagro del Hada Azul hace convertirse en carne y hueso a Pinocho, pero en un lugar y en un tiempo en el que ya nadie estará ahí para hacerle compañía.

Spielberg era el director perfecto para esta historia, no sólo por su cercanía y cariño hacia el mundo infantil, sino por su especial sensibilidad para tratar los sentimientos. Como nota curiosa, añadiré que en Close Encounters of the Third Kind (Encuentros en la Tercera Fase, Steven Spielberg, 1977) cuarto largometraje del director, el protagonista, Roy Neary (Richard Dreyfuss) intenta, sin éxito, llevar a sus ruidosos hijos a ver Pinocho en un cine cercano; parte de la banda sonora de aquella película, a cargo del magistral John Williams -que ha acompañado a Spielberg en todos sus largometrajes desde Jaws (Tiburón, Steven Spielberg, 1975)-, incluía unos compases de When you Wish upon a Star (Si Buscas una Estrella), una canción compuesta en los años cuarenta por Ned Washington y Leigh Harline, para, cómo no, la banda sonora del Pinocho de Walt Disney, y que cantaba en la película Pepito Grillo. Curiosa la proximidad de Spielberg, en lo sentimental al menos, al inmortal cuento de Collodi. Al mismo tiempo, esa proximidad nos lleva a la profunda reflexión de A.I.; si podemos fabricar seres artificiales, robots y autómatas con sentimientos, ¿Podremos llevar la carga de la responsabilidad de haberles creado, si somos incapaces de ayudarnos entre nosotros o de llevar adelante nuestras propias vidas? La soledad de David, el robot que quiere ser como Pinocho, que quiere abandonar el látex y los circuitos que le forman para hacerse carne y víscera y poder ser amado por la madre cuya impronta le ha sido introducida, somos todos nosotros. La búsqueda de David del Hada Azul es la nuestra. Después de todo A.I., una historia de robots, no es sino una melancólica reflexión sobre la única verdad final de la soledad del hombre, que transmite a sus hijos artificiales.

AI también pasará a la historia del cine por tener, además, unos momentos visuales de una intensidad poderosa: la primera aparición del robot Gigolo Joe, el personaje de Teddy, el osito superjuguete, compañero de infortunio de David, y un absoluto y conmovedor acierto argumental: la Feria de la Carne, una espantosa orgía de destrucción, semejante a los espectáculos del circo romano, en la que los seres humanos pretenden reafirmarse en lo natural aniquilando a los desgraciados robots averiados que encuentran, en una de las escenas más despiadadas y estremecedoras de la filmografía de Spielberg. 

Otros momentos quedan en la memoria, como la aparición del globo-luna de los cazadores de robots, Nueva York inundada por el calentamiento global -con unas imágenes de las Torres Gemelas semisumergidas que levantaban murmullos y comentarios en las salas al producirse el estreno poco después del fatídico 11 de septiembre de 2001-, la desoladora escena en el Parque de Atracciones de Coney Island, sumergido a decenas de metros bajo el Océano Atlántico, una de las más perturbadoras y conmovedoras que se han visto, el momento de la excavación en el Manhattan helado por una nueva Era Glaciar, con un vuelo vertiginoso por los restos arqueológicos de una civilización desaparecida -la nuestra- o la nave que viaja por las excavaciones, creada por una raza que ha logrado dominar el espaciotiempo y la gravedad -con interesantes y poco comentados ecos de las obras maestras del cineasta ruso Tarkovski, como Solaris (Solaris, Andrei Tarkovski, 1972), adaptando la novela de Stanislaw Lem sobre un planeta-océano autoconsciente, en cierta medida semejante a un ordenador de enorme complejidad, y Stalker (Stalker, Andrei Tarkovski, 1979), con guión de los excelentes novelistas rusos Arkadi y Boris Strugasky-.

El póster de "Solaris" se usa bajo derecho de cita.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Tener a Dios de tu lado



Estos días no salimos de nuestro asombro viendo cómo en el PP una y otra vez estallan escándalos de corrupción. Es una especie de reguero de pólvora que parece no llegar nunca al detonante, pero que no deja de chisporrotear.

No paramos de asistir a silencios sonrojantes del Presidente del Gobierno o a declaraciones más vergonzosas por parte de los portavoces del partido, incapaces, no sólo por falta de capacidad de oratoria, sino de simples argumentos, de detener la avalancha de porquería que se les echa encima. Viven en una perpetua negación. Y eso me sorprende aún más ¿Cómo los seres humanos, vía sesgo cognitivo (prefiero no usar otras hipótesis más zahirientes), podemos cegarnos tanto ante evidencias tales?

Oí el otro día en una tertulia radiofónica que una de las cosas que une férreamente a esta gente es su pertenencia a ciertos clubes religiosos, ya sea el OPUS, los kikos, o los Legionarios de Cristo. Esas sectas internas del catolicismo unen, obviamente mucho, a sus miembros, gran parte de los cuales comparte esa membresía con su afiliación al Partido Popular, y al mismo tiempo les sirve de dique de defensa mental ante lo que está ocurriendo. Les da un soporte divino a la negación, algo envidiable. Y al mismo tiempo, terrorífico.

No es que España sea un estado cuasifallido con cientos de miles de leyes inoperantes, no es que la corrupción empape a todas las formaciones políticas, no es que el nepotismo llene de incapaces las altas esferas de la política y de la economía, los consejos de administración y los comités de asesoramiento técnico. No es que todo en este país esté diseñado para beneficiar a una oligarquía de un puñado de familias. No es que el poder judicial esté totalmente politizado. No. Es que Dios está de nuestro lado, y eso nos da derecho a todo.

No es que Ana Botella sea una completa incompetente que sólo un puñado de idiotas pudo haber aupado a una alcaldía. No es que el Consejero de Sanidad de Madrid sea un completo cretino. No es que el Presidente de la Autonomía sea un sospechoso de corruptelas sonrojante. No es que un cuarto de los miembros del Parlamento Valenciano estén imputados. No es que todo el Partido haya pagado sobresueldos y se haya financiado desde una caja B con sobornos de empresarios afines. No es que hayan consentido la destrucción de Bankia haciendo ricos a sus amigos. No. Es que Dios les ha puesto ahí.

No es que la casta política sean unos completos indigentes intelectuales aupados por el darwinismo de partido a puestos que se encuentran millas por encima de sus techos de cristal. No. Ellos tienen derecho a estar ahí. Porque están en el Club de los Amiguitos de Dios. Eso lo justifica todo. Es la coartada de la justificación divina. La misma que han usado reyes, nobles, señores feudales y sátrapas desde la noche de los tiempos.

¿Que Ángel Acebes es un corrupto que pagó de tapadilo en nombre de nuestro partido las acciones de Libertad Digital? No puede ser. Ángel es de La Obra. Tiene que haber otra explicación. Ángel es Numerario. Se flagela. Se pone cilicios. Asiste a nuestros ejercicios espirituales y da a la Obra parte de su sueldo. Es imposible. Y de todas formas, se habrá confesado y todo arreglado ¿Juicio, cárcel? ¡Pero si ya se ha puesto en paz con Dios! ¡Pero si, haga lo que haga, lo hace para nosotros, que oímos los susurros de Dios por nuestra oreja derecha! Tiene placet divino, ergo está bien.

Estas formas de pensar lo justifican todo. Desde un genocidio hasta que tu partido esté sumergido en tramas corruptas hasta el cuello, y te hace intocable. Porque tienes la coartada divina. y ante eso las leyes de los hombres son sólo un detalle transitorio. Qué peligrosa es la ausencia de pensamiento racional en ciertos círculos ¿No creen?

He comentado esto desde otros puntos de vista aquí y aunque algo esquinado, aquí.

Pd.: Ayer, con un uso como siempre desafortunado de los tiempos, el Presidente del Gobierno pidió perdón en el Senado (forzado ante la nueva avalancha de detenciones relacionadas con un nuevo caso de corrupción, la llamada Operación Púnica) y durante dos minutos escasos, leyendo un texto del que apenas podía levantar la mirada. Fue un acto tramposo y desacertado en una sesión con preguntas cerradas que trataba otros asuntos (el esclerotizado sistema de preguntas en el Senado y el Congreso es otro asunto impresentable, pero bueno), y así se lo recordó la oposición. Ver a ese hombre, incapaz de cualquier improvisacion, atado por su propia insuficiencia, que me temo está en la base de su psique (soy suave, uso circunloquios por no llamarle de otra manera) y en la de, me temo, gran parte de su facción política, que nada en fango, fue lastimoso. Su dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones sería la única acción posible, amén de la autodestrucción de su partido, completamente incapacitado para hacer nada en este país ya. Pero recordemos que Dios está de su lado...


El detalle de La Creación del Sol y la Luna de Miguel Angel, fresco en la Capilla Sixtina del Vaticano, está en Wikimedia Commons en Dominio Público.

lunes, 27 de octubre de 2014

Madrid por la bici (3)

No dejo de encontrarme con ejemplos de cómo esta ciudad idiotizada define su política con respecto a las bicicletas. Abajo, los que he encontrado estos días intentando sobrevivir en esas calles que te convierten en un Mad Max callejero sobre dos ruedas ¿Cuándo se acabará esto? Me temo que cuando el actual gobierno municipal que ha nacido descerebrado sea enviado a la papelera del pasado vía urnas. Así que, madrileños, todavía queda suplicio.
 


Un lumbreras ha instalado aparcabicis en el Paseo de la Castellana, con tanto acierto que los ha plantado en mitad de la zona peatonal, estrechándola hasta un 50% de su capacidad. Bravo, genio.



La ciudad se está llenando de carriles a 30 para bicis con ese objetivo tan abstracto de "pacificar la conducción", que está muy de moda. Los carriles están situados en el carril derecho de las grandes avenidas, que, por supuesto, se llenan de coches aparcados en doble fila y de vehículos en carga-descarga. El ciclista tiene que incorporarse a los carriles rápidos poniendo su pellejo en peligro para poder superar los obstáculos.





 Un carril a 30 con preferencia bici totalmente inutilizado por coches en doble fila a lo largo de metros y metros, en pleno domingo

Las fotos las saqué esta semana en Avenida General Perón, en Castellana y en la calle Francos Rodríguez.

domingo, 26 de octubre de 2014

El riesgo de perder la memoria audiovisual



Mañana 27 de octubre se celebra el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. Creo que, dado el estado de cosas actual, un concepto como ese permanece ignorado para muchísima gente, y merece la pena dedicarle un artículo, pues nadie se está preocupando seriamente de este problema en nuestro país. Los tres últimos siglos, desde la invención de la fotografía y el cine, han llenado nuestras vidas de imágenes. Pero para poder seguir disfrutando de ellas, para que sean nuestros testigos de la historia, para que nuestros descendientes puedan verlas, hay que saber conservarlas. A esa difícil tarea se dedican muchas instituciones públicas y privadas en todo el mundo: las filmotecas y archivos, las televisiones, etc. A pesar de ello, una parte enorme del patrimonio audiovisual de la humanidad se ha perdido para siempre, a causa de diversos factores: accidente, negligencia, ignorancia, abandono, falta de presupuestos, etc. Los catálogos de cine marcan la existencia de clásicos del Séptimo Arte que nunca podremos ver, porque ya no existen. De ellos nos han llegado a lo mejor algunas fotos, o un poster, incluso reportajes de su estreno, pero la película ha desaparecido para siempre. De vez en cuando se encuentran por azar obras que se creían perdidas, porque estaban mal catalogadas u olvidadas en algún desván. Pero esos son acontecimientos raros.


"London after midnight" (1927), con Lon Chaney, es una de las películas perdidas más famosas

Ahora, con el nuevo cine digital y la programación realizada en este formato la cosa se está complicando todavía más.

Si almacenar celuloide en su formato tradicional es un asunto harto complejo, ahora almacenar para las futuras generaciones la producción audiovisual en formato digital puede volverse imposible. Las rutilantes imágenes digitales y restauraciones de películas clásicas realizadas con tecnología informática son engañosas: el soporte digital en el que se almacenan, sea este un disco duro u óptico, o una cinta magnética, tiene una vida muy corta en comparación con el celuloide. Y en un período de crisis como el que atravesamos, habrá que decidir qué vamos a hacer con todo ese patrimonio antes de que se pierda para siempre. Por de pronto está guardado en laboratorios de cine, casas de productores, almacenes de distribuidoras, archivos de televisiones, filmotecas y colecciones privadas a lo largo y ancho del país. Ah, y ahora en la nube, además.
 
Hace unos días envié a la Unión de Cineastas, de la que soy socio, una carta llamando la atención sobre el asunto. Ahí va:

Glosario breve.
-El DCP es un formato digital que por cierto está bastante obsoleto y se basa en varios estándares, como el jpeg2000. Se usa para crear las copias que se proyectan en las salas de cine, y ha sustituido a las pesadas bobinas de película. Personalmente, cuestiono su idoneidad y su diseño, pero ese es otro asunto. 
-El "efecto vinagre" es un proceso de degradación que, literalmente, desintegra el celuloide de las películas almacenadas en "safety film" (acetato de celulosa) con el paso del tiempo. Con el adecuado tratamiento se puede obviar. Otro soporte de película previo a este, el nitrato, no lo sufre, pero sí otros procesos de degradación diferentes. El nitrato tiene el inconveniente de que es peligroso (es altamente inflamable), de ahí el nombre "safety film" ("película de seguridad") cuando se inventó el acetato de celulosa.

Saludos, os quería consultar una iniciativa que creo debería plantearse tarde o temprano a las Filmotecas del país.

Como sabéis en cine el estándar en estos momentos es el DCP y otros soportes digitales, sobre todo para distribución en salas, mientras que el fotoquímico (la película de celuloide) está desapareciendo.

Me preocupa qué será de todos los largometrajes digitales que se están produciendo en el país a medio y largo plazo. Los discos duros y soportes externos (DVD, Bluray), amén de otros formatos magnéticos tienen una vida media incierta, y probablemente en 50 años muchas películas que sólo estén en DCP hayan desaparecido irremisiblemente. Hoy en día muchos archivos basados en cinta, por ejemplo Betacam, U-Matic y otros, están totalmente inutilizables, pues el soporte usado tenía una vida mucho menor que la calculada inicialmente y era mucho más sensible a las condiciones ambientales de lo que se esperaba.

Conociendo el problema crónico de financiación de las filmotecas, su deber de salvaguarda del patrimonio cinematográfico se puede poner en entredicho con el cine en formato digital, ya que los soportes necesarios para su almacenamiento van a implicar un cambio radical de filosofía de trabajo y de archivo, que va a ser realmente complejo: o bien se crea una política de backups (copias de seguridad) periódica, lo que es carísimo, pues implica adquisiciones de aparataje cuantiosas y ciclos de obsolescencia de ese hardware muy cortos, o bien se intenta la suscripción a un servicio en la nube, que estará al albur de otros problemas completamente diferentes (¿Qué pasaría si Filmoteca dejara de pagar un servicio así? ¿Se borrarían los archivos para siempre? ¿Quién garantiza su salvaguarda, excepto un contrato comercial? ¿Y si la empresa que mantiene los soportes físicos en la nube quiebra, quién se responsabiliza de esos datos? ¿En el caso de un PEM o una tormenta solar, un acontecimiento no descartable en los próximos cien años, qué hacemos con los soportes electrónicos que quedarán inutilizados, y cómo recuperaremos su contenido, si es técnicamente posible? ¿Y qué pasa con las catástrofes naturales menores? Nada es descartable; Parte del archivo de video analógico en soporte magnético de una pulgada del Centro de Producción de TVE en Canarias en Las Palmas se perdió por una simple inundación durante un día especialmente lluvioso del año 1987 en la sede, ya abandonada, de Plazoleta de Milton; alguien había decidido que un piso bajo era ideal para el almacenamiento de cintas magnéticas, y los pisos bajos, obviamente, son los primeros en inundarse).

Las filmotecas, por su parte, han tenido la suerte loca hasta ahora de la inesperada durabilidad del soporte fotoquímico, que se está saltando muchas previsiones; los nitratos han demostrado una supervivencia asombrosa que pasa en este momento de los cien años. A pesar de la falta de financiación que está creando graves problemas para catalogar el material en celuloide, éste, en buenas condiciones, soporta el paso del tiempo sin muchos problemas. La prueba de la fiabilidad del soporte tradicional es que en EE.UU. cada vez que se restaura un clásico, se genera de forma sistemática una nueva copia en formato fotoquímico para el archivo a largo plazo. El problema del "efecto vinagre", el gran enemigo del "safety film", se puede bordear y solventar, dependiendo mucho de las condiciones de almacenamiento. En fin, el celuloide sigue siendo el único soporte con garantías para soportar el paso de las décadas. Así, por ahora sigue siendo imprescindible, creo, para el almacenamiento y archivo de cine.

Partiendo de esa hipótesis, propongo que por sistema Filmoteca Española realice con fondos públicos una copia en 35mm de cada película digital calificada para archivo. Hoy en día hay métodos como el Cinevator, que permiten obtener copias de alta calidad directamente de un DCP. Es más, instaría a que esa copia pudiera usarse como master para ulteriores copias en fotoquímico o mediante una segunda copia de interpositivo que se cediera al distribuidor o al productor (esta sí, por una cantidad determinada de dinero, que podría ser una parte del coste del proceso).

El objetivo es no perder un patrimonio, el del cine digital, que si no se salvaguarda ahora obteniendo copias en safety film durará lo que aguanten los discos duros en que está almacenado, lo que depende de factores totalmente incontrolables, como fallos de fabricación, accidentes, quiebras, etc., y recordemos que cuando un disco se estropea es casi imposible recuperar su contenido. Pensemos que un DCP de media tiene cien mil archivos JPEG2000, uno por fotograma; con que se estropee sólo uno de esos archivos, el DCP es inservible. A eso hemos de añadir la obsolescencia de los procesos y las tecnologías. Hoy en día es cada vez más difícil encontrar un magnetoscopio de una pulgada, o, caso sangrante, la grabación original del descenso de Neil Armstrong del Apolo XI no se puede reproducir porque ya no existe ningún magnetoscopio que use el formato original en el que se grabó en 1969 ¿Qué pasará con las grabaciones realizadas en formatos ahora comunes dentro de cincuenta años? ¿Y si esa tecnología se pierde, o es tan inabordable construir un nuevo lector que se decide dejarlos desaparecer?

Asimismo plantearía un convenio con instituciones internacionales especializadas en la salvaguarda de material fílmico, de modo que se pudiera elegir anualmente una lista de películas españolas que se volverían a copiar y se enviarían a esos archivos para una salvaguarda aún mayor, tal y como hacen la Biblioteca del Congreso o el Instituto Smithsoniano en EE.UU. con sus clásicos, elegidos periódicamente por comisiones de expertos.

La imagen, "Movie Museum of the Philippines", está en Wikimedia Commons. En autor es Hellochris. Licencia Creative Commons. La imagen de "London after midnight" la uso acogiéndome al derecho de cita.

sábado, 25 de octubre de 2014

Seis años descubriendo lo que tu país te escondía


Sorprendentemente, el Canal 24h de TVE estaba retransmitiendo en directo esta mañana (este post lo escribí el pasado 20 de agosto de 2014), una rueda de prensa de Pilar Vera, presidenta de la Asociación de Víctimas del accidente del JK5022. Digo "sorprendentemente", porque en la TVE que ha dejado de ser un servicio público por la ceguera ideológica del gobierno actual, alguien pensó posiblemente que como aquello ocurrió durante un gobierno "del otro partido", seguramente estaría bien dar cancha al asunto para seguir la pelea bipartidista con la que nos entretienen. El problema es que de repente las siglas MAPFRE han salido en la rueda de prensa, rápidamente el canal ha suspendido la retransmisión, y a otra cosa mariposa. Alguien habrá llamado a TVE. Alguien gordo, seguramente. Con TVE es todo tan claro y tan triste que ya no hace falta leer entre líneas.


En agosto de 2008 un avión de la línea aérea Spanair se estrellaba en el aeropuerto de Barajas. Murieron 154 personas y 18 resultaron heridas. Muchos de los fallecidos eran grancanarios o tenían vínculos con la isla, por lo que a todos los isleños nos dejó muy marcados aquel accidente. 

Desde entonces, y han pasado ya seis años, la asociación que preside Pilar Vera. y que tuvo que fundar al ver que nadie velaba por sus derechos, lleva luchando, no sólo por recibir una indemnización mínimamente decente que MAPFRE les niega, sino por cambiar lo que desveló el accidente: el desastre vergonzoso que es la legislación, la organización oficial de las comisiones de accidentes, y todo el teatrillo que rodea a las tragedias de esa magnitud (la más reciente de RENFE prueba que todo sigue igual).

La lucha solitaria y solidaria de esta asociación, contra viento y marea, está cambiando las cosas lentamente, pero la situación que había antes, y que desgraciadamente persiste, es tercermundista, vergonzosa y repulsiva. Las comisiones que deben de ocuparse de estos accidentes, que son necesariamente técnicos, están formadas por gente sin la menor formación, colocadas ahí porque es obligatorio por normativa internacional, pero para que no hagan nada, ya que el destino final de la gran comedia que se representa no es el de proteger a la ciudadanía, socorrer a las víctimas o procurar que no se vuelva a repetir el suceso buscando las causas de los accidentes sino que, como todo en este país de castas, lo que se busca es tapar la porquería, que los culpables escapen y que no pase nada, como siempre. Vera y sus asociados han tenido que luchar contra abogados corrompidos, contra su propio gobierno y han tenido que pedir ayuda en Europa para que su propio país les trate como a personas.

Es atroz ver cómo una aseguradora miserable como MAPFRE está regateando desde hace años con las indemnizaciones que por ley corresponden a los afectados, igualándoles con los accidentados en un suceso de tráfico, cuando hay una póliza de 1.500 millones de dólares provista (pero claro, pagar lo que debes afecta a la cuenta de resultados). Es doloroso ver cómo ciudadanos que se convierten en víctimas sin comerlo ni beberlo se vuelven incómodos cuando averiguan que en las comisiones para aclarar accidentes aéreos no hay nadie con la mínima capacitación, o cuando esas víctimas tienen que asociarse para luchar por cambiar la legislación de su propio país, con todo en contra: instituciones, ministerios, grupos de presión, empresas... Darte cuenta que no hay nadie al otro lado es terrible; sólo unos politicastros mediocres cagados de miedo y unos bastardos que se ocultan tras consejos de administración privados y que en cuanto surgen problemas corren como ratas, con connivencias impresentables (tanto en este caso como en el del accidente de RENFE o el de la infección de ébola, se ha culpado al más débil; a pilotos, maquinista y enfermera, mientras que los tipejos cuya inacción llevó a los desastres, todos directivos de alto nivel o politicastros colocados a dedo, se van de rositas).

¿En qué momento España se convirtió en este agujero desalmado en el que un puñado de cobardes incapaces de asumir sus propias responsabilidades, siquiera de pedir perdón, dominan y corrompen sistemas que deberían de estar diseñados para mejorar la vida de las personas? ¿Cómo puede sobrevivir un país en el que todo se tapa sistemáticamente? ¿Cómo es posible que ciudadanos inocentes tengan que acabar solicitando amparo al Tribunal de Estrasburgo para pedir respeto a sus derechos más elementales que en este país les son negados sistemáticamente? ¿Cómo es posible que las víctimas de un accidente aéreo lleven seis años de calvario para poder cobrar sus indemnizaciones? ¿Cómo toleramos toda esta vileza? ¿Qué mierda de país estamos fabricando? 

¿O es que España al final es un estado fallido y nadie se atreve a decirlo? Las víctimas del JK5022 han descubierto a lo largo de seis años lo que es su país, lo que les esconde, lo que no quiere mostrarles: su fea y verdadera cara creada durante décadas de corruptelas clientelares, de legislación parcheada y de juegos florales inútiles creados sólo de cara a la galería. A poco que rasques, la capa de país desarrollado desaparece y la vieja y rancia España caciquil, negra y cobarde, asoma su verdadera y fea cara.

Ya está bien de ahogarnos en la porquería generada por una suma de incompetencia y pura corrupción. Hay que cambiar este país de arriba abajo. Y las iniciativas de la sociedad civil, como la Asociación de Víctimas del JK5022, son la punta de lanza de un movimiento ciudadano que está diciendo: ¡Basta ya! Sólo me cabe declararles mi admiración por su valentía y enviarles todos mis ánimos.

Pd: Para mostrar el estado actual de cosas, Vera cuenta en la rueda de prensa una anécdota. El Ministerio les prometió incluir en la Comisión de Accidentes Aéreos a tres personas: un piloto, un controlador aéreo y un ingeniero aeronáutico (¡no los había!). Por "los recortes", al final se añadió sólo una persona, un ingeniero aeronáutico, que a su vez era controlador y piloto. Estupendo. Pues duró cinco meses. Las presiones le hicieron dimitir. Así están las cosas. En el Ministerio se encogen de hombros: ellos cumplieron, más o menos, lo prometido ¿O no? ¿En serio este es el país de mierda en el que queréis vivir?

Ppd: Seguramente MAPFRE también os será familiar estos días, pues están pagando los abogados de Blesa, Rato o Arturo Fernández en las causas que el Juez Ruz ha abierto por el asunto de las tarjetas "black" y Bankia. Sí, esos señores tan poderosos tienen un seguro que les cubre esas eventualidades. Y lo paga a tocateja MAPFRE. A esos señores no les regatean, claro está. Así estamos.

Redacté este artículo para el Círculo de Podemos de Gran Canaria, el pasado 20 de agosto de 2013. Lo publico aquí levemente modificado y actualizado.


La foto está en Wikimedia Commons. Es el resto de la cola de un accidente sufrido por un DC-3 Dakota de la Royal Canadian Air Force el 19 de enero de 1946 en las montañas de Crowsnest Pass, en las Montañas Rocosas canadienses. Licencia Creative Commons share alike 2.0

Sueños de Metal (17) – Robot – Décima Parte



Mención –y capítulo- aparte merecen las luengas series de robots justicieros japonesas, de las que apenas conocimos en la entonces única televisión de España una de ellas, Majingâ Zetto (Mazinger Z, VVAA, 1972-1974) -la serie fue cancelada con apenas una veintena de episodios emitidos, de un total de 92, a causa de las protestas de las asociaciones de padres católicos, que la consideraban violenta, quedando dos tercios de la serie ya doblados al español pero sin emitir nunca, hasta la llegada de las televisiones autonómicas y privadas, una década más tarde; ello impidió a los niños españoles disfutar de aquellos episodios, y de las series que luego vinieron, continuando la saga de Mazinger; Great Mazinger (1974), Ufo Robo Grendizer (1975) y God Mazinger (1984)-, y que actualmente, con el boom del Manga (comic japonés) nos llegan a diversas televisiones y con ediciones videográficas de Animes (películas animadas, y en general la animación nipona) y Ovas (películas animadas para mercado video). Las tirantes relaciones entre los escandalizados y preocupadísimos padres con el animé japonés se han prolongado a lo largo de los años, y rara fue la temporada en que alguna asociación de telespectadores no ponía el grito en el cielo, ya fuera por Dragonball, Pokemon, o cualquiera de las populares series de animación niponas emitidas en España, una muestra ínfima de la gigantesca producción anual de dibujos animados en el país del Sol Naciente. Mazinger Z se considera prácticamente la primera serie televisiva animada de robots gigantes y éxito masivo, que abrió una inacabable saga de series con robots del tamaño de rascacielos como protagonistas, y que llegan hasta hoy en día a películas-homenaje creadas por la generación que vivió aquellos primeros años, como Pacific Rim (Pacific Rim, Guillermo del Toro, 2013).

Por cierto, que en los cines españoles se estrenaron en aquellos últimos años setenta dos películas con Mazinger Z de protagonista: Majingâ Zetto tai Debiruman / Mazinger Z Vs. Devilman (Majingâ Zetto tai Debiruman / Mazinger Z Vs. Devilman, Kôichi Tsunoda [en otras fuentes Motoharu Katsumata], 1973), estrenada en España en 1977 y con esa fecha de producción en los archivos del ICAA, película en la que Mazinger Z se enfrenta a Devilman, otro robot gigante, también creación de Go Nagai, y con serie propia de televisión -Debiruman (Devilman, 1972)- y un posible remontaje de episodios, titulado Mazinger Z (Koji y Sayaga contra el Doctor Infierno) sin fecha de producción ni directores en los archivos del ICAA, pero estrenada en España en 1978, aunque lo más posible es que se trate de la otra película producida por Toei, Mazinger Z Vs. The Dark High General (1974). 

También nos quisieron pasar gato por liebre en los cines españoles proyectando la película de robots gigantes de imagen real The Tron Superman (Mazinger Z, El robot de las estrellas / Mazinger X, El robot de las estrellas, Chang Ying) sin fecha de producción conocida, pero estrenada en 1978; se trataba de una película taiwanesa que no tiene nada que ver con la creación de Go Nagai -es de robots gigantes, y ese es el único punto de contacto, ya que los diseños de los robots son completamente distintos-, que no obstante acabó recaudando más dinero que las dos películas auténticas de la saga japonesa juntas, llegando a los 66 millones de pesetas, 398.000 € (718.000 espectadores), y que tuvo una saga de comics propia publicada por Editorial Valenciana, dibujados por José Sanchís, el creador del mítico personale Pumby, y llamado por muchos el Walt Disney valenciano. El primer número adaptaba la película y en el resto el propio Sanchís se inventaba las historias y los villanos a los que se enfrentaba el robotijo en cuestión. Editorial Valenciana pasaba en aquellos momentos por una honda crisis económica, por lo que la adaptación y los comics ulteriores, hechos de prisa y corriendo, ayudaron a reflotar su maltrecha economía. Por supuesto, en ninguna parte del comic se aludía al The Tron Superman adaptado, sino que se mantenía el engaño de colocar como perteneciente a la saga Mazinger a la película taiwanesa. 

No es de extrañar que se localicen películas así por el mundo, prácticamente sin autoría clara, y fácilmente reestrenables con título diferente; Roger Corman, como vimos previamente en el caso de las películas de MosFilm, era experto en estos métodos. Asímismo, por esos mundos de dios se pueden localizar ínfimos subproductos fácilmente falsificables, como la inenarrable Supermen Donüyor (Supermán Turco / The Return of superman, Kunt Tulgar, 1979)xli, o la insondable pelicula de la misma nacionalidad que parodia ni más ni menos que a ¡Star Trek! – Türist Ömer Uzay Yolunda (Ömer The Tourist in Star Trek, Hulki Saner, alrededor de 1975)-. En ambos casos, sus realizadores no dudan en saquear las bandas sonoras originales de las películas que versionean, tomándolas directamente de las bandas sonoras originales. Estas barrabasadas eran bastante comunes entre mediados de los 70 y los primeros 80.

En Japón la actitud hacia el robot siempre ha sido diametralmente opuesta a la existente en occidente, de modo que el público muestra un enorme interés por los artilugios robóticos. Así, desde los tiempos de las tres películas de la saga Daimajin -Daimajin (Daimajin, Kimiyoshi Yasuda, 1966), Daimajin Gyakushu (Daimajin Gyakushu, Kazuo Mori, 1966) y Daimajin Ikaru (Daimajin Ikaru, Kenji Misumi, 1966)- protagonizadas por un gigantesco guerrero samurai de piedra que cobra vida para hacer justicia, los films de Godzilla en los que éste se enfrenta a un sosias robótico - toda una miniserie dentro del Kaiju Eiga nipón, en la que destacan Kingukongu no gyakushu (King Kong se Escapa, Inoshiro Honda, 1967) -en la que King Kong (!), secuestrado para que saque gemas de una mina (!!), se enfrenta al MechaKong, su sosias robótico (!!!); más de un millón de espectadores en España en 1969; donde se estrenó la versión reeditada y con escenas nuevas con actores norteamericanos, realizada en Estados Unidos por la productora Ranking/Bass, King Kong Escapes (King Kong se Escapa, Inoshiro Honda, Arthur Rankin Jr., 1968)-, Gojira Vs. Megalon (Gorgo y Superman se citan en Tokyo, Jun Fukuda, 1972) -estrenada en España en 1974 y en cuyo título español el avispado distribuidor, Cire Films, quiso aprovechar el éxito de una película completamente distinta también distribuida por ellos, la inglesa Gorgo (Gorgo, Eugene Lourie, 1960), estrenada en 1972 con unas altas recaudaciones de 24 millones de pesetas, 144.000 €, y casi un millón de espectadores, en la que un monstruo gigante arrasaba Londres; la jugada de hacer pasar una película de Godzilla por una secuela de Gorgo funcionó, y obtuvo casi 26 millones de pesetas de recaudación, 156.000 €, más de 600.000 espectadores-, Gojira tai megaro (Mechagodzilla, Jun Fukuda, 1973), Gojira vs Mekagojira (Godzilla vs Mechagodzilla, Takao Okawara, 1993), donde el robot enemigo es construido por las Naciones Unidas, y Gojira vs Supesugojira (Gojira vs Supesugojira, Kensho Yamashita, 1994)-, las películas de invasores extraterrestres robóticos -Chikyu Boeigun / Phantom 7000 / The Mysterians (Los Misterianos, Inoshiro Honda, 1957)-, o las series de televisión de superrobots gigantes en imagen real -como Ultraman (Ultraman, VVAA, 1972), que a lo largo de centenares de episodios y de nuevas series se ha enfrentado a decenas y decenas de monstruos, pisoteando maqueta tras maqueta-, el público japonés se ha mostrado ávido de historias protagonizadas por robots, generalmente de varios pisos de alto, y controlados por personas en su interior, o teledirigidos. 

Los animés japoneses de robots se basan en criaturas que son dirigidas por un ser humano, de modo que no son más que armaduras más o menos sofisticadas, de mayor o menor tamaño, carentes de voluntado propia. De esta manera el robot japonés se convierte en epítome del gadget, pero poco más que un instrumento de su piloto. Raro es el Anime japonés que no cuenta con un robot en sus filas. En una línea similar a Ultraman se encuentran también las series posteriores -todas en coproducción entre Estados Unidos y Japón- Mighty Morphin' Power Rangers (Mighty Morphin' Power Rangers, John Blyzek, David Blyth, Adrian Carr, Armand Garabidian, Jerry P. Jacobs, Worth Keeter, Shuky Levy, Jeffrey ReinBackupBbLer, Worth Keeter, Douglas Sloan, John Stewart, Jonathan Tzachor, John Weill, Terence H. Winkless, 1993-1996) -y sus sucesivas secuelas-, VR Troopers (VR Troopers, John Blizek, 1994) -ésta en un entorno de realidad virtual- o Superhuman Samurai Syber-Squad (Superhuman Samurai Syber-Squad, VVAA, 1994).

Para hacernos una idea de la ingente producción animé televisiva de robots gigantes a lo largo sólo de 1975 a 1985 baste esta lista, no exahustiva. La mayoría de series han originado algún OVA para video o animé para cine: Go Wrapper 5 Goddam (1976-1976), UFO Senshi Dai-Apolon (1976-1976), Babiru 2 Sei, Astro Ganga (1972-1973), Sengoku Majin GoShogun (1981-1981), Uchuu Taitei God Sigma (1980-1981), Toushi Gordian (1979-1981), Ginga Senfuu Braiger (1981-1982), Ginga Reppuu Baxinger (1982-1983), Ginga Shippuu Sasuraiger (1983-1984), Mazinger Z (1972-1974), Great Mazinger (1974-1975), UFO Robo Grendizer (1975-1977), Psycho Armor Govarian (1983-1983), Getta Robo G (1975-1976), Koutetsu Jeeg (1975-1976), Daiku Maryu Gaiking (1976-1977), Choudenji Machine Voltes V (1977-1978), Choudenji Robo Combattler V (1976-1977), Yuusha Raideen (1975-1976), Kousoku Denjin Albegas (1983-1984), Hyaku JuOh GoLion (1981-1982), Zettai Muteki Raijin-Oh, Akudai Sakusen Srunggle (1983-1984), Ai no Senshi Rainbowman (1982-1983), Video Senshi Laserion (1984-1985), Makyou Densetsu Acrobunch (1982-1982), Kikou Kantai Dairugger XV (1982-1983), Rokujin Gattai God Mars (1981-1982), Saigou Robo Daiohgya (1981-1982), Tetsujin 28 Gou (1980-1981), Densetsu Kyojin Ideon (1980-1981), Uchuu Senshi Baldios (1980-1981), Muteki Robo Trider G7 (1980-1981), Mirai Robo Daltanias (1979-1980), Uchuu Majin Daikengo (1978-1979), Toushou Daimos (1978-1979), Muteki Koujin Daiturn 3 (1978-1979), Choujin Sentai Balatack (1977-1978), Muteki Choujin Zanbot 3 (1977-1978), Chougattai Majutsu Robo Gingaizer (1976-1977), Wakusei Robo Danguard A (1977-1978), Goushin Sentai Mechander Robo (1977-1977), Magnerobo Ga-keen (1976-1977), Groizer X (1976-1977), Choujuu Kishin Dancougar (1985-1985), Blocker Gundan Machine Blaster (1976-1977) o Yuusha Oh Gaogaigar (1997-1998). Otras series con robots de tamaño más cercano al humano pueden ser: Sentou Mecha Xabungle (1982-1983), Shinseiki Evangelion, Blue Comet SPT Layzner (1985-1986), Dougram (1981-1983), Votoms (1983-1984), Tokusou Kihei Dorvac (1983-1984), Ginga Hyouryu Vifam (1983-1984) Chouji Kuuseiki Orguss (1983-1984), Heavy Metal L-Gaim (1984-1985) o Sei Senshi Dunbine (1983-1984). Para verlas todas, se necesitarían varias vidas.

La carátula VHS de "Mazinger Z, El robot de las estrellas", se usa bajo derecho de cita.

jueves, 23 de octubre de 2014

Dos historias de iluminación


El hambre ha devorado las almas, ha borrado las facciones humanas, la gente no vive, se pudre en una miseria irremediable ... Y por todas partes las autoridades acechan, como los cuervos, para ver si te sobra un cacho de pan ... y en cuanto lo ven, te lo arrebatan y te abofetean encima ...

(...)

Los anhelos del hombre no tienen medida, sus fuerzas son inagotables; mas, a pesar de todo, en lo que atañe al espíritu, el mundo se enriquece muy lentamente, porque cada cual, deseando liberarse de su dependencia, se ve obligado a amontonar dinero en vez de conocimientos. Pero cuando los hombres maten la codicia, cuando se liberen de la prisión del trabajo forzado ...

(...)

El placer de vivir lleva consigo la obligación de morir.

(...)

Nosotros somos socialistas. Esto quiere decir que somos enemigos de la propiedad privada, que desune a los hombres, los arma a unos contra otros y crea una hostilidad irreconciliable de intereses; que miente cuando intenta ocultar o justificar esta hostilidad y pervierte a todos con la mentira, la hipocresía y la maldad. Nosotros decimos: la sociedad que considera al hombre únicamente como instrumento para enriquecerse, es antihumana, nos es hostil; no podemos tolerar su moral hipócrita y falsa; estamos contra su cinismo y la crueldad con que trata al individuo; queremos luchar y lucharemos contra todas las formas de avasallamiento físico y moral del hombre empleadas por esta sociedad, contra todos los métodos de trituración del hombre para satisfacer la avidez. Nosotros, los obreros, somos los que creamos todo con nuestro trabajo, desde las máquinas gigantescas hasta los juguetes para los niños, y, sin embargo, nos vemos privados del derecho a luchar por nuestra dignidad humana; cada cual se esfuerza y puede convertirnos en instrumentos para la consecución de sus fines; nosotros ahora queremos tener una libertad que nos permita conquistar, con el tiempo, todo el poder. Nuestras consignas son sencillas: ¡Abajo la propiedad privada!, ¡todos los medios de producción para el pueblo, todo el poder para el pueblo, el trabajo es obligatorio para todos! Como veis, ¡no somos unos motineros!

La Madre. Máximo Gorki. 1907


-Huele a fruta podrida

-Es el olor de la pobreza


Barbarroja. Guión de Masato Ide, Hideo Oguni, Ryûzô Kikushima y Akira Kurosawa sobre la novela "Akahige shinryô tan" de Shûgorô Yamamoto



La Madre es la historia de una iluminación intelectual. La de una mujer que pasa de la aceptación de su sino a tomar las riendas y decidir sobre su vida. Es la crónica de una maduración y de una decisión vital, con las consecuencias que trae consigo. El amor inquebrantable de una madre y la valentía de esta de saltar sus propios límites trascienden fronteras mentales, físicas e intelectuales.

“Barbarroja”, una película dirigida por Akira Kurosawa en 1965, cuenta otra historia de iluminación, la de un joven médico en el Japón del Siglo XVIII, conformando un relato de gentileza, humanidad y amor fraterno que te hace mejor sólo con sentarte a verla, y te ayuda a entender cómo cada persona puede y debe seguir su propio camino para alcanzar ese inefable lugar en el que finalmente comprendes por qué y para qué. Ese inaprehensible sentido final de las cosas y de tu propia vida en un universo aparentemente indiferente, en el que si algo tenemos las personas es a los demás para apoyarnos y seguir adelante. Estas dos obras, la de un escritor ruso exiliado en Estados Unidos, y la de un cineasta japonés amante de los escritores rusos, se complementan y cierran un pequeño cuadro de lo que puede pasar en el alma humana cuando finalmente comprende el camino que le ha tocado recorrer.



Las imágenes de Barbarroja y de La Madre (1926, Vsevolod Pudovkin) las uso acogiéndome al derecho de cita.

lunes, 20 de octubre de 2014

Madrid por la bici (2)

Hace unas semanas publiqué este post, ilustrando con fotos la situación actual (desastrosa) del Carril Bici de la Ciudad Universitaria de Madrid.

El día que publiqué el post, el CM de Línea Madrid publicó este tuit:



Mi respuesta fue:


Por supuesto, pasado un mes de aquello, la situación sigue exactamente igual. Ayer me pasé por el carril bici de nuevo y aquí van un par de hallazgos más.





Efectivamente, no hay nadie al cargo. Lo más alucinante de todo esto es que en el Ayuntamiento como en tantos otros asuntos parece haber un enorme vacío detrás de los departamentos de comunicación, los CCMM o las notas de prensa. No es ya un problema de incompetencia, es de total y absoluta dejación de los deberes más elementales.


sábado, 18 de octubre de 2014

María en Brasil


Hace unos años dirigí y produje un pequeño corto con mis amigos de Sopa de Sobre y de La Huella. Animado por Santiago Verdugo, "Me llamo María" llegó, casi sin presupuesto, a la Lista Corta de los Oscar 2011, compitiendo con Pixar, Warner o Disney. Fue poner una pica en Flandes.

Le tenemos un gran cariño a ese corto, así que nos alegra que esté programado el próximo 28 de Octubre en el mayor evento mundial de proyección simultánea en conmemoración del Día Internacional de la animación en Brasil, donde se proyectará junto a otras obras en 203 ciudades del país a la vez. Un gustazo y un orgullo estar allí.




Sueños de Metal (16) – Robot – Novena Parte



The Iron Giant (El Gigante de Hierro, Brad Bird, 1999) es una preciosa película de animación que cuenta la amistad entre un chico y un robot gigante, diseñado por el Departamento de Defensa, y que ha olvidado su programación original. Es una delicia para los sentidos, y una preciosa historia de amistad y sacrificio. El robot protagonista, de excelente diseño, presenta una dicotomía en su personalidad; por un lado, es un semidiós, poderoso y protector, capaz de los sentimientos más nobles. Pero en su interior anida un asesino potencial, cuando su programación primigenia despierta, lo que le lleva al sacrificio final en pos de salvaguardar a las personas que le han sido leales y le han entregado su amistad. Más allá de las características robóticas del personaje, The Iron Giant es un precioso largometraje con un exquisito tratamiento de la animación, que homenajea al cine de los 50, realizado de forma relativamente independiente, lejos de los parámetros de la factoría Disney. Estrenado con poca publicidad en España en las mismas fechas de la ruidosamente promocionada -y más que correcta- producción disneyana Tarzan (Tarzan, Chris Buck, Kevin Lima, 1999), su presencia en las salas fue eclipsada por ésta, lo que llevó a que unos 200.000 espectadores la vieran, en beneficio de los casi 5 millones que asistieron a las proyecciones de la nueva versión de la creación selvática de Edgar Rice Burroughs. Absolutamente recomendable. Previamente a The Iron Giant, Bird había dirigido episodios de Amazing Stories y The Simpsons. Después, llegó Pixar. Pero esa es otra historia.

I, Robot (I, Robot, Leon Benson, 1963) es el episodio número 41 de la serie The Outer Limits, que se emitiría en Estados Unidos por primera vez entre 1963 y 1965, y que seguía la línea de historias autoconclusivas diferentes, análoga a la de Twilight Zone, que tendría una segunda versión en la reedición renovada de la serie, de 1995, dirigida en esta ocasión por Tibor Takács, y con Leonard Nimoy en uno de los papeles protagonistas en ambas. En las dos, la historia es más o menos la misma. Un excéntrico científico ha fabricado un robot de aspecto humano, y aparece muerto en su casa junto al robot. Éste es sometido a juicio, al ser el principal sospechoso del asesinato; el robot entonces enloquece y está a punto de matar al juez, lo que precipita su condena. Finalmente, el autómata se inmolará rescatando a una niña que está a punto de ser atropellada por un camión, resultando totalmente destrozado. Los episodios con robos y ordenadores de The Outer Limits tienen todos en común, como es usual en este tipo de ficción realizada al otro lado del Atlántico, una considerable falta de hondura en comparación con las series de similares características realizadas en el Reino Unido, y I, Robot no puede ser menos. Su aproximación simplista es ideal para una serie de terror en un sábado por la noche, pero se echa de menos una mayor búsqueda de las implicaciones del asunto tratado. Con todo, The Outer Limits es una serie con un buen tono medio, y la primera versión del episodio, con diferencia la más interesante, mantiene intactas sus cualidades a los 50 años de su producción.

Pero otro doctor, éste británico, mantendría una ardua lucha contra criaturas robóticas a lo largo de 50 años de longevidad de la serie televisiva: Doctor Who. El Dr. Who (interpretado por 12 actores diferentes durante la singladura de la serie principal), que viaja por el tiempo gracias a una máquina temporal camuflada de cabina telefónica, la Tardis, luchó a lo largo de los centenares de episodios de la luenga serie con los Daleks, una raza extraterrestre que controla unos pequeños robots letales, al grito de "Exterminate!, Exterminate!". Generaciones de ingleses han disfrutado viendo al lóngevo doctor luchar contra estos robots, que figuran en el imaginario colectivo de las Islas Británicas. Los Daleks, unos auténticos trastos con ruedas -en los que posiblemente se inspirara Ralph McQuarrie para diseñar el R2D2 de Star Wars- de lo más lentorros, invadían la Tierra periódicamente, a pesar de que muchos espectadores se preguntaran constantemente cómo hacían aquellos trastos que apenas podían moverse para resultar tan aparentemente peligrosos, y, sobre todo, cómo rayos subían escaleras. En España supimos de ellos en la película Dr. Who and the Daleks (El Dr. Who y los Daleks, Gordon Flemyng, 1965), con Peter Cushing, que contaría con la friolera de medio millón de espectadores en aquel año. Una cifra que hoy día supondría un considerable éxito de taquilla. El film tuvo una secuela, Daleks- Invasion Earth 2150 A.D. (Daleks- Invasion Earth 2150 A.D., Gordon Flemyng, 1966). En los 90, Fox produjo un piloto televisivo que tuvo estreno en cine, Doctor Who (Doctor Who, Geoffrey Sax, 1996). No fueron los Daleks los únicos invasores robóticos a los que el Dr. Who debió enfrentarse. Entre otros -50 años y cerca de 800 episodios dan para mucho-, los Cibermen, mezcla de hombres y máquinas, compartieron enemistad con el Doctor.

En la maravillosa serie de Gerry Anderson Fireball XL5 (Fireball XL5, VVAA, 1962), protagonizada por títeres, como todas las series de Anderson de la época, técnica que él llamaba Supermarionation, aparece Robert the Robot, con la voz del mismo Anderson en la versión original, un robot copiloto del XL5, una nave que forma parte de la patrulla protectora del Sector 25 del Sistema Solar, bajo la supervisión de la World Space Patrol. El Fireball XL5 tenía como comandante al Coronel Steve Zodiac, cuya tripulación constaba de la doctora Venus, el oficial científico, Profesor Matic, y Robert, claro. Anderson y su esposa Sylvia habían iniciado su trabajo con títeres con la serie Supercar (Supercar, VVAA, 1961-1962). A Fireball XL5 siguieron Thunderbirds (Thunderbirds, Brian Burgess, David Elliott, David Lane, Alan Pattillo, Desdmond Saunders,1964-1966), la submarina Stingray (Stingray, David Elliott, John Kelly, Desmond Saunders, 1964-1965), la asombrosa Captan Scarlett and the Mysterons (Captan Scarlett and the Mysterons, VVAA, 1966), y Joe 90 (Joe 90, Peter Anderson, Leo Eaton, Brian Heard, Alan Perry, Desmond Saunders, Ken Turner, 1968) todas ellas repletas de acción imparable, explosiones por todos lados, vehículos de diseños fantásticos y unas maquetas alucinantes, que han hecho las delicias de generaciones de televidentes. Posteriormente Anderson se pasaría a la producción de series con actores de carne y hueso, como UFO (OVNI, Gerry Anderson, Ron Appleton, Cyril Frankel, David Lane, Alan Perry, Jeremy Summers, David Tomblin, Ken Turner, 1970-1973), The Protectors (Los Protectores, Roy Ward Baker, Harry Booth, Don Chaffey, Charles Crichton, Cyril Frankel, John Hough, Don Leaver, Michael Lindsay-Hogg, Jeremy Summers, David Tomlin, Robert Vaughn,1972-1973), Space 1999 (Espacio 1999, Ray Austin, Rob Brooks, Tom Clegg, Kevin Connor, Charles Crichton, Val Guest, Lee H. Katzin, Bob Kellett, Robert Lynn, Peter Medak, David Tomblin,1975-1977) o Space Precinct (Space Precinct, Alan Birkinshaw, Colin Bucksey, Peter Duffell, John Glenn, Jim Goddard, Piers Haggard, Sidney Hayers,1994).

Algunos robots son visibles en la sociedad subterránea retratada en la adaptación postapocalíptica de una novela de Harlan Ellison A Boy and his Dog (A Boy and his Dog, L. Q. Jones, 1975) que cuenta la odisea de un muchacho -Don Johnson- y su perro, con quien tiene comunicación telepática a través de un mundo devastado por la guerra nuclear. Finalmente encontrará una sociedad estéril bajo tierra, controlada por unos robots llamados genéricamente Michael, que requerirá urgentemente de sus cualidades reproductoras.

Como podrá comprobar el lector, hay muchas películas en las que aparece la palabra robot en su historia, pero como podría aparecer la palabra silla, coche o casa. Sólo son parte del decorado, de ese tópico "si es una película de ciencia-ficción, entonces tienen que haber robots", y son perfectamente intercambiables en la mayoría de los casos por cualquier otro concepto, como "amigo", "compañero", "consejero", "criado" o "animal de compañía".

THX 1138 (THX 1138, George Lucas, 1971) fue la primera película del director de La Guerra de las Galaxias, y narraba una antiutopía futurista muy pesimista y desolada, protagonizada por Robert Duvall. En la subterránea sociedad alienada del futuro que muestra la película, el cumplimiento de las normas está a cargo de unas fuerzas robóticas de represión, los Police Robots. La trama presenta a THX 1138 (Duvall), que trabaja en una factoría de ensamblaje de Police Robots; su rendimiento en el trabajo se ve alterado al dejar de tomar las drogas impuestas por el Estado que reprimen las conductas antisociales, conductas que adopta para poder tener relaciones sexuales con su esposa, LUH 3417, actividad por otro lado proscrita, lo que implicará que ella quede embarazada; por todo ello es encarcelado. THX 1138, acompañado de LUH 3417 y SEN 5241, huirá de este terrible mundo distópico en un vehículo futurista de carreras, tras una larga y espectacular persecución, para salir finalmente libre al mundo exterior. La película en su primera mitad resulta una antiutopía muy en la línea de otros productos similares de aquellos años, aunque bastante más inteligente en su concepción visual, para convertirse en una primigenia película de acción en su segunda mitad, con la persecución de coches.

The Man from U.N.C.L.E. (El Hombre de C.I.P.O.L., David Alexander, John Brahm, Marc Daniels, Herschel Daugherty, Richard Donner, Bill Finnegan, Theodore J. Flicker, Alvin Ganzer, James Goldstone, Tom Gries, Charles F. Haas, E. Darrell Hallenbeck, Alf Kjellin, Otto Lang, Alex March, Sherman Marks, Don McDougall, Vincent McEveety, Don Medford, John Newland, Michael O'Herlihy, John Peyser, Michael Ritchie, Seymour Robbie, Sutton Roley, Charles R. Rondeau, Eddie Saeta, Boris Sagal, Joseph Sargent, Barry Shear, James Sheldon, Jud Taylor, George Waggner, Ron Winston, 1964-1968) tuvo algunos apisodios en su singladura televisiva de cuatro años en los que aparecían robots y androides, a saber: The sort of Do-it Yourself Dreadful Affair -con guión del novelista especializado en ciencia-ficción Harlan Ellison-, The Deadly Smorgasbord Affair y The His Master's Voice Affair. No se extrañen por los títulos; todos los episodios de la serie terminaban con Affair (El caso de...).

Desde mediados de los 60 a principios de los 70 hubo un boom de los argumentos fantásticos en la televisión, una auténtica década prodigiosa con series como Search (Investigación, Michael Caffey, Nicholas Colasanto, Marc Daniels, Robert L. Friend, Jerry Jameson, Philip Leacock, Russ Mayberry, George McCowan, Joseph Pevney, Allen Reisner, Ralph Senensky, Barry Shear, Paul Stanley, William Wiard, 1972), The Time Tunnel (El Túnel del Tiempo, Irwin Allen, Jerry Briskin, Herschel Daugherty, William Hale, Harry Harris, Jerry Hopper, Nathan Juran, Sobey Martin, Paul Stanley, 1966-1967), Voyage to the Bottom of the Sea (Viaje al Fondo del Mar, Jus Addiss, Irwin Allen, László Benedek, Abner Biberman, John Brahm, James B. Clark, Alan Crosland Jr., Felix E. Feist, James Goldstone, Tom Gries, Harry Harris, Jerry Hopper, Leonard Horn, Harmon Jones, Nathan Juran, Joseph Lejtes, Alex March, Sobey Martin, Gerald Mayer, Gerd Oswald, Leo Penn, Sutton Roley, Charles R. Rondeau,Robert Sparr, 1964-1968), The Outer Limits, Star Trek, o The Twilight Zone, entre otras, que estaban en producción en Estados Unidos, mientras en Inglaterra se emitían la lóngeva Doctor Who (Doctor Who, Christopher Barry, Morris Barry, Rodney Bennett, Paul Bernard, John Black, Darrol Blake, Gerald Blake, Michael E. Briant, Alan Bromly, Douglas Camfield, Chris Clough, Tristan DeVere Cole, Timothy Combe, Frank Cox, John Crockett, Fiona Cumming, Hugh David, John Howard Davies, Michael Ferguson, Derrick Goodwin, John Gorrie, Ken Grieve, Peter Grimwade, Graeme Harper, Michael Hart, Michael Hayes, Sarah Hellings, Henric Hirsch, Waris Hussein, Michael Imison, Ron Jones, Paul Joyce, Michael Kerrigan, Michael Leeston-Smith, Barry Letts, Nicholas Mallet, David Maloney, Richard Martin, Derek Martinus, Lennie Mayne, Kenny McBain, Gerry Mill, Peter Moffatt, Andrew Morgan, Michael Owen Morris, Mervyn Pinfield, Mary Ridge, Pennant Roberts, Matthew Robinson, Paddy Russell, Bill Sellars, Julia Smith, George Spenton-Foster, Norman Stewart, Rex Tucker, Tony Virgo, Alan Wareing, 1963-1989) y la inolvidable The Avengers (Los Vengadores, Jonathan Alwyn, Robert Asher, Ray Austin, Bill Bain, Roy Ward Baker, Laurence Bourne, Don Chaffey, Charles Crichton, Robert Day, Paul Dickson, Peter Duffell, Gordon Flemyng, Cyril Frankel, Robert Fuest, Peter Hammond, Richmond Harding, Sidney Hayers, James Hill, John Hough, Roger Jenkins, John Knight, John Krish, Quentin Lawrence, Don Leaver, Raymond Menmuir, Kim Mills, John Llewellyn Moxey, Leslie Norman, Gerry O'Hara, Cliff Owen, Roy Rossotti, Peter Graham Scott, Don Sharp, Peter Sykes, Robert Tronson, Dennis Vance, Guy Verney, 1961-1969) en la que, a pesar de su origen no fantástico, una plétora de robots, cyborgs, villanos dementes y ordenadores enloquecidos hacían las delicias de las audiencias de una de las series televisivas más sofisticadas, modernas y divertidas de todos los tiempos, con permiso, claro, del Señor del Tiempo de Gallifrey, no se nos vaya a enfadar.

El póster de "A boy and his dog" se usa bajo derecho de cita.

jueves, 16 de octubre de 2014

Reg Bunn, Nevio Zeccara



Curioseando por ahí he encontrado algunas páginas de un comic de Star Trek de la legendaria Gold Key en las que he creído reconocer el estilo de Reg Bunn (1908-1971), un maravilloso dibujante inglés al que una generación de críos nunca olvidaremos por su cómic Spider, que editó Vértice hace siglos en España. Bunn tenía un dibujo maravilloso y un portensoso sentido del encuadre y la paginación. No puedo confirmarlo, ya que al parecer Gold Key no empezó a acreditar a los autores de los cómics hasta el número 47 de la colección. Sin embargo, me aparece como autor en internet el italiano Nevio Zeccara (1924-2004). El estilo de Zeccara es realmente bonito y la tinta, que parece también obra suya, es preciosa. Aquí va mi modesto homenaje a los dos.

Una cosa más, que se me olvida. Spider, una serie fascinante protagonizada por un supervillano, fue creada por Jerry Siegel, sí, uno de los papás de Supermán.


La imagen de Spider por Reg Bunn está en Wikimedia Commons.

Science Gossip

Ya lo he puesto en la versión en el blog en inglés, pero por si a alguien le interesa, hemos producido una serie para televisión titulada "Science Gossip" que pretende llevar la divulgación científica con humor y gracia para todas las edades. Son en la primera temportada trece episodios centrados en la vida de otros trece grandes nombres de la ciencia. Conocemos sus vidas, sus descubrimientos y detalles jugosos, divertidos y algo indiscretos de sus vidas, como si fuéramos una revista del corazón. De ahí el título: "Science Gossip".

La serie es muy modesta pero se está vendiendo bastante bien. La han comprado en USA, China, Taiwán, Suiza, Argentina, etc.





Las de arriba son las carátulas de la edición china de la serie en DVD. Estamos pensando una estrategia para lanzarla en España.

Gracias a la financiación de FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) la serie es una realidad.

sábado, 11 de octubre de 2014

Sueños de Metal (15) – Robot – Octava Parte



Otras series televisivas que han tenido robots en algún momento de su singladura por las parrillas semanales han sido, en una lista nada exahustiva:

Get Smart (El Superagente 86, Norman Abbott, Don Adams, David Alexander, Reza Badiyi, Earl Bellamy, Richard Benedict, Bruce Bilson, Paul Bogart, Dick Carson, Richard Donner, Harry Falk, Murray Golden, Jerry Hopper, Ron Joy, James Komack, Anton Leader, Frank McDonald, Sidney Miller, Howard Morris, Gary Nelson, Jess Oppenheimer, Alan Rafkin, Don Richardson, Charles R. Rondeau, Eddie Ryder, Jay Sandrich, Joshua Shelley, Nicholas Webster, William Wiard, 1965-1970).

Quark (La Escoba Espacial, Hy Averback, Bruce Bilson, Peter H. Hunt, 1978). Serie protagonizada por el luego director Richard Benjamin, que, en la piel de Adam Quark, capitaneaba una nave de limpieza de basuras en el año 2222; entre su tripulación se contaba un robot, Andy, interpretado por Robby Porter, que se suponía había sido construido por el propio Adam Quark; lo que finalmente nos indica por qué Quark está comandando una nave de recogida de basuras y no se ha dedicado a la ingeniería robótica.

Gilligan's Island (La Isla de Gilligan, Rodney Amateau, Jack Arnold, George Cahan, Stanley Z. Cherry, Hal Cooper, Richard Donner, Leslie Goodwins, Jerry Hopper, Anton Leader, Ida Lupino, David Orrick McDearmon, Tom Montgomery, Gary Nelson, John Rich, 1964-1967).

Green Acres (Green Acres, Richard L. Bare, Bruce Bilson, Ralph Levy, 1965-1971)

Holmes and Yoyo (Holmes y Yoyo, Jack Arnold, John Astin, Reza Badiyi, Jackie Cooper, Richard Kinon, Noam Pitlik, Leonard Stern, 1976). Contaba las aventuras de un detective de la policía y su torpe ayudante robótico, de quien por otro lado sólo teníamos constacia de su condición artificial por una especie de calculadora científica que sobresalía de su pecho.

The Lucille Ball Show (The Lucille Ball Show, Jack Donohue, 1962-1968).

My living Doll (My living Doll, Lawrence Dobkin, Ezra Stone, 1964-1965). En ella, el Dr. Carl Miller desarrollaba a AF 709, una sexy robot de compañía interpretada por Julie Newmar, la Catwoman de la serie televisiva Batman, y con el paso de los años una de las pocas personalidades cuyo nombre aparece como parte del título de una película, en To Wong Foo, Thanks for Everything, Julie Newmar (A Wong Foo ¡Gracias por todo! Julie Newmar, Beeban Kidron, 1995).

Saturday Night Live (Saturday Night Live, Beth McCarthy, Paul Miller, James Signorelli, Dave Wilson, 1975) ha ofrecido variados sketches protagonizados por robots. Inútil intentar enumerarlos aquí.

Small Wonder (Small Wonder, Peter Baldwin, John Bowab, Dick Christie, Bob Claver, Linda Day, Selig Frank, Leslie H. Martinson, 1985-1989). Vicki, un robot infantil que semeja una niña de 10 años, hace las delicias de la familia que lo ha adoptado.

Sledge Hammer! (Sledge Hammer!, Daniel Attias, Reza Badiyi, Bruce Bilson, Bill Bixby, Charles Braveman, Martha Coolidge, Jackie Cooper, Charles S. Dubin, Kim Manners, Dick Martin, Reymour Robbie, Thomas Schlamme, James Sheldon, Bob Sweeney, Gary Walkow, David Wechter, 1986-1988). El duro agente Hammer persigue constantemente a un científico loco y su robot B.O.R.C.. Tras sufrir heridas graves, es convertido en un cyborg justiciero ¿les suena?

Wonder Woman (Wonder Woman, Jack Arnold, Bruce Bilson, Michael Caffey, Barry Crane, Alan Crosland, Ivan Dixon, Curtis Harrington, Gordon Hessler, Leonerd Horn Bob Kelljan, Richad Kinon, Stuart Margolin, Leslie H. Martinson, Don McDougall, Dick Moder, Sigmund Neufeld Jr., John Newland, Seymour Robbie, Charles S. Rondeau, Alexander Singer, Herb Wallerstein, 1976-1979) Adaptación del popular superhéroe femenino de la DC Comics, interpretada en carne por la turgente Lynda Carter; también hubo una serie de animación con Wonder Woman, Super Friends, en la que aparecían robots en diversos episodios, con excelentes diseños de Alex Toth.

Lois and Clark (Lois y Clark, las Nuevas Aventuras de Superman, Daniel Attias, James R. Bagdonas, Robert Butler, Jim Charleston, James A. Contner, Bill D'Elia, Mel Damski, Steve Dubin, Peter Ellis, Félix Enríquez Alcalá, Richard Friedman, Kenn Fuller, James Hayman, David Jackson, Winrich Kolbe, John T. Kretchmer, Les Landau, Michael Lange, Alan J. Levi, Chris Long, Geoffrey Nottage, Jim Pohl, Gene Reynolds, Joseph L. Scanlan, Lorraine Senna Ferrara, Philip Sgriccia, Robert Singer, Mark Sobel, Michael Vejar, Michael W. Watkins, Miles Watkins, Randall Zisk, 1993-1997).

Superboy (Superboy, Reza Badiyi, Kenneth Browser, Colin Chilvers, Jackie Cooper, David Grissman, Andre R. Guttfreund, David Hartwell, John Huneck, Danny Irom, Jefferson Kibbee, Peter Kiwitt Richard J. Lewis, Hugh Martin, Chuck Martinez, Thierry Notz, David Nutter, Joe Ravitz, Tracy Roberts, Bryan Spicer, Mark Vargo, Robert Wiemer, 1988-1990). Superboy, esto es, Superman en su adolescencia, se enfrenta con el robótico villano Metallo en varios episodios, uno de los malvados clásicos de la serie de comics de DC.

The Fantastic Journey (El Viaje Fantástico, Barry Crane, Art Fisher, Victor French, Alf Kjellin, Vincent McEveety, Andrew V, McLaglen, David Moessinger, Irving J. Moore, Virgil W. Vogel, 1977).

Mann and Machine (Mann and Machine, Allan Arkush, James A. Contner, Bill Corcoran, Vern Gillum, Brian Grant, William Laurin, Armand Mastroianni, James Quinn, 1992).

Robosaurus / Steel Justice (Robosaurus / Steel Justice, Christopher Crowe, 1992), una TV Movie producida por NBC en la que un robot con forma de dinosaurio gigante defiende la ley y la justicia (!!), vengando la muerte del hijo del protagonista -en realidad el Robosaurus del título es una gigantesca atracción teledirigida de 13 metros de altura y 30 toneladas de peso, representando un dinosaurio robótico escupefuego que está de gira todo el año en los Estados Unidos.

Not Quite Human (Not Quite Human , Steven Hilliard Stern, 1987), Not Quite Human II (Not Quite Human II, Eric Luke, 1989) y Still not Quite Human (Still not Quite Human, Eric Luke, 1999), serie de películas para televisión de Disney en las que asistimos a las desventuras de Chip, un androide adolescente en su interacción con los humanos de su edad -chicas sobre todo, claro-.

Ulysse 31 (Ulises 31, Bernard Deyriès, Kyouse Mikuriya, Tadao Nagahama, Kazuo Terada,1981), producción franco japonesa de aventuras espaciales animadas destinada a jóvenes, que pretendía acercarlos al mundo de la mitología a través de las aventuras espaciales de Ulises y su hijo Telémaco. El robot de la función, llamado Nono, no tiene mayor interés que en otros productos similares; un compañero de aventuras, a la vez que pareja cómica.

En La Guerra dei Robot (War of the Robots, Alfonso Brescia, 1978), otro remedo de Star Wars, unos científicos son secuestrados por una raza de robots alienígenas que se extinguen (!!) con el fin de que les ayuden a resolver su problema. Un grupo de valientes humanos tratará de rescatar a los insignes científicos de las garras de los trastos metálicos que se los han llevado consigo. Bueno, pues que conste.

En la norteamericana Ice Pirates (Guerreros del Espacio, Stewart Raffill, 1984), con el televisivo Robert Urich, una de las mejores -y más tardías; se estrenaba un año después de realizada Return of the Jedi- aventuras espaciales nacidas en la estela del éxito mundial de Star Wars, podemos ver, además de peleas a espada, persecuciones de naves espaciales, tiroteos tipo western, monstruos, robots luchadores y guerreros de lo más variopinto. En un universo en el que los piratas espaciales se ganan la vida saqueando naves despistadas, el agua es el bien más preciado, y se trafica con ella. Nuestros protagonistas, unos bizarros piratas del espacio, son secuestrados y vendidos a una princesa estelar, quien les pedirá sus servicios para que encuentren a su padre desaparecido. Una película de bucaneros y capa y espada de los 50, pero en los 80. Pura space ópera. Y los robots no están mal.

Key the Metal Idol (Key the Metal Idol, Hiroaki Satô, 1994) es una serie de OVAS (Original Video Animation) en las que Tokiko "Key" Mima es una joven robot que quiere alcanzar la categoría de ser humano. Como ocurre en el más reciente animé japonés, Key the Metal Idol resulta ser una estilizadísima serie, repleta de momentos increíblemente densos, aunque poblada por personajes unidimensionales. Desde hace décadas el animé está investigando nuevas fronteras temáticas y estilísticas en su arte de hacer animación limitada y contar historias con dibujos -no olvidemos que los mangakas son enormemente respetados en el país del Sol Naciente, y en ocasiones prácticamente venerados, y que los mangas tienen millones de lectores voraces pertenecientes mayoritariamente al público adulto-; Key the Metal Idol sigue esa tónica de productos francamente extraños para la mente occidental, extremadamente diferentes a lo que estamos acostumbrados a consumir a este lado del mundo. Precisamente por eso, un OVA como éste merece ser disfrutado, junto con la más reciente producción de calidad de este género llegada de Japón; es probable que mucha de la ciencia-ficción cinematográfica del mañana esté dando sus primeros pasos en tan lejanas tierras. Con todo, este producto, elegido de entre otros muchos, revela nuevos intereses en la mezcla genérica, convirtiéndolo, como mucha de la producción animé reciente, en un híbrido difícilmente clasificable; robots que quieren ser personas, que sufren manifestaciones paranormales y sentimientos extremos, que aman y odian a sus gemelos biológicos, víctimas de la envidia y la más humana pasión, los robots del manga y animé japoneses de los noventa aún nos pueden dar muchas sorpresas.

Añadiré, por puro afán completista, el robot que aparece en Revenge of the Nerds (La Revancha de los Novatos, Jeff Kanew, 1984), un indescriptible trozo de bazofia fílmica -aunque casi medio millón de españoles pensaron lo contrario, conviertiendo la película en uno de los éxitos del año-, con novatos medio imbéciles siendo vejados por un grupo de deportistas universitarios. Uno de los novatos protagonistas es Anthony Edwards, quien se haría famoso una década más tarde en su papel del Dr. Mark Greene en la serie televisiva ER. El robot de Revenge of the Nerds es una especie de trasto en forma de kit de montaje, que sirve como ordenador personal. Francamente olvidable. La película fue seguida por 3 secuelas: Revenge of the Nerds II: Nerds in Paradise (Revenge of the Nerds II: Nerds in Paradise, Joe Roth, 1987), Revenge of the Nerds III: The Next Generation (Revenge of the Nerds III: The Next Generation, Roland Mesa, 1992), y Revenge of the Nerds IV: Nerds in Love (Revenge of the Nerds IV: Nerds in Love, Steve Zacharías, 1994), las dos últimas, directas para la televisión. Uno de los guionistas de la película, Miguel Tejada-Flores, también lo fue de la más interesante -pero algo floja- Screamers (Screamers, Christian Duguay, 1995). Protagonizada por Peter Weller (el Robocop de las primeras entregas) en el papel del Coronel Hendriksson, con Dan O'Bannon como coguionista, adaptando el cuento Second Variety de Philip K. Dick.

Una vez más, Dick es un recurso habitual para argumentos del cine de ciencia-ficción, con títulos basados en sus relatos o novelas como Blade Runner -del cuento Do Androids dream on Electric Sheep?-, Total Recall (Desafío Total, Paul Verhoeven, 1990) -del relato breve We can remember it for you wholesale-, Impostor (Impostor, Gary Fleder, 2001) -del cuento del mismo título- o Minority Report (Minority Report, Steven Spielberg, 2002) -del relato homónimo-, todas ellas más que interesantes, siendo esta que comentamos ahora una de las menos afortunadas adaptaciones del complejo universo dickiano al cine.

Los screamers que dan título a la película son unas criaturas artificiales autoreplicadoras -puras máquinas de Von Neumann- en forma de sierra circular que son utilizadas para la eliminación de formas de vida hostiles al hombre en el planeta minero Sirius 6B, en el año 2078; es una época en la que dos facciones se enfrentan en el planeta en una guerra fratricida, y los screamers han demostrado ser un arma de gran utilidad. Los pequeños robots letales se vuelven de repente en contra de las personas y empiezan a masacrar sistemáticamente a los mineros; al parecer sus órdenes primarias han cambiado a causa de la evolución propia de criaturas vivientes que se reproducen, y ahora los screamers cumplen la única misión de eliminar todo tipo de vida sobre la superficie de Sirius 6B. Hendriksson, asqueado de una guerra salvaje que enfrenta a humanos con humanos, causa última de la existencia de los screamers, tiene la misión de acabar con las peligrosas criaturas antes de que éstas acaben con todo vestigio humano en la colonia minera. La guerra que devasta el planeta ha sido olvidada tiempo atrás en la lejana Tierra, y las gentes de Sirius 6B tienen que solucionar el problema sin esperar ayuda externa alguna. La película tiene un presupuesto medio para un film norteamericano, de 11 millones de dólares, pero considerado bajo si lo que se pretende es realizar un film de ciencia-ficción de alto nivel. Otro detalle de interés; en la película aparece un robot diabólico, llamado David (Michael Caloz), que es acompañado de un oso de peluche que casi parecen extraidos directamente de la película A.I., de la que hablaremos más adelante.

Unos extraterrestres con aspecto robótico –uno de los mejores diseños de la época- invaden la tierra en el pequeño clásico con efectos del genial Ray Harryhausen Earth Vs. the Flying Saucers (Earth Vs. the Flying Saucers, Fred F. Sears, 1956), con un eficiente guión de Curt Siodmak. La película vendría seguida de indecibles films de ínfima calidad, de los que baste como ejemplo la descacharrante Satan's Satellites (Satan's Satellites, Fred C. Brannon, 1958), remontaje en un solo largometraje del serial Zombies of the Stratosphere, realizado 6 años antes, al que ya nos hemos referido previamente al comentar de forma somera los seriales.

Más bien poco se sabe de The Robot of Regalio (The Robot of Regalio, Hollingsworth Morse, 1956), un episodio de la serie televisiva británica -era una producción ITC; International Television Corporation, años después responsable de la serie Space:1999- Rocky Jones, Space Ranger (Rocky Jones, Space Ranger, Hollingsworth Morse, 1954), de un total de 39 episodios de media hora de duración cada uno, destinados al público intantil, aunque se adivina distrutable ese producto de ciencia-ficción británico de los 50, y con robots de por medio. Con el antecedente de Devil Girl from Mars, todo es posible.

La carátula de DVD de "Quark" ("La Escoba Espacial") se usa bajo derecho de cita.