sábado, 30 de noviembre de 2013

Los viejos doblajes



TCM está emitiendo en su canal español “Sucedió una noche” (“It happened one night”, Frank Capra, 1934). Esto no es noticia; TCM repite en su parrilla a lo largo del año y en horario de Prime Time una serie de películas “que todos los espectadores conocen” (un mínimo común divisor) según, supongo, sus estudios demográficos y de audiencias, así que este título aparece periódicamente en ese horario.

El caso es que TCM emite una copia doblada con varias lagunas de sonido en las que nadie se ha molestado en añadir un doblaje nuevo ya que, o bien el que se usa en la emisión estaba deteriorado en esas escenas, o no existía (por motivos de censura en la época en que se hizo el doblaje, o de ausencia de nuevos montajes disponibles). Es más barato hacer eso (o sea, nada; ni siquiera subtitular esas escenas que están sin doblar, en las que las voces saltan abruptamente al inglés original y regresan igual de abruptamente al castellano doblado) que organizar un nuevo doblaje para títulos que están, es un suponer, amortizados, y de los que se espera poco más que unos pequeños ingresos cada año.

Los canales que emiten películas (o las empresas que editan DVDs) resuelven estos problemas mediante ciertas estrategias. Si ciertas partes del doblaje que se utiliza para las emisiones o ediciones, generalmente realizado hace unos 30 a 40 años, están deterioradas por viejas, hay que sustituirlas por otras realizadas en el momento presente, es decir, se parchea sólo lo necesario con un par de takes (grabaciones) nuevas de las frases problemáticas, y listo. Para ello y para minimizar costes, se han de buscar actores con voces de doblaje parecidas a la de los actores del viejo doblaje (lo que implica esa extraña sensación de oír por unos instantes una voz diferente durante el metraje), o a los mismos actores en caso de que sigan vivos. Esto, en el caso de la emisión de "Sucedió una noche" ni siquiera se lo han planteado en TCM. A veces me pregunto si alguien hace un control de calidad de esas emisiones de cine.

Un problema de esta política es el doblaje que se adquiere con el título a emitir. Creo que en muchos casos son doblajes realizados entre los últimos 60 y los primeros 80 para Televisión Española, con un conjunto de voces bien reconocibles. El caso es que las copias que se doblaron entonces no tenían banda internacional, es decir, la música y los diálogos están en la misma banda, sin separar, al recibir la película en el estudio de doblaje. Eso obligaba a los estudios de sonido a crear un nuevo canal internacional, diseñando los efectos sala que aparecen en las escenas con diálogos... y también, en ocasiones, las músicas.

Lo de que se realizaron para TVE es una conjetura. Parto de que recuerdo haberlas visto así a principios de los 80 y que en aquellos años, inmediatamente previos o iniciales al advenimiento del vídeo doméstico en España, no había editoras de video capaces de pagar doblajes ni de adquirir aquellos viejos títulos; sólo TVE podía permitírselo.


Por tanto, en esos doblajes, y en cuanto había un diálogo con música, el ingeniero de sonido de doblaje debía sustituir la música de fondo por alguna “parecida” de biblioteca, o bien hacer un “frankenstein” musical obtenido de otras partes de la película en las que no había diálogos (Hay otra opción, y es mezclar el sonido de las voces españolas sobre el sonido original, lo que hace que las voces originales sean inevitablemente audibles. Eso también pasa en otros títulos sin banda internacional). Así, estos doblajes cometen (para el purista) un doble sacrilegio; al que ya de por sí representa el doblar una película, se añade que la música que acompaña a los diálogos doblados no es la de la película; proviene de una librería musical que el ingeniero de doblaje tenía a mano y que juzgó “parecida” o "conveniente" hace unos 30 años. En películas como "Alma en suplicio" (“Mildred Pierce”, Michael Curtiz, 1945), el origen “pop” eléctrico de la música de fondo que aparece en las escenas dobladas resulta chocante y anacrónico para una película producida en las postrimerías de la II Guerra Mundial; uno se pregunta en qué coño estaba pensando el tipo que hizo las mezclas de aquel doblaje.

En otros casos, como el de “Sucedió una noche”, te preguntas si la música que ilustra algunas escenas (como aquella en la que Clark Gable y Claudette Colbert tienen una bronca que termina en apasionada declaración de amor de ella en una cabaña de un hotel de carretera) realmente está sustituyendo a alguna o es que el ingenioso ingeniero de sonido decidió que “había que meter música” en aquella escena para que "quedara mejor”. En 1934, si bien las mezclas de sonido ya existían, las películas en algunos casos eran bastante parcas en términos de ilustración musical, especialmente si la música podía interferir con los diálogos. Pensemos que el cine sonoro tenía apenas 7 años de edad en aquellos tiempos y que hacía unos 5 años como mucho que se trabajaba con varias pistas separadas (previamente, en los primeros años del sonoro, todo el sonido de una película debía de interpretarse en directo en el momento del rodaje; eran los años en que para hacer una versión en español de una película, Hollywood contrataba a actores españoles para que rodaran en los mismos escenarios, y en horario nocturno, las películas que producían de día -con ejemplos señeros como el "Drácula" español que rodó  George Melford simultáneamente al de Tod Browning con un lustroso y acharolado Carlos Villarías en el papel de Bela Lugosi-).

Volviendo a estos doblajes nuestros, en los casos en que el ingeniero era lo suficientemente manitas o estaba inspirado, se reproducían, como comentaba antes, para las escenas dobladas, momentos musicales de otro instante de la película que estaban libres de diálogos para que sirvieran de fondo a aquellas. A veces esos fragmentos son tan cortos que el mezclador debe de crear un ciclo o loop de sonido que los alargue (recordémoslo: son doblajes de hace 30 años, lo que implica bobinas de audio abiertas y loops realizados con ciclos de cinta analógica pegados con cinta adhesiva, pues en aquellos años el Pro Tools era un sueño de ciencia-ficción. Fermín Alejandro, montador de uno de los cortos que hice para el programa “Cine Canario” en los 80, hizo un par de ellos ante mi, poniendo la cinta a caminar en un gran ciclo que él mismo montaba a través del escritorio de su mesa de trabajo, y usando lápices para que la cinta pasara por ellos antes de volver al cabezal en un ciclo sin fin; cuanto más largo el ciclo, más larga y alambicada era la trayectoria que la cinta magnética debía de recorrer).

