lunes, 27 de enero de 2014

Epistolario (2 de 5)







A continuación iré posteando varias cartas que he ido remitiendo recientemente a las Comisiones del Congreso de los Diputados, así como a otras instituciones.


He intentado hacer llegar a algunos responsables públicos mis impresiones e ideas sobre ciertos asuntos que creo pueden ser de interés. 


Esta primera la remití a varios Ministerios, a la Dirección General del ICAA, etc.



--oOo--


Saludos,

Mi nombre es Elio Quiroga-Rodríguez. Soy director y productor de cine afincado en las islas Canariaa. He estado en la Junta Directiva de FAPAE, soy miembro de EGEDA y ACEPA, donde hemos desarrollado para Canarias documentos que considero claves, como el Libro Blanco del Audiovisual Canario o las Conclusiones de las Cumbres Audiovisuales de Canarias. Asimismo he producido dos largometrajes hasta ahora, diversos cortometrajes, así como otros productos audiovisuales (series, videojuegos, software de entretenimiento).

Como productor independiente al frente de una pyme -ultrapyme realmente- he pasado por la experiencia del negocio del cine en todos sus aspectos, que pasan por las ayudas al Cine en España, trabajando directamente con el ICAA, desde el inicio de los proyectos hasta la entrega final de las copias. Asimismo tengo experiencia en venta a televisiones, créditos ICO, etc. en esas mismas películas. Al ser un productor muy pequeño en muchas ocasiones me he visto siendo la única persona que lo hace casi todo en la producción a efectos de trámites, desde llevar la primera copia a Cabina a solicitar los cartones de calificación o preparar el producto para su venta internacional.

A lo largo de estos años hemos generado a partir de unos 700.000 Euros que han obtenido en ayudas públicas del ICAA unos beneficios al estado de aproximadamente 2.500.000 Euros, tirando por lo bajo. Las producciones que he realizado se han vendido además muy bien en el extranjero, 40 territorios en el caso del largometraje de terror “No-Do”, y 35 territorios en el caso del largometraje de ciencia-ficción “La Hora Fría”. Gran parte de nuestros ingresos han venido de esta vía por lo que nos hemos convertido en exportadores netos.

El haber bregado con la legislación española en todos los aspectos y haber tenido que hacerlo sin intermediarios me ha dado una cierta visión del estado de cosas del cine en España, del que las ayudas son parte importante, si no vital. Muchos arriesgamos nuestros patrimonios en esas producciones, por lo que estamos siempre a punto de sufrir una catástrofe financiera, algo por otro lado bastante normal en las empresas pequeñas, con igualmente pequeño margen para el error.

Y precisamente por ese contacto directo, y por haber asistido tantas veces a reuniones de FAPAE y ACEPA en las que he podido escuchar los problemas que sufren otros empresarios como yo, creo haber encontrado una modesta propuesta que quisiera hacer extensiva a ustedes.

En ocasiones, cabe aplicar ese viejo adagio, creo que acuñado por Bert Lance, que dice lo de “si funciona, no lo arregles” (“If it ain't broke, don't fix it”). En el caso de la legislación de cine en España, gracias a ella nos hemos puesto en el mapa del cinema internacional, nuestras películas y creadores tienen merecida fama mundial, exportamos cine y, desde el punto de vista económico, cada Euro que el Estado invierte en cine lo recupera multiplicado por tres. No creo que sea la mejor legislación posible -todos los países más desarrollados de nuestro entorno europeo tienen legislaciones más favorables al negocio del cine-, pero en cambio la experiencia de su aplicación durante varias décadas lo ha convertido en una herramienta que funciona.

Todo esto me hace plantearme que la norma existente, con sus problemas ciertos e indudables, mejorable, sí, imperfecta, también, es en estos momentos lo mejor que podemos tener. Sustituirla por una futura ley de mecenazgo puede ser un gran problema sobre todo porque esos pasos radicales en lo legislado requieren desde un cambio en la mentalidad de los inversores y posibles mecenas (esto es, de toda la sociedad), hasta un cambio completo en la legislación que gira alrededor del asunto. Todo eso, llevado a cabo sin procesos de transición o interfiriendo con una legislación funcional, puede causar una catástrofe.

De ahí que me haya permitido escribirles esta carta, en la que les quisiera transmitir una posible solución de continuidad para el cine español. Mi propuesta, basada en la cita de Bert Lance, es mantener la legislación como está, si bien realizando unos mínimos cambios que la mejoren. Me explico, pues se puede resumir en dos puntos:

1-Sobre las ayudas sobre proyecto.
Creo que han funcionado muy bien. Estando restringidas como están a los llamados “nuevos realizadores” (los que han hecho como máximo 3 películas) y obras experimentales, sirven para favorecer al nuevo talento, pero cierran el acceso al cine más industrial, así como a los directores más veteranos, lo que genera un grave hiato en muchas carreras de grandes realizadores, e incluso su retirada de la profesión (lo que en tiempos de crisis se produce cada vez más). Con el fin de que ello no ocurriera, yo aconsejaría reforzarlas, acabando, eso sí, con el límite de los nuevos realizadores, de manera que cualquier proyecto pudiera obtenerlas por concurso de méritos en igualdad de condiciones. Esto al mismo tiempo ayudaría al cine español en general, ya que el grave problema de la falta de crédito bancario actual se vería parcialmente solventado por estas ayudas que se cobran a priori. Tal vez sugeriría crear una mínima distinción por género: experimental, documental, animación, ficción, de modo que hubiera diversas partidas para cada una.

2-Sobre las ayudas a posteriori.
El reforzar las ayudas a priori podría ir en detrimento natural, y no traumático, de las “a posteriori”, que como se sabe constan de dos tipos, las de taquilla, y las basadas en el coste. Si el reforzamiento de las ayudas sobre proyecto fuera suficiente, podría permitir eliminar las basadas en el coste y dejar únicamente las de taquilla, que siendo automáticas (se paga un 15% de la recaudación) premian el riesgo de los productores en taquilla, esto es, el cine más industrial, sin olvidar el mas pequeño e innovador, con un baremo independiente, ese 15% de la recaudación. Al mismo tiempo la eliminación del segundo tipo coadyuvaría a la desaparición del tristemente famoso “fraude de taquilla”1

No planteo más cambios; eso sí, abogo por un reforzamiento de los fondos -comprendiendo los malos tiempos que atravesamos económicamente, sería algo a considerar a medio plazo-, o cuanto menos que no disminuyan. De esta manera, creo que se podría llegar a esa posición en la que “nadie está contento”, pero “todos están de acuerdo”, que al final es de lo que puede tratar el ejercicio de la política.

En fin, sólo quería aportarles mi grano de arena, esperando que sea de utilidad. Sin otro particular, aprovecho la ocasión para saludarles cordialmente, y desearles todo lo mejor en su labor.

1No obstante, el “fraude de taquilla” se puede eliminar totalmente con un seguimiento inspector remoto de las recaudaciones, que están afortunadamente informatizadas, con un coste mínimo. Cualquier tipo de fraude, que siempre está localizado en el proceso de exhibición, sería cortado de esta manera de raíz.


A la fecha de publicación de esta carta aquí, aparte de una amable respuesta de Susana de la Sierra, Directora General del ICAA, por email, así como de un par de funcionarios y el Jefe de Gabinete del Ministro, nadie con poder decisorio se ha interesado en discutir la propuesta. Esta carta due remitida a: Dirección General del ICAA, Gabinete del Ministro de Cultura y Ministro de Hacienda.



La imagen que ilustra este texto está en Wikimedia Commons. Intimate portrait of a man writing a letter. Año: 1900-1910. Autor desconocido. Está en dominio público. 

domingo, 26 de enero de 2014

Flirteando con el desastre



Yo no sé qué va a pasar mañana, pero sí sé leer una gráfica, y sé pensar. Lo que está ocurriendo en España no tiene precedentes, y lo que viene es para echarse a temblar. No lo habremos vivido nosotros, ni país occidental alguno recientemente. Miren el escenario: prácticamente la mitad de la población activa no tiene trabajo, la deuda privada es gigantesca, la pública es imposible de devolver, y todos los indicadores están yendo hacia abajo. Las exportaciones, la población laboral... tenemos una tasa de morosidad bancaria inasumible y la misma banca que no concede créditos ni oportunidades a los ciudadanos y que ha causado parte de este desastre permanece impune y marcando las reglas, sigue especulando con deuda pública y sus líderes, unos auténticos delincuentes de cuello blanco, usan su poder inconfesable para hundir a los pocos jueces que les levantan la voz.

El gobierno que nos ha tocado en suerte es uno de los más mediocres e ideológicamente incapacitados que se se recuerdan. Dominado por miembros de sectas ultracatólicas -o "ultras" sin más-, sobreviven manteniendo a toda costa los privilegios de la casta postfeudal, la de los caciques que heredaron el poder de la dictadura en -eso sí- un trasvase de poder modélico de un sátrapa a sus herederos. No entienden nada de lo que está pasando. Lo suyo es una mezcla de estupidez, ceguera moral, fanatismo político y religioso, e incapacidad de comprender la realidad -ni siquiera son capaces de leer el lenguaje científico que la interpreta-. Trabajan a las órdenes de mandamases exteriores -troika- y no quieren levantar la voz, porque no es educado. Además, no hablan inglés ¿Qué iban a decir? Son tontos y son malvados. Bueno, ambas cosas van de la mano.

¿A dónde nos lleva todo esto? Al desastre. A una implosión catastrófica e inimaginable. La combinación de impudicia, inmovilismo e incapacidad que está definiendo esta legislatura, y que ya es leyenda internacional -véase la recepción de Obama al Presidente del Gobierno español, o los artículos con los que periódicos como The New York Times regalan a locuras como la ley de Gallardón sobre el aborto- va a causar un desastre. La gente no tiene con qué comer, les echan de sus casas, no pueden pagar sus medicinas, no pueden investigar ni estudiar en el extranjero, la indigencia campa por todas partes, las ONG no dan abasto, el edificio democrático se cae sobre las cabezas de los parlamentarios. Los indicadores llevan años en líneas rojas, y este gobierno se ha dedicado sistemáticamente a empeorarlos.

Mediante medios de comunicación comprados, ignorando, claro que la sociedad ya no se informa así, pretenden engañar a la población que sabe interpretar la realidad, y la furia va en aumento ¿Qué parará cuando todo estalle? Porque va a estallar. La prima de riesgo se alzará, la bolsa de hundirá, ocurrirá otro Gamonal, y entonces nadie podrá pararlo, y habrá vidas en peligro. ¿Cómo es posible que se declare que "estamos saliendo de la crisis" impunemente desde todos los medios y desde la mismísima presidencia y vicepresidencia del gobierno? ¿Estamos locos o qué?

Porque nuestro problema no está solo. El problema exterior mayor es la monstruosa burbuja especulativa china, que cuando estalle causará una honda expansiva que convertirá el escándalo subprime de 2007 y las consecuencias que arrastramos de las burbujas especulativas locales en un chiste. Va a ser un tsunami de proporciones bíblicas. De esto este gobierno de incapaces no sabe nada, claro.

La deuda no se puede pagar, estamos causando sufrimiento inútil -uso la primera persona del plural porque una mayoría absoluta puso a esa gente en el gobierno, y según la Constitución nos representan a todos, a pesar de que sus normas estén diseñadas para favorecer a grupúsculos de poder-, en una agonía de un sistema que lleva meses y meses costando vidas humanas -¿Han visitado un hospital recientemente?-. 

Han demostrado ser unos incapaces, piensan como niños y se limitan a trabajar al dictado de intereses que no nos sirven ya. 

Nos gobiernan hombres-niño.

O se van a su casa ya, ayer, o esto va a ser una catástrofe. Y lo que viene es atroz, realmente atroz. Y nadie está haciendo nada. O ponen esto en manos de gente capacitada, sean quienes sean, o... ni me atrevo a decirlo. De verdad, no me atrevo.


La foto es de Wikimedia Commons, está en dominio público. "Great Depression: unemployed, destitute man leaning against vacant store". El lugar es San Francisco, California. Año: 1935. Fuente: Franklin D. Roosevelt Presidential Library and Museum Autora: Dorothea Lange. La serie de fotos sobre la Gran Depresión de Lange es uno de los testimonios más extraordinarios de aquel tiempo. Su foto de una mujer inmigrante con sus hijos es un retrato de aquel tiempo terrible que se ha convertido en icono.

sábado, 25 de enero de 2014

El capitalismo suicida



De las cosas que más me asombran del mundo en el que vivimos en estos días es ver cómo, en tiempos críticos, las grandes empresas que prestan servicios básicos se lanzan al barranco para estrellarse y perecer con una energía digna del fanáticos. Me explicaré, que esto puede sonar un poco raro. Es algo que llamo “Capitalismo Suicida”. El gigante devorándose a sí mismo.

El esquema del capitalismo especulativo global que domina el mundo actualmente, y claro, este país nuestro, es el de las grandes empresas que fagocitan empresas más pequeñas a su antojo, y viven bajo una máxima innegable, un axioma de trabajo: El aumento a toda costa del beneficio anual. Una ideología que impregna gobiernos, políticas continentales y planes oficiales a largo plazo como si fuera la Verdad revelada.

Ese aumento a toda costa es un imposible por definición, pues nada puede crecer indefinidamente y más aún hacerlo aislándose de las mareas económicas que recorren el mundo periódicamente. Cuando las empresas se encuentran con que no pueden afrontar esa obligación, ese dogma anual para sus accionistas (que suelen ser fondos de inversión) del crecimiento continuo e imparable, empiezan a consumirse a sí mismas, a autodestruirse, para mantener ese crecimiento, ahora falso, en sus balances. 

Ya sea vía ERES, que llevan a tener menos empleados y peor pagados, o vía venta de empresas que habían fagocitado en el pasado, o mediante la venta de inmbuebles, propiedad intelectual, etc. (y aunque se tengan beneficios, miren lo que está haciendo CocaCola estos días en España), la gran empresa se va vaciando de contenido, y empieza a dedicar parte de su energía y su capital a mejorar ese proceso autodestructivo. Se genera I+D para la propia inmolación, se eliminan departamentos enteros cuya actividad luego se subcontrata por costes miserables a empresas satélites incapaces de toda autonomía, o se automatizan ciertos procesos, eliminando trabajadores (el ejemplo de las compañías de telecomunicaciones y sus SAT en terceros países o servidos por sistemas automatizados de reconocimiento de voz lo hemos sufrido todos). La consecuencia, elemental para cualquiera con dos dedos de frente, es que el servicio que la empresa ofrece, y que es lo que hace que gane dinero, se resiente: acaba empeorando, ergo los clientes están crónicamente descontentos y se van con la competencia, la cual, curiosamente, al imperar el dogma autodestructivo en todo el tejido económico, está en un proceso análogo, por lo que al final el desgraciado cliente es consciente de una dura realidad: no tiene a dónde escapar. Todas son iguales. Es más, tratándose de oligopolios es normal que organicen cárteles y negocien precios en secreto, algo teóricamente ilegal. Teóricamente, porque ratamente se penaliza.

Porque en este esquema de la no-vida empresarial los Estados han elegido aceptar el dogma imperante, que implica una mínima intromisión en las actividades de esas grandes empresas, y por tanto todas estas acciones que acaban siendo lesivas para los clientes de esas empresas, quedan impunes pues nadie las sanciona. Los Estados se quitan de en medio, haciendo dejación de sus obligaciones  Esas empresas, además, suelen ser oligopolios que antes pertenecían al Estado (es decir, a la ciudadanía) y fueron privatizados en el pasado por los mismos señores que ahora las dirigen, en ese juego de puertas giratorias que lleva a los responsables públicos a trabajar en la directiva de esas empresas neoprivadas como retiro dorado.

Es un sistema perverso que no ayuda a nadie y a todos perjudica a la larga. Los servicios que resultan, son peores y más caros. La protección del consumidor es menor, y las empresas entran en una dinámica de destrucción de su propio tejido productivo, olvidando que son sus empleados quienes las hacen cada día mejores, y que vaciarse de ellos las convierte en carcasas huecas que acaban derrumbándose sobre sí mismas arrastradas por su propio peso.

Las señales de alarma llegan de todos lados, y las empresas sumidas en ese proceso acaban sucumbiendo y forzando al Estado a acudir en su rescate. Y finalmente la ciudadanía a la que servían cuando eran bienes públicos, tiene que salvarlas porque en casi todos los casos esos oligopolios prestan servicios básicos y sensibles, como electricidad, telecomunicaciones, abasto, limpieza, etcétera.

Lo extraño es que una ideología tan perversa y tan estúpida aún goce de tan buena salud. Los directivos de esas empresas son generalmente títeres extraídos de la clase política como pago de favores, gente que no está preparada (ni mucho menos) para los puestos que ocupan, pero que han aceptado a cambio de una vida cómoda el residir en ese estado de cosas y mientras sea posible enriquecerse de él. Y los puestos intermedios que toman las decisiones suelen ser MBA criados en esa secta para la cual los dogmas de aplicación son indiscutibles. Es una nube de gente que cumple el principio del techo de cristal, cegados por la ideología y/o por la ambición, que finalmente resulta incompetente. El problema es la destrucción generalizada que causan, y el dolor que costará recuperar todo lo que han hecho perder a las sociedades de las que maman como sanguijuelas.

Y es que las empresas suicidas, dirigidas por fanáticos y sinvergüenzas, convertidas en gigantescos parásitos, son uno de los principales problemas que nuestros países deberán de afrontar tarde o temprano. 

Si ese concepto de la libertad empresarial merece realmente la pena, es algo que debemos de plantearnos urgentemente.


La ilustración es de Fred Barnard, para la edición de "Un cuento de Navidad" de Charles Dickens (1887).  "This pleasantry was received with a general laugh" (p. 28). Muestra a uno de los socios de Scrooge, un tipo especialmente gordo. La fuente original está aquí. Escaneado por by Philip V. Allingham. Está en dominio público, en Wikimedia Commons.

martes, 21 de enero de 2014

Gripe Española



En estos días la prensa se ocupa, en noticias no demasiado destacadas a pesar de su importancia potencial, de la preocupante epidemia de Gripe A en España. Responsable de varias muertes ya, y de decenas de ingresos hospitalarios, la alarma se ha desatado al revelarse que casi la mitad de la población de riesgo, a la que esa enfermedad puede causar graves daños, no se ha vacunado de la gripe este año.

Hablamos de un problema que afecta a toda la sociedad. Las políticas de vacunación masiva de la población para la gripe se han visto afectadas por los recortes, y las campañas de difusión prácticamente han desaparecido. La gente mayor, que es el colectivo más vulnerable, puede no saber que la vacunación es gratuita. Las consecuencias de este estado de cosas pueden llevar a la pérdida de vidas. Y cuando esa línea roja de atraviesa, es mejor que nos preguntemos qué está pasando.

Ente las noticias al respecto en las versiones online de los medios de comunicación, he comprobado, alarmado, una vasta ignorancia por parte de un apabullante porcentaje de quienes escriben en las secciones de comentarios al respecto. Me alarma que haya tanta gente que exhiba tal falta de información, y que por el mero hecho de pagar una conexión a internet y un modem (o un smartphone) resulten creerse tocados de la sapiencia en políticas sanitarias, y que se dediquen a enmendarle la plana a la Organización Mundial de la Salud. Pero eso es lo que hay. Así funciona el paisanaje, a lo que se ve, en este país. Hoy toca poner a caldo las vacunas, y mañana negar el alunizaje de 1969.

Los tópicos son siempre los mismos entre este grupo de conspiranoicos: que si es una maniobra de las farmacéuticas para vender vacunas, que es todo mentira, que la OMS es una especie de Spectra creada para satisfacer oscuros intereses corporativos, etcétera. El problema de esas opiniones, vertidas por doquier en las webs de los grandes medios de comunicación, es la terrible irresponsabilidad que entrañan. Una persona poco informada, mayor o perteneciente a un grupo de riesgo, que se guiara por ellas desitiría de vacunarse, y su vida podría estar en peligro. Y he aquí la mayor inconsciencia, tanto de los que escriben esas notas como de los medios que las publican: hay vidas humanas en juego, y eso parece importar poco. 

Discutir las decisiones contrastadas por décadas de experimentación es de idiotas. Publicarlo para que otros queden desinformados, mezcla la estupidez con la maldad (que en ocasiones, sabemos, son inseparables). Por supuesto, los que escriben esas barbaridades, muy en boga por la moda de los grupúsculos antivacunas y otros cretinos medievales, no son conscientes de que sus opiniones erradas pueden afectar las de personas que sí necesitan ser vacunadas. La relación causa-efecto aparece como demasiado difusa. Es escalofriante que la gente se comporte de esta manera, sobre todo porque el asunto se acaba resumiendo en un problema de ilustración y de formación básica.

Gente que no sabe diferenciar entre una bacteria y un virus se automedica antibióticos en un porcentaje altísimo en España para curar un resfriado según noticias publicadas recientemente, cuando casi todos los resfriados comunes tienen origen vírico. ¿No sería necesario informar a la población de las consecuencias de esos errores que no son sino falta de formación científica elemental, de cultura general? ¿Qué podemos hacer? Pues formar al ciudadano, claro. No vamos a hurtarle la libertad de expresión, pero es que no todo vale a la hora de opinar. Decir estupideces peligrosas no debería de ser lícito. Lo mejor sería evitar que esas estupideces se generaran en la mente calenturienta de los desinformados, y para eso sólo cabe una opción: formar a la gente.

Todo parece surgir de la epidemia de Gripe A de 2009, año en el que la OMS decidió aplicar una política de máxima prudencia ante el salto entre seres humanos del virus aviar (de ahí la letra A) causante de aquella enfermedad, conocido como H1N1. La decisión no era baladí. El H1N1 es un viejo conocido, por desgracia, para nuestra especie. En 1918 causó la que se considera como la peor epidemia de una enfermedad contagiosa desde los años de la peste negra, la conocida como “gripe española” (el origen del término es bastante curioso), que mató, se estima, entre 50 y 100 millones de personas en unos pocos meses (¡aquel cabrón exterminó en muy poco tiempo a cerca del 6% de la humanidad!). El H1N1 es un genocida, y nos salvamos de la extinción porque el virus mutó durante la espantosa epidemia del 18, pero estuvimos cerca de una situación catastrófica que hubiera puesto en peligro la supervivencia de la especie humana.

No hay que olvidar que los virus, y más aún los de la gripe, son imprevisibles. Mutan de ordinario en un ejemplo cotidiano de los efectos de la selección natural, se cruzan entre ellos, toman materiales de las células que parasitan -un virus es incapaz de reproducirse por sí mismo, está en la barrera entre lo vivo y lo inerte y su simplicidad es su principal arma- y cambian su superficie proteica externa de forma asombrosamente rápida. Y esa superficie característica es precisamente la que permite a nuestro sistema inmunitario reconocerlos, y es la que usan las vacunas: carcasas o partes de virus inactivos (dependiendo de la marca) que informan al sistema inmune de la persona de esos nuevos virus. Es decir, una vacuna es información. Le dice a nuestro sistema inmune: estas son las características de estos bichos. Archívalas por si te invaden, y así podrás responder rápidamente a su ataque.

El problema que la vacuna resuelve es que nuestras defensas indentifiquen al enemigo prontamente si nos visita y puedan acabar con él antes de que la enfermedad se apodere de nuestro organismo. Pero los virus de la gripe mutan tanto y son tan impredecibles, que cada año hemos de informar de nuevas cepas a nuestros sistema inmune, vía vacunas. En una enorme campaña se solicita que la gente que forma parte de los grupos de riesgo -profesionales sanitarios, gente mayor, personas inmunodeprimidas, etc.- se vacune. Es un asunto de pura supervivencia, y uno de los grandes logros de la humanidad. El simple y cómodo gesto de la vacunación, algo a lo que parecemos quitar importancia, desde los tiempos de Pasteur han salvado miles de millones de vidas humanas. Y lo seguirán haciendo, si no interferimos en los programas de vacunación que se han desarrollado a lo largo de décadas de experimentación.

En los comentarios a las noticias en internet referentes a la Gripe A, las medias verdades y las falsedades aparecen por todas partes. Es muy común afirmar que en 2009 la OMS ordenó a los países que compraran masivamente vacunas ante la epidemia de Gripe A. Eso es una media verdad. Lo que se hizo fue hacer acopio de vacunas -no del todo probadas por las prisas- y antivirales. Un antiviral no es una vacuna. Es el equivalente a los antibióticos para los virus, una sustancia que intenta acabar con la enfermedad ayudando al organismo, pero una vez la enfermedad se ha contraído. El problema es que hay muy pocos antivirales desarrollados y no son muy efectivos, pero ante la eventualidad del H1N1 esparciéndose entre la humanidad, y conociendo sus antecedentes genocidas, era la única política posible: ponerse en el peor de los mundos, comprar millones de dosis de antiviral (hacerlo con la epidemia en curso hubiera sido inútil) así como de vacunas y esperar, si el virus tomaba la vieja ruta de elevada mortalidad, que una parte de la población sobreviviera por la combinación de la suerte, las vacunas y los antivirales. 

Finalmente, la cepa de Gripe A de 2009 fue muy leve -algo, insisto, impredecible-, y no ocurrió la temida catástrofe sanitaria. Pero era la obligación de la OMS el ponerse en el peor escenario, dados los antecedentes del virus en cuestión, el mayor asesino de seres humanos que se conoce desde que existen registros. No se podía hacer otra cosa, y la OMS actuó bien. Sin embargo, todo aquello, sumado a la ignorancia, parece haber hecho un terrible daño a una asociación que sólo vela por la salud de la humanidad, a la que, bien es cierto, pueden acompañar luces y sombras, como en toda actividad humana, pero que no conspira para enriquecer a laboratorios privados, como se insiste machaconamente, por parte de gente incapaz de diferenciar virus de bacterias, o antibióticos de antivirales y vacunas. Gente irresponsable que parece presumir de ignorancia y cuya desinformación puede dañar a terceros.

Actualmente, prácticamente todos los seres humanos vivos tenemos anticuerpos del H1N1 en su cepa de 2009. Resultó ser un virus de elevada morbilidad -alta capacidad de contagio, pues la de 2009 pronto se convirtió en pandemia- pero con leves síntomas cuando se sufría la infección. Si hubiera tenido la capacidad letal de su hermano de 1918, combinada con su elevada morbilidad, es probable que en el mundo ya no hubiera seres humanos. Y como ni la OMS ni nadie tenemos todavía bolas de cristal eficientes que nos permitan ver el futuro, la decisión tomada fue la mejor posible.  Es bien cierto que cuando se emiten señales de alarma excesivas a la población sobre un acontecimiento y este no se produce, se generan reacciones de resentimiento. Es algo que los gobiernos saben bien y que a veces se encargan de combatir quitando hierro a las alarmas, corriendo el riesgo de sufrir otro efecto: que la alarma potencial sea cierta. No son problemas estos de suma cero. Siempre pasará algo. O la catástrofe o el resentimiento. Porque vivimos en un mundo complejo e incierto, y cada día que vive la especie humana es un nuevo experimento alrededor la incertidumbre.

La cepa actual del H1N1, en la que el virus ha cambiado su cobertura proteica lo suficiente como para que nuestro sistema inmune ya no lo reconozca, requiere de vacunación, pues es un poco más agresiva que la de 2009, y la prueba está en las muertes que está causando. Cuando tenemos a cerca de la mitad de la población de riesgo sin vacunarse hemos de pararnos a pensar en si el gobierno ha llevado demasiado lejos sus políticas de austeridad a toda costa, y si eso está costando la vida de inocentes.

Y los irresponsables que emiten opiniones ignaras deberían de abstenerse de hablar, so pena de causar más daño que el que este gobierno que ojalá olvidemos pronto está causando ya.

Ya saben aquel viejo adagio que dice que más vale callarse y parecer tonto, que hablar y despejar todas las dudas.


La imagen está en dominio público y muestra un ejercicio de la Cruz Roja durante la pandemia de la Gripe Española de 1918, en Washington D.C., USA. Está en Wikimedia Commons y proviene de los archivos de la Librería del Congreso.

lunes, 20 de enero de 2014

La cultura de la mentira - 13



Sigo adelante con estos artículos, ya que parece inagotable la fuente de mentiras a la que cada día debemos de enfrentarnos.

La publicidad de automóviles, supongo que por imperativo legal, contiene avisos para los consumidores que se ofrecen en mitad de los anuncios televisivos. Los textos "imágenes rodadas en circuito cerrado por conductores especializados" son comunes, o lo eran, en esos anuncios, al menos antes del advenimiento de esos planos CGI en los que todo, desde el coche a la carretera, son generados virtualmente. Otros textos de advertencia se pueden ver en los hipócritas anuncios de bebidas alcohólicas (parece mentira que España no se haya atrevido aún a regular ese tipo de publicidad televisiva) con el "bebe con moderación", y lo mismo pasa con los anuncios de alimentos ("haz ejercicio regularmente") o con los de medicinas ("este anuncio es de un medicamento, lea las instrucciones y consulte a su farmacéutico"). También en los anuncios de banca o que venden descuentos de algún tipo en cualquier producto -los de telefonía sobre todo- se ofrece algo de información supuestamente real en un rápido -y en ocasiones ilegible, sin que nadie haga nada al respecto, por cierto- scroll de derecha a izquierda de la pantalla, que suele desmentir la oferta anunciada, o cuanto menos matizarla.

Me sorprende que ahora que anunciantes como AXA o BBVA han recurrido a campañas de "testimonio personal real" en las que ilusionados conciudadanos normales y corrientes nos cuentan, o bien lo buenos y heroicos que son de la mano de la aseguradora, que parece una especie de nido de cría de santos, o cómo gracias a las bondades de aquel banco, las empresas pueden emplear a personas sin trabajo, no se usen esos mismos avisos.

Nadie avisa en esos casos de que la gente que habla en esos anuncios son actores, cuidadosamente seleccionados en un proceso de casting en el que nada se ha dejado al azar. Y en el caso de que sean personas reales, la selección ha sido tan intensa que el resultado es idéntico: han pasado un proceso de casting, y que repiten diálogos guionizados. El poder de la publicidad es tremendo, y no estaría de más que las autoridades también obligaran a un mensaje que informara de la verdad:

"Las personas que ve usted en este anuncio no son reales, son actores especializados o cuanto menos han sido seleccionados en un proceso de casting para dar una imagen ideal. Sus experiencias no son reales, sino que han sido dramatizadas"

Seguramente el texto pasaría tan rápido que no se podría leer.


La imagen es de Wikimedia Commons. Poster de la película "The Prodigal Liar" en la revista Moving Picture World. Marzo de 1919. Fuente: Internet Archive. Está en dominio público.

lunes, 13 de enero de 2014

Hermann Oberth


Oberth fue el padre de la astronáutica, y este era el título de la primera grabación de Quaxar, el colectivo experimental que fue el germen de DUE. Hablamos de auténtica arqueología sonora. Fue grabado en 1983 y éramos unos críos, claro, pero hacíamos experimentos con ruido bastante audaces y curiosos. He puesto en Jamendo la grabación para quien quiera investigar la obra. Hay cosas hechas con Casiotones subvoltados, con emisoras de onda corta, con circuitos analógicos diseñados para producir ruido y que iba destrozando a medida que los usaba (lo que hacía las obras irrepetibles, obviamente), era muy divertido cacharrear y experimentar. Creo que todavía ese sentido lúdico está ahí.

La portada era como siempre un collage realizado por mi en aquellas fechas.

martes, 7 de enero de 2014

La Cultura de la Mentira - 12



Hace tiempo vengo observando (y algo he comentado ya aquí sobre ello) cómo progresivamente con más desvergüenza los medios están publicando encuestas "cocinadas" (esto es, retocadas "a favor del cliente") o sencillamente inventadas (no tengo pruebas para corroborarlo) en asuntos cada vez más importantes y notorios. Se nota que se acercan tiempos electorales y que algunos están desesperados.

Lo más grave no es que diarios que no merecen ese nombre publiquen burdas mentiras como esta encuesta, generada por una empresa de dudosa capacidad (no se pierdan el cutre blog que cuelga de su "web", un pastiche patético hecho de imágenes de stock, textos copiados y pegados, sin ni siquiera un mísero teléfono de contacto) como ya demostraba hace ya un par de años este blog (atención a la respuesta a una airada llamada del director del medio que el responsable del blog pone entre los comentarios), sino que otros medios supuestamente más objetivos y profesionales la publiquen sin el menor análisis crítico. Y peor aún (las encuestas falsas se suelen caer solas si sabes algo del asunto) es que ya sea el mismísimo CIS, un organismo público que trabaja para todos los ciudadanos, el que cocine las encuestas de forma descarada, en función de quién ostente el bastón de mando del gobierno. Miénteme, que me lo creo. No me digas la verdad, que no me interesa.

¿Cómo es posible que los medios den carta de verdad a lo que no son más que burdas mentiras? ¿Cómo consentimos que un gobierno mienta de forma sistemática a todo el mundo, sin que nadie les desenmascare?

Tener enfrente a un gobierno al que la verdad le parezca molesta y al que la realidad se le antoje algo despreciable mueve al pánico. No me gusta que me gobiernen fanáticos (está clara la influencia religiosa en la forma de pensar negadora de lo real que impera en el gobierno actual, algo comenté al respecto aquí), y menos aún gente capaz de engañar a las personas que les eligieron y de autoengañarse.


La imagen está en Wikimedia Commons. Es una foto de 1901 mostrando a los alumnos de la Universidad de Chicago ordenados por estatura. Está en dominio público.