En la versión doblada de “Satanás” (“The Black Cat”, Edgar G. Ulmer, 1934), para cuyo doblaje se usó esta técnica, los ciclos musicales llegan a crear una suerte de nueva partitura casi abstracta llena de motivos que se repiten una y otra vez (y que no lo hacen en la versión original, naturalmente) haciéndola parecer una obra diferente, casi de metraje encontrado (o de sonido encontrado más bien), que reinterpreta el original con loops de la partitura de Heinz Roemheld para la película (amén de varias composiciones de Lizst, Schumann, Beethoven, Bach, Schubert y Thaikovsky que también se usaron originalmente).

El caso de “Satanás” es curioso, pues es una película con un score bastante largo; la partitura musical de la obra es extensa y cubre gran parte del metraje, toda una novedad en 1934. Eso daba al montador de sonido del doblaje de TVE espacio del que extraer músicas para recolocarlas en las partes dobladas, pero parecía tener el hombre querencia por un determinado fragmento que aparece una y otra vez en los fragmentos doblados.

Por cierto “Satanás” no adaptaba, a pesar de su título original, una obra de Poe, sino que se usó aquel título como elemento promocional. La historia no tiene mucho que ver con Poe, aunque algo de él hay, tal vez de su cuento “Berenice”. Fue la película más taquillera de Universal en 1934. Consultando la hemeroteca de El Periódico, aparece emitida en un corto ciclo de terror de TVE el 7 de junio de 1984. También se emitieron en aquel ciclo “La Torre de Londres”, “La novia de Frankenstein”, ambas con con Karloff y “El lobo humano”, con Henry Hull. Recuerdo haber visto por aquellas fechas “El Cuervo”, también con Karloff y Lugosi, así que aquellos doblajes encargados por TVE de películas sin banda internacional parecen concentrarse en los primeros años 80.

Todo este demente reciclaje del audio de decenas y decenas de películas en su doblaje al español ocurría por dos razones. Primera, que si se habían estrenado en España, eran títulos previos a los tiempos de la Guerra Civil que no habían sido doblados antes de aquel primer doblaje de los años 70 (el doblaje fue un invento de la dictadura; no existía en tiempos de la República, o al menos no en grandes cantidades), o bien el doblaje antiguo se había perdido o estaba demasiado deteriorado, por lo que había que doblarlas sí o sí y en poco tiempo y segunda, que el presupuesto de un doblaje para TVE en los años 70 estaba limitado, por lo que no había demasiado para detenerse en florituras.

Pero creo que aquello también pudo afectar a algunos títulos posteriores. Creo recordar que en “Los Caballeros del Rey Arturo” (“Knights of the Round Table”, Richard Thorpe, 1953) el épico y precioso leit-motiv de la banda sonora de Miklós Rózsa se repetía demasiado en la emisión de TVE de los años 80. Y cuando compré el disco descubrí que, efectivamente, no se oía tanto en el disco como en la película; hablo de memoria, así que en este caso podría equivocarme. No en los casos anteriores, pues he revisionado recientemente, vía TCM también, “Alma en suplicio” y otras películas con doblaje de aquellos años con resultados sorprendentes (el baile de esta película con música de boite setentera de fondo que ya he comentado es especialmente sonrojante).

Otro caso radical de esta “escuela” de usar siempre que se pueda el material sonoro de la obra original es el de “Atrapados” (“Caught”, Max Ophüls, 1949), un clásico noir injustamente menospreciado, en el que la versión doblada elimina directamente los efectos de sonido en un par de escenas (no habría dinero para grabar efectos sala propios), en este caso la máquina del millón con la que juega Robert Ryan en la película y que tiene importancia dramática. En otra escena, esta dentro de una ambulancia, el empalme del “ciclo” realizado por el ingeniero de sonido es bien notorio. En otra se percibe claramente que la banda de sonido original sigue en el fondo del audio, escuchándose las voces originales bajo las dobladas. Este doblaje fue realizado en 1973 para ser emitida por TVE en el programa Cine Club el 9 de diciembre del mismo año por Parlo Films en Barcelona; James Mason fue doblado en esta ocasión por Rogelio Hernández, que fue durante la mayor parte de su carrera la voz española de Paul Newman. Se trata del segundo doblaje de un total de tres que se han realizado para esta cinta. El primero debió de ser hecho para el estreno, luego se hizo este, y otro en 1986 (realizado en Tecnison, Madrid, y con la voz de Carlos Revilla, el primer doblador español de Homer Simpson) que creo se utilizó para un pase de TVE el 23 de febrero de 1990 (datos en todos los casos de Eldoblaje.com). Sólo conozco el segundo doblaje, que es el que comento en este párrafo. Lo lamentable de todo esto es que el trabajo de tantos dobladores españoles queda condenado al olvido, pues muchos de estos trabajos acaban perdiéndose para los futuros espectadores. Probablemente el de 1990 tuviera ya separación entre efectos sala y músicas, pero no lo sé. Puede que no, si -y es lo más probable- los masters utilizados fueron los mismos.

El resultado de aquellos doblajes con músicas "reconstruidas" es un puñado de películas clásicas con sus diseños originales de sonido masacrados, en las que el ángel del sonido original ha sido mutilado, diríamos que deconstruido y vuelto a contruir con materiales de baratillo y ocultado hasta lo indecible.

El asunto podría tener su gracia si no fuera porque ni los programadores de TCM ni nadie parece haberse apercibido de ello (normal; cada vez los programadores y responsables de las cadenas saben menos del material que emiten). No entiendo por qué no se avisa a los espectadores de que van a ver -y oír- una película de la que no se está respetando su partitura original, ni sus efectos sala originales, simplemente por no pagar un doblaje nuevo, y utilizando un viejo doblaje realizado hace 35 años en condiciones casi de subdesarrollo. Antes se advertía convenientemente cuando se emitía una película coloreada ¿Por qué no se hace lo mismo cuando se mutila su sonido?

No quiero hacer leña del árbol caído de aquellos ingenieros de sonido que tenían que hacer lo que podían con el material que se les entregaba y en unas condiciones más bien heroicas, pero es perentorio que los canales de televisión respeten la integridad de las obras que emiten (encima hablamos de canales de pago). Bien es verdad que puedes acceder a la versión original del sonido actualmente en los canales duales, pero eso no basta. Hay que informar al público de que lo que va a ver y oír no coincide con el original. Lo contrario es un puro pecado de desidia e ignorancia del material que te da de comer.

Pd.: Algunos datos.

Fechas de doblajes de las películas citadas en el post. Fuentes: Eldoblaje.com y la base de datos de películas calificadas del ICAA.

-“Alma en suplicio”. Doblaje realizado en 1982 para TVE en Sonoblock (Barcelona). Emisión por TVE el 15 de septiembre de 1982. Consta un doblaje original para su estreno en cines (supongo que perdido o deteriorado) en 1948 en los estudios Acústica (Barcelona). Sería interesante buscar alguna copia del estreno original, si existiera, o algún telecine realizado a partir de ella.

-”El Cuervo”. Doblaje realizado en 1979 para TVE en CineArte (Madrid). No se indica fecha de emisión. Consta un redoblaje en 1989 para TVE también, posiblemente.

-”La torre de Londres”. Doblaje realizado en 1984 para TVE. Emitida el 21 de junio de 1984. Este doblaje sí cuadra en tiempos con el ciclo de terror de TVE que cito en el artículo.

-“Satanás”. Doblaje realizado en 1989 para TVE. No se indica fecha de emisión ni existencia de doblaje previo. La película no aparece en la base de datos del ICAA ni consta como estrenada en España en Imdb, por lo que no parece haberse estrenado en España en el año de su producción; me extrañaría en ese caso que ese doblaje fuera el primero y puede que haya un error en la ficha de Eldoblaje.com, ya que la fecha es demasiado cercana al doblaje que debió de hacerse para el miniciclo de terror de TVE de 1984, que no consta.

-“Sucedió una noche”. Doblaje realizado en 1989 para TVE. Emisión por TVE el 15 de enero de 1989. Aparece un doblaje previo también realizado para TVE en 1968 (supuestamente perdido o dañado) y emitido el 30 de noviembre de 1968. En 1934 se estrenó en España, supongo que doblada, ya que el doblaje se inició en España dos años antes, pero no hay referencia alguna de aquel posible primer doblaje.

No hay información sobre el doblaje de “Los caballeros de la mesa redonda”.


Las imágenes las encontré en Wikimedia Commons. Pertenecen a los trailers de "Sucedió una noche" y "Mildred Pierce". Están en dominio público. 

Curiosamente, la imagen de "Sucedió una noche" ha sido invertida especularmente con respecto a la original que se puede ver en la película; es probable que fuera por razones contractuales, para que apareciera primero y a la izquierda el nombre de Clark Gable.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Epistolario (1 de 5)



Esta carta la remití a la Comisión Mixta de Control Parlamentario de RTVE. A ella he adjuntado los mensajes, un tanto peculiares, que recibí de la Defensora del Espectador de TVE respecto a mi reclamación.

Al final del artículo comento las respuestas recibidas por parte de los parlamentarios.


--oOo--


Señoría,

Soy director y productor de cine, y quisiera llamar la atención sobre una conducta que TVE, nuestra televisión pública, lleva realizando desde hace años, que creo se aleja de su filosofía como servicio público y muy posiblemente de sus estatutos.

Como ustedes bien saben, TVE emite películas, series de televisión, o documentales de producción propia y ajena. Estas emisiones, en las televisiones públicas de otros países (BBC, ORF, TF1, RTP, STRG, SRG SSR, BNN, incluso PBS en Estados Unidos) están presididas por un concepto que creo es fundamental para un servicio público: el respeto integral a la obra emitida, y no son interrumpidas ni desfiguradas. En cambio, TVE, desgraciadamente, sí lo hace. Es la única televisión pública del entorno europeo que desfigura y distorsiona las obras que emite. Me explicaré.

Considerando a una película o documental como una obra artística y cultural, creo que modificarla con intereses espúreos es todo un atentado hacia ella, de la misma forma que lo sería pintar encima de una obra expuesta en el Museo del Prado, o añadir publicidad de lavadoras a un concierto de Mozart o Schubert. Hay cosas que, todos estamos de acuerdo, no ayudan a extender el respeto por la obra cultural y artística entre las gentes. Y creo que precisamente extender el respeto hacia las obras de arte y la cultura es una tarea básica de una televisión pública.

Esto, que no se exige -ni cabría hacerlo- a las televisiones privadas, es algo fundamental en ese concepto de televisión pública que se maneja en Europa y América, que es una televisión que además de cumplir aquel trío de “formar, informar y entretener” prolonga su misión integral hacia la formación de los espectadores.

Hoy en día, ni que decir tiene, el cine y otras manifestaciones audiovisuales son ya parte de nuestra cultura, y la formación de un espectador maduro, con capacidad decisoria, y que viva el respeto a la obra que disfruta, creo que es parte del deber de una televisión pública para la ciudadanía.

Y en ese aspecto creo que TVE incumple gravemente con su deber. Si bien su programación en cine y series, aunque mejorable, sigue siendo rigurosa, es el tratamiento de esas obras donde ese deber falla. En dos puntos:

1- TVE corta los títulos de crédito de todas las películas, documentales y series de TV que emite.

2- TVE interrumpe la exhibición de las películas, series de TV y documentales que emite mediante autopromocionales insertados digitalmente sobre la propia imagen de las obras, desvirtuándolas. En ocasiones -en los documentales- estas inserciones aparecen justo sobre los textos o subtítulos de las obras emitidas, impidiendo su lectura.

Estas dos actitudes son comunes en las televisiones privadas1. En ese caso, de nuevo, nada que objetar, están en otro “escenario” de competencia comercial. Sin embargo creo que una televisión pública debería, por definición y respeto elemental a la obra emitida, hacerlo en su integridad -sin cortar créditos- y manteniendo la obra íntegra, sin desfigurarla insertando mensajes ajenos a ella.

Creo que estas dos actitudes de TVE con los programas que emite reflejan un escaso respeto por ellos. Y eso se extiende, claro, a los espectadores. ¿Cómo esperamos formar espectadores si se desprecia a las obras emitidas de esta manera? Ese tratamiento curiosamente no lo sufren las obras “de la casa” (cuyos títulos de crédito de salida nunca son cortados, y que no son interrumpidos con autopromos -caso de series propias como “Isabel” o “Águila Roja”, esto es, las “novedades”-) ni otros productos emitidos, tales como las retransmisiones deportivas o los informativos, lo que implica un desprecio añadido a la obra audiovisual cinematográfica o documental que creo es indigno de la labor de un medio público. ¿Se emite “La Diligencia”? Se pueden cortar sus créditos y mutilarla con autopromos. ¿Una película de Fellini o Dreyer? En una de sus escenas se nos anunciará con una animación que “mañana hay nuevo episodio de 'Isabel'” o que “Esta semana, hay un gran partido de Nadal en La 2” ¿En un partido del Barça o del Madrid pasa lo mismo? No, no se interrumpen con autopromos. Creo que es intolerable este burdo desprecio a la cultura y a la integridad de la obra emitida. Salta a la vista lo dañino de estas actitudes, indignas de un medio pagado con los impuestos de los ciudadanos.

Cuando me he puesto en contacto con la Defensora del espectador de TVE he obtenido respuestas vagas y francamente indocumentadas. En el primer caso, en el año 2011, se me dijo que los créditos de salida de las películas son “tiempo muerto”. Sorprendente respuesta, pero es que el director de programación de entonces, al que se trasladó la pregunta, venía de la televisión privada, y tal vez no entendiera términos como “integridad de la obra artística” o “formación de los espectadores”. En aquel año todavía no se había empezado a meter texto digital sobre películas, series y documentales anunciando algo especialmente destacado de la programación futura. Este año (2013) he reiterado la consulta añadiendo el problema de los autopromos insertos sobre imagen y se me ha respondido con lo mismo más o menos, añadiendo que los autopromos con imagen se han añadido, simplemente “porque otras televisiones lo hacen” y porque “la ley audiovisual no les obliga a no hacerlo” (¡!).

Ante respuestas tan poco razonadas, básicamente insatisfactorias e insuficientes, quisiera rogarles a que solicitaran al Director General de TVE, en cumplimiento de los Estatutos de RTVE y de su deber de servicio público que se cumplan estos dos puntos tan elementales, a saber: que se respeten los títulos de crédito de todas las obras emitidas y que asimismo se eliminen los autopromos sobre imagen en emisión, como hacen las televisiones públicas del resto de occidente.

Pd.: Les adjunto las dos respuestas de la Defensora del Espectador, por si son de su interés.

Estimado Sr. Quiroga,

muchas gracias por seguir en contacto con nosotros. No podemos sino reiterarnos en lo ya indicado:

 Los responsables de la programación diseñan las parrillas con el objetivo de satisfacer a la mayoría y nos indican que los estudios cualitativos y cuantitativos que realizan ponen de manifiesto que los títulos de crédito de los largometrajes y de los documentales son segmentos de muy larga duración (desde cinco minutos hasta incluso diez) sin contenido específico que, en el fluir de la programación de una cadena de televisión suponen una interrupción brusca de la misma, por lo que esta gran mayoría de espectadores agradecen poder continuar viendo su programación de televisión sin tener que esperar periodos “muertos” de varios minutos al finalizar un contenido. Las decisiones sobre las emisiones de los títulos de crédito corresponde tomarlas a los responsables de la programación, puesto que la Ley Audiovisual no obliga a ello.

No es la primera vez que recibimos una consulta como la suya por lo que la defensora lo llevó a su programa RTVE Responde:


Además, también hemos tratado este tema en nuestros informes al consejo de administración:


Seguiremos insistiendo sobre este tema.

En relación sobre los avisos que se insertan durante la emisión, forman parte de la práctica habitual de todos los medios de comunicación para mantener a su audiencia bien informada. Sentimos mucho si ello le incomoda.

Reciba nuestros más cordiales saludos.

Oficina de la defensora del espectador, oyente e internauta de la Corporación RTVE



De:        Elio Quiroga Rodriguez 
Para:        defensora@rtve.es
Fecha:        11/09/2013 13:39
Asunto:        Formulario de participación Todos. (defensora)


Asunto
Asunto
TVE
Programa
Todos.
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Diaria
Escribe aquí tu queja o sugerencia
Estimada Defensora, Hace un par de años me dirigí a usted para consultarle la razón por la que se cortaban los créditos de películas y series en TVE. Le pongo al final del mensaje nuestra correspondencia al respecto, incluyendo la respuesta que ud. me envió. Pasados los años y visto que el problema persiste, si no empeora, quisiera consultarle los dos extremos que siguen: 1- ¿Por qué TVE no respeta en toda su extensión los créditos de las películas y series que emite? En una TV pública me parece inadmisible que se manejen las obras audiovisuales con tan poco respeto a su intergridad artística. No me sirven criterios de audiencia para justificarlo. Las obras han de ser respetadas, incluso como valor pedagógico, de modo que las nuevas generaciones se eduquen como espectadores. Del mismo modo que nadie se levanta en un concierto en el último movimiento de una sinfornía, o no se corta ésta en una transmisión en directo de una interpretación orquestal, TVE debería ser escrupulosa por el \\\"valor de ejemplo\\\" que la responsabilidad pública implica al respecto. 2- ¿Por qué TVE inserta textos y animaciones autopromocionales sobre las imágenes de las obras que emite? Esto es además de ser de una extraordinaria gravedad, pues se interrumpe gravemente la continuidad de la experiencia del espectador en el visionado, o incluso se tapan textos que aparecen en el programa o película emitidos.

"Gracias por dirigirse a la Oficina de la defensora. Su correo se ha recibido correctamente. Si su comunicación es admitida a trámite, recibirá respuesta en un plazo máximo de 30 días. Las opiniones o sugerencias de interés serán trasladadas a las áreas de gestión correspondientes".  


En respuesta a:

Estimada Defensora, gracias por su amable carta. Le rogaría hiciera llegar al Director de Antena mi respuesta, y por extensión al Consejo de Administración.

Estimados señores,

Vista su respuesta sobre mi consulta respecto a las interrupciones de títulos de crédito de obras cinematográficas o series y los avances de programación, quisiera comentarles mi opinión al respecto.

Respecto a las interrupciones de los títulos de crédito, la respuesta recibida implica (y cito) que se trata de segmentos de larga duración sin contenido específico y suponen un corte brusco o período muerto. Si bien todas las cadenas realizan la misma política, hace 15 años este concepto ni se planteaba, y el respeto por la obra audiovisual era también asumido por los espectadores. Porque de eso se trata en el fondo. Si una televisión respecta los contenidos que emite, transmite, en mi opinión, un valor positivo al espectador. Ello deviene comprobado en sus excelentes emisiones sin cortes publicitarios de largometrajes, en las que la progresión dramática es respetada, algo de agradecer sin duda alguna.

Con todo, el visionado de una obra de cine, como de una obra musical, requiere de su observación completa, y ello incluye los créditos, de la misma forma que un segmento "largo" o un "adagio" de la emisión de una obra musical no los considero tiempos muertos. Siendo todo esto una cuestión de opiniones, no lo es la necesidad de inculcar en el espectador el respeto por la obra audiovisual y, de la misma forma que a nadie se le ocurre cortar los títulos de crédito iniciales de una película (pues nadie duda que son parte de la obra), lo mismo debería ocurrir con los de final, que son en análogo audiovisual de las "codas" de las obras musicales; segmentos necesarios para que el espectador termine de disfrutar la obra, la medite, o simplemente escuche la banda sonora, no voy a entrar en detalles porque no creo que deba justificar nada. Asimismo ustedes saben que hay ciertas películas que "regalan" al espectador con un epílogo al final de los créditos, que para ser disfrutado requiere de su visionado completo.

Cuando se extienden prácticas como esta, en mi opinión se obvia la obligación de todo servicio público de educar al espectador. Y en unos tiempos como estos, educar en el respeto a las obras y su integridad creo que es perentorio. Pero desde luego, cuando se empieza a hablar de créditos como "tiempos muertos" creo que el concepto de servicio público se sigue mezclando con criterios de audiencia (el temor a perder espectadores) y una infantilización del público que creo no nos ayuda a nadie. Al mismo tiempo, quisiera que el Director de Antena supiera que, al menos en el caso del cine español, los créditos no pasan de los 3 minutos, así que su argumento de 10 minutos de tiempo muerto deviene algo exagerado, si bien, supongo, perfecto para su exagerada tesis. Curiosamente, el mismo mensaje del Director de Antena, habla de productos, no de obras. Algo ya bastante significativo, sobre todo si, insisto, estamos hablando de un servicio público.

Opino análogamente del asunto de los banners sobre las películas, series o programas; el hecho de que sean práctica generalizada en otras televisiones, ni los hace buenos, ni deseables para una televisión de servicio público, pues el nefasto concepto de no respetar la obra en emisión se extiende a los espectadores ("se puede interrumpir una obra con banners publicitarios, se pueden cortar créditos, todo vale"), obviándose, lo repito una vez más, la obligación de formación y de ejemplaridad de una televisión pública. Y eso no es opinable.

Todo esto no parece sino un terror heredado de los tiempos de la lucha de audiencias de perder a unos espectadores que, si bien disfruran de una televisión de calidad y de servicio público, no se les supone lo suficientemente inteligentes ni rigurosos como para exigir que con sus impuestos se pague la emisión de las obras artísticas -que eso son las obras audiovisuales- en su integridad, y en resumen, se implica un concepto peyorativo de la inteligencia de las audiencias que no creo que nos lleve a nada bueno. Y de hecho, TVE sigue publicitando sus audiencias diariamente, manteniéndose en la pelea del "y yo más", lo que, en mi opinión, contradice por definición el deseo de ser un servicio público. No es malo tener audiencia, no es malo presumir de ello; sí lo es conservar costumbres groseras creadas por lo peor de la televisión comercial y que TVE hubo de imitar cuando estaba en la lucha por la audiencia más agresiva. No olvidemos que el origen de todo esto (cortes de créditos y banners en mitad de emisiones) está en las televisiones privadas, no en TVE, que ahora parece abrazar como suyo el asunto.

Finalmente, como veo en diversos blogs (http://blogs.que.es/blogdealcorcon/2010/2/17/la-dictadura-del-espectadorado-) que la respuesta del director de programación y parte de la suya parecen provenir de un modelo de copiar y pegar, espero y deseo que nuestras cartas lleguen al Consejo de Administración. Les recuerdo que en Suecia tuvo que ser el Tribunal Supremo quien defendiera los derechos de autores y espectadores sobre este asunto, algo por otro lado bastante lamentable.

Quedando a su disposición, aprovecho la ocasión para enviarles un saludo cordial.


2010/3/2 DEFENSORA DEL ESPECTADOR <defensora@rtve.es>

Estimado Sr. Quiroga, 

   Gracias por dirigirse a la defensora con sus observaciones sobre la omisión de los títulos de crédito de las películas y los rótulos que informan sobre la programación, que he remitido a la Dirección de TVE para que conozcan su opinión y sea, debidamente, tenida en consideración. 

   Sobre los títulos de crédito son numerosos los correos que se han recibido en esta oficina por lo que ya dispongo de una respuesta del Director de Antena - que le copio a continuación -, sobre los criterios por los que se omiten actualmente los títulos de crédito.  

 "Los títulos de crédito de los largometrajes son segmentos de muy larga duración (desde cinco minutos hasta incluso diez) sin contenido específico que, en el fluir de la programación de una cadena de televisión suponen una interrupción brusca de la misma". En su escrito, José Antonio Antón me dice que TVE se rige por el interés de la mayoría de los espectadores de televisión que "agradecen poder continuar viendo su programación de televisión sin tener que esperar períodos “muertos” de 10 minutos al finalizar un producto". 

  Comprenda Usted que estas decisiones corresponde tomarlas a los responsables de Programación y Antena y a la defensora respetarlas, pero tenga por seguro que recogeré su queja en el próximo informe trimestral para el Consejo de Administración, al tiempo que me propongo abrir una reflexión en la Dirección de TVE sobre la pertinencia de mantener los títulos de crédito cuando su omisión pueda dañar la obra narrativa.  

   En cuanto a los avances de programación  o 'banners' que se sobreimpresionan en la emisión de algunos programas, he informado reiteradamente a la Dirección sobre lo molesto que resulta para los espectadores, y la respuesta siempre ha sido que Emisiones intenta insertarlos de la forma menos invasiva posible, pero que es una formula para anunciar la programación.

  Le agradezco enormemente el interés que muestra en la calidad de las emisiones de TVE y le aseguro que su correo ha llegado a los Directivos de TVE que toman las decisiones, pues sus apreciaciones nos ayudan a mejorar. 

   Aprovecho para enviarle un cordial saludo, 

 Elena Sánchez Caballero 


Asunto 
Programa 
Películas, series, y todos los programas con títulos de crédito. 
Motivo de la consulta 
Sois desde hace ya un par de meses un servicio público. Deberíais empezar por perder dos vicios que creo no tienen sentido en vuestra nueva forma de hacer, heredados del modelo de televisión privada:: Primero, no cortéis los créditos de las películas; el respeto a la integridad de la obra artística empieza por ahí. Segundo, no introduzcáis esos molestos \\\"adelantos sobre imagen\\\" de próximos programas durante las emisiones, sean de películas o series, como por otro lado no hacéis en los informativos. De nuevo ello implica respeto por la obra emitida. Como director, creo que debo reivindicar esos dos puntos que, insisto, creo no tienen cabida en una televisión pública que ha de defender una corrección en la forma de emitir películas. El público puede y debe ser educado en ese respeto a la obra y su integridad, y desde luego, eso sí es responsabilidad de una TV pública. Saludos, y gracias por lo que estáis haciendo. 


1En el caso de los autopromos integrados sobre películas o series, ocurren en las televisiones privadas mayoritarias. En cambio, Canales como Discovery Max, Canal de Historia, Calle13, Sci-Fi, TCM, Hollywood, MGM, National Geographic, MTV, Divinity, AXN, Energy, Boing, Disney Channel, y un largo etcétera de canales de TDT, en abierto y de cable comerciales españoles emiten sus programas respetando los créditos y sin insertar autopromos en el metraje. Estas conductas no están bien vistas en el medio televisivo, y sólo las ejercitan los grandes canales generalistas españoles y sus satélites: Antena3, La Sexta, Cuatro, Telecinco y los dos canales de TVE, siendo paradójicamente la televisión pública la más agresiva en cuanto al tamaño de los insertos autopromocionales y el número de ellos por hora, algo absolutamente intolerable. Creo que en las televisiones autonómicas pasa algo similar.



Nota: El mail fue remitido a doce miembros de la Comisión Parlamentaria (Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus Sociedades).

Recibí respuesta por email de tres de ellos: Ricardo Sixto (IU), Ángeles Álvarez (PSOE) e Isabel Rodríguez García (PSOE) interesándose por el asunto. Ricardo Sixto me anunciaba en su mensaje que presentarían una PNL (Proposición No de Ley) al respecto.

Los nueve restantes no respondieron: Ramón Moreno (PP), Montse Surroca (CiU), Joan Baldoví (Grupo Mixto), Marta González (PP), Félix Lavilla (PSOE), José Olmos (PSOE), Julieta Micheo (PP), Aránzazu Miguélez (PP) y Daniel serrano (PP).

He procedido a remitir copia de la carta a la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril (PP), y estoy a la espera de respuesta por parte de la institución.
 

La imagen que ilustra este texto está en Wikimedia Commons.Postmaster General James A. Farley is shown sitting with some of the hundreds of thousands of letters mailed during National Air Mail Week, May 15-21, 1938. The national celebration honored the 20th anniversary of the first regularly scheduled airmail service. President Franklin Roosevelt and his Postmaster General encouraged everyone to send an airmail letter during the week-long event. Es propiedad de la Smithsonian Institution. Está en dominio público.

jueves, 21 de noviembre de 2013

La Cultura de la Mentira – Corolarios - Timadores de baja estofa



Pongo este post como capítulo extra de La Cultura de la Mentira ya que puede servir como conclusión a esta serie que conforma un pequeño ensayo alrededor de las mentiras que rodean (y conforman) nuestra sociedad.


Hace unas semanas publiqué en Twitter dos mensajes en los que me mostraba perplejo ante unos anuncios que se emitían en la emisora local de la Cadena SER en Las Palmas. Se trata de una publicidad del tipo “diálogo con especialista” en la que un locutor de la emisora conversa con el vendedor de un producto, y en forma de falsa entrevista nos ofrecen sus excelencias. El locutor es una persona relativamente conocida en la emisora, que realiza esos “reportajes promocionales”, que anuncian desde una verbena a una cuestación popular, pero que siempre encierran, típico de la radio local, un anuncio de algún producto o marca de la zona. En fin, es alguien que tiene un cierto “prestigio de comunicación” entre sus oyentes.

Me chocó que el producto anunciado por el locutor, un colchón, mostrara unas propiedades casi milagrosas, supuestamente basadas en que “ayuda a absorber el oxígeno” a través de la piel, a la sangre, gracias a un tejido de diseño propietario. En el anuncio se citaban “estudios de universidades prestigiosas”, sin citar a ninguna, y cuando se citaban se hablaba de ciudades, y no de instituciones (“las prestigiosas universidades de...”, ya saben lo que quiero decir ¿California? ¿Cuál? ¿UCLA? ¿UCA? ¿Stanford? ¿Berkeley? Si es alguna de ellas ¿por qué no citarla? Pues claro, porque el dato es falso).

Googleé un poco para informarme sobre el producto, y descubrí lo que me temía, que es un “producto milagro”. Es decir, el anuncio quiere vender algo que no existe. Ni las propiedades del tejido se han demostrado en estudios de pares, ni naturalmente sus milagrosas propiedades han sido publicadas en publicación científica o médica alguna (me refiero a revistas como Science, The Lancet, Cell, etc.). Varios artículos en medios norteamericanos nombraban de pasada al producto anunciado, y en ellos varios médicos especializados desacreditaban sus supuestas propiedades beneficiosas para la salud.

En resumen, el viejo timo “con pátina científica”. Por eso tuiteé mi sorpresa de que la SER no se molestara en verificar las supuestas propiedades milagrosas de lo que anuncia, pues en ese tipo de publicidades engañosas se juega su prestigio de marca. Pero claro, en estos asuntos de la salud y las curas milagrosas, que se enseñorean de las mañanas televisivas y radiofónicas vendiendo productos milagrosos pasto de ignaros en programas supuestamente serios (desde la homeopatía a las flores de Bach, del feng shui al agua imantada y demás asuntos), no es de extrañar. Y por supuesto nadie en el Gobierno se ha siquiera planteado regular toda esa gigantesca estafa. ¡Dios nos libre de obstaculizar a la Libre Empresa en tiempos de crisis, aunque vendan agua a precio de medicamento!

Pues bien, el anuncio en cuestión afirmaba barbaridades como que los colchones fabricados con el tejido milagroso revitalizan a la gente, les dan mejor descanso, les oxigenan... una sarta de majaderías (y lugares comunes indemostrables) que un estudiante de bachillerato podría desarmar con un par de minutos de búsquedas por internet. Pero parece que eso la SER no sabía hacerlo antes de emitir el anuncio.

Bien, pues los dos tuits funcionaron, pero de forma inesperada. Recibí un par de días después de publicarlos una llamada en mi móvil de la empresa que vende esos colchones en las islas pidiéndome explicaciones, afirmando que “en la emisora” les habían dado mi teléfono. Antes de poner una denuncia, llamé a SER Las Palmas, donde me pasaron con el locutor del anuncio, al que expliqué el problema. Le rogué que informara de todo ello al director de la emisora, pues además de emitir anuncios de un producto milagro, la emisora había dado mis datos personales a un fabricante al que mis tuits parecían no haber gustado.

Como resultado, no ha pasado nada. La SER sigue emitiendo el anuncio original en Las Palmas. Parece que todo les da igual. La pela es la pela, por mucho que se les insista. En fin, un granito de arena más en crear una sociedad peor, más ignorante y menos libre, porque este tipo de mentiras nos hace menos libres a todos. La SER sabrá lo que hace con su supuesto prestigio profesional. Aunque parece que eso no les importa demasiado.

El anuncio, en la misma fórmula de diálogo a dos, pero con otro locutor, se emite en otra emisora de la isla. En esta ocasión el representante de la empresa importadora no hablaba ya de un “tejido que ayuda a absorber el oxígeno” sino de un “tejido que ayuda a absorber el calor corporal”, añadiendo una nueva sarta de majaderías como que resulta que “es malo que el calor de la sangre se pierda por la piel”, lo que demuestra que el importador del producto tiene “respuestas científicas para todo”, y la emisora que ha tomado el relevo escasa responsabilidad social. En fin, siempre encontrarás a alguien lo suficientemente estúpido o lo suficientemente malvado como para seguir cualquier juego.

He mirado en la web del fabricante y su versión es diferente ¡Habla de emisión de luz por el cuerpo humano! Así que ni una cosa ni la otra. En la web podemos leer:

Hologenix has conducted a number of clinical trials to establish the science behind it beyond a reasonable doubt, said Seth Casden, the company’s CEO.”   ”The body gives off light, emitting about 100 watts of energy at any given time. Minerals embedded in a fiber or yarn can capture that energy and reflect it back to the body. We’ve proven that Celliant can increase blood flow and oxygen levels in muscle tissue, which helps with recovery, performance and overall health.”
El calor que un cuerpo emite es radiación infrarroja. La única manera de reflejar esa radiación es con un espejo. Hagamos el el ejercicio imaginativo de que esos minerales que están embebidos en el tejido de Hologenix reflejan esa radiación. El único resultado sería que ese calor volvería al cuerpo (¿en qué porcentaje respecto a la radiación emitida?) y nos calentaría la piel, no nos refrescaríamos, y el acto reflejo sería sudar. El cuerpo humano no tiene un mecanismo que permita reciclar la energía que emite en forma de radiación si la recibe de vuelta. Simplemente sudas. Eso es todo. Pero claro, Hologenix presume de otra cosa, de que Celliant “puede incrementar el flujo de oxígeno y los niveles de oxígeno en el tejido muscular”. Eso es imposible, pues el volumen de oxígeno en la sangre depende de otra cosa: del número de glóbulos rojos, generados en los órganos hematopoyéticos del organismo, como la médula; el volumen de aquellos por unidad métrica si acaso depende del hierro disponible en el cuerpo, pues con hierro se crean los grupos “hemo” que fijan el oxígeno en los glóbulos rojos, y de nuevo sudar no genera más hierro: el hierro se ingiere en la comida. En fin, que una camisa no hace que generes más glóbulos rojos, y afirmar alto tan extraorinario requeriría de pruebas extraordinarias, que el vendedor de fraudes que fabrica este producto no suministra, claro está. El fenómeno de poner un hipotético espejo que te refleja parte del calor que emites (como el caso de las mantas doradas o plateadas que usan los equipos de emergencia) sólo contribuye a conservar el calor, nada más. Nada llega a los tejidos profundos, y mucho menos a los músculos, o a las venas, o a la médula. El poder de penetración de la radiación luminosa infrarroja es apenas de un centímetro, como mucho, de piel. Pero bueno, admitiendo que fueramos translúcidos ¿Esa luz hace algo a los músculos o al interior del cuerpo? Es mucho asumir, y esa afirmación, diga lo que diga Hologenix, no está probada.

La empresa fabricante en su web habla también de que el tejido lo que absorbe es energía cinética, que se supone luego devuelve al cuerpo. ¿Esta gente sabe lo que dice? La energía cinética se aplica a un cuerpo en movimiento, no se puede absorber por vía química, y si es así el descubrimiento sería tan revolucionario que sus autores ganarían un par de premios Nobel. Cualquier estudiante de física en el instituto sabe lo que es la energía cinética y que por definición la energía de un cuerpo en movimiento no se guarda en un tejido especial, señores. Pues sí, esto es lo que el fabricante afirma.

Así que ahora mi mensaje es para el importador de esos colchones. Si no tienes formación suficiente para entender el producto que vendes ¿por qué lo importas? ¿Qué te hace tan especial, o acaso es cosa de Fe, como los curanderos? ¿Por qué haces afirmaciones totalmente falsas, engañando a la gente cuando el producto que vendes no hace lo que dices que hace, pues no se ha realizado ningún estudio independiente que lo corrobore? ¿Por qué cambias tus afirmaciones de una emisora a otra, en una es el oxígeno, en la otra es el calor? ¿Es que crees que la gente es idiota? ¿O es que eres un ignorante de tal calado que ni siquiera entiendes las falsedades que recitas? ¿Crees que engañando a la gente te harás más rico, has pensado en el daño que haces a la sociedad, fomentando la ignorancia y la desinformación? ¿Por qué vendes productos milagro? ¿Crees que todo vale en esta vida para ganar dinero? ¿Cuáles son tus límites?

Me gustaría que el importador me respondiera a estas preguntas. Mientras tanto, ojo, amigos. Sus emisoras de toda la vida les engañan, y ustedes sin saberlo; juegan con la confianza que ustedes depositan en ellos cada día y les cuelan estos productos milagrosos, desde tejidos oxigenadores a imantadores de agua, pasando por pulseras holográficas o ionizadores, generadores de ozono para oficinas o curas homeopáticas. No son más que los viejos vendedores de jarabes de las películas del Oeste, una sarta de estafadores, sólo que usan vocabulario científico aquí y allá, que eso siempre da prestigio. Desconfíen de cualquier anuncio que se presente avalado por “las universidades más prestigiosas” o “los afamados doctores fulanito y menganito” (preferentemente fulanito y menganito son nombres ingleses con muchas sílabas). Que no les estafen el dinero que tan caro nos sale a todos con trucos tan burdos.

El día en que nuestra sociedad haya superado estos tiempos oscuros en los que los ignorantes parecen dominarlo todo nos irá mucho mejor. Hasta entonces, ya saben, googleen lo que les suene raro de esos anuncios, que en cuestión de segundos averiguarán cosas interesantes al respecto, y sobre todo, hagan oír sus voces cuando tengan conocimiento de abusos como estos. De nosotros depende que no se engañe a miles de personas. En realidad acabamos siendo la última línea de defensa entre una sociedad bienintencionada y una miríada de pícaros.

El producto de marras usa un tejido llamado Celliant ™ fabricado por “la empresa se Santa Monica” Hologenix ™. Ningún estudio independiente ha corroborado sus afirmaciones de actividad milagrosa. Según Hologenix ™ (y sus importadores en Canarias, claro) empresas de fabricación de prendas deportivas como Nike o Puma utilizan ese tejido (lo que diría más bien poco de su actividad científica y su fiabilidad técnica). El colchón forrado de ese tejido milagroso responde al sonoro nombre de Celliant Sleep™. Ahora ya lo saben.

Por cierto, descofíen tambien de las empresas cuyos productos son ™ antes de que exista un solo estudio independiente que les respalde.

Esta es una consecuencia en su vida diaria cortesía de la Cultura de la Mentira en la que estamos inmersos. Y con esto doy por concluido este ensayo.

Pd.: Entre el día en que escribí este texto y la fecha de subirlo a Blogspot me he encontrado en SER Las Palmas con otra campaña si cabe peor que la descrita. Unos cigarrilos electrónicos llamados "Puff", que, de franquicia italiana, no sólo se anuncian por radio, sino también por TV, al menos en las islas Canarias. En la cuña larga de radio, la misma voz -es un comercial- de la SER que anunciaba los beneficios del Celliant ahora canta las excelencias del "vapeo", ese neologismo que define el fumar con cigarrillos electrónicos, listando los ingredientes de los aparatos fumadores de la marca citada y marcándolos todos como "de calidad de farmacia". Así, el presentador habla de que esos maravillosos cigarrillos contienen "Propilenolglicol de calidad farmacéutica". Vale. Sólo que el Propilenolglicol es una sustancia probablemente tóxica y sospechosa de ser cancerígena, y que por supuesto la nicotina que estos cigarrillos suministran es otro tóxico y causa adicción, lo que los hace inútiles para dejar el tabaco y los convierte en potenciales vectores de entrada al tabaco para los nuevos fumadores -especialmente los jóvenes, susceptibles a la presión de las modas-. Naturalmente, estos productos no pasan por control sanitario alguno -por ahora- al estar desregulados, lo que implica que el contenido anunciado de esos cigarrillos electrónicos y el real pueden ser muy diferentes. La controversia actual sobre el peligro de los cigarrillos electrónicos y su desregulación ha alarmado lo suficiente a la OMS como para que desaconseje su consumo. Y así todo se promete al consumidor de e-cigarrillos -que así se llaman también, dando el toque tecnológico a la mentira-: que se pueden consumir en todos lados, que son sanos, que no contienen productos cancerígenos, o que ayudan a dejar el tabaco, todo ello mentiras desvergonzadas, realizadas bajo la sombra de la ausencia de regulación de un producto que la comunidad médica ha declarado como potencialmente peligroso. Aquí la mentira se torna en desfachatez, y un puñado de "emprendedores", quiero pensar que desinformados y carentes de una formación científica elemental -entonces cabría plantearse por qué se meten en jardines que ignoran-, abren por todos lados tiendas de esos cigarrillos electrónicos tan sanos que precisamente el Parlamento Europeo está a punto de sancionar como peligrosos para la salud. Dos eslóganes de las cuñas de radio resultan especialmente viles. Se publicita el producto como el “Cigarrillo amigo”, y se ofrece con la revolucionaria propiedad de ser ¡bueno para la salud! con la frase “Ahora podrás fumar de forma saludable”, todo un ejemplo de oxímoron perverso. Este es el nivel de esta gente. Por eso es tan difícil vivir en este estado de cosas, porque la mentira se disfraza de muchas maneras, y surge como setas, en todas partes, buscando embaucar a los más inocentes y menos informados, algo que creo es moralmente reprobable. Pero parece el cuento de nunca acabar. Cuando contacté por teléfono con el comercial de SER Las Palmas cuya voz se oye en las cuñas -y que se encarga de negociar al parecer también esos anuncios- para hablar sobre los colchones milagrosos que publicitaba y le eché en cara que no todo valía con tal de atraer ingresos a su emisora porque convertía el mundo en una jungla, se limitó a decirme que "la cosa está muy mal" y que "hay junglas peores". ¿Les parece una buena justificación? Creo que estamos cruzando demasiadas líneas rojas.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Es un anuncio de la marca de camisas Arrow. Estados Unidos, primeros años 20. El autor es Joseph C. Leyendecker. Está en dominio público. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

La Cultura de la Mentira (9 de 9)




Las mayores corporaciones de venta de objetos de alimentación se basan en la construcción de un producto básicamente mediocre -siendo generosos- cuya producción sea fácilmente reproducible en franquicias por un personal con una mínima formación. Esas enormes transnacionales gastan la mayor parte de sus presupuestos anuales, no en fabricar el producto, que supone un coste marginal, sino en publicidad, alimentando a una gigantesca maquinaria de marketing global que es capaz de adaptar sus campañas a la idiosincrasia de cada pueblo al que llegan. Ese gasto en publicidad, de dimensiones planetarias, es el que se ve reflejado en el coste del producto, que ofrece un margen gigantesco al padre de la franquicia.

Fabricantes de refrescos o zumos basados en concentrados, restaurantes de comida rápida, manufactureros de derivados lácteos y chocolates, practican ese deporte de fabricación de producto de baja calidad a bajísimo coste con procesos super-estandarizados. Estos productos, cuyo diseño básico es siempre el mismo, están obligados a reinventarse continuamente como objetos de marketing, de modo que el producto de base cambia mínimamente; no así la forma de venderlo o su envoltorio.

Estamos acostumbrados a ver cómo empresas de productos lácteos cambian el nombre periódicamente a sus productos, añadiendo pequeños detalles a sus características, y generalmente aduciendo beneficios para la salud de dudosa realidad científica. Todo es parte del mismo juego: la reinvención continua del mismo producto, tamizado con distintos nombres y apelativos, de modo que el comprador que adquiera en una gran superficie el objeto sea atraído por la novedad. Bífidus, soja, fibra, colesterol bueno, grasas vegetales, ácidos grasos, y otros términos tan vagos como sonoros sirven al fabricante, siempre con una intensa labor de asesoría por parte de caros bufetes de abogados y departamentos “de investigación” internos, para decir vaguedades sobre su producto que en ocasiones pueden rozar la información falsa, especialmente en términos sanitarios, algo que crea serios quebraderos de cabeza a las autoridades.

De esta manera, el producto se reinventa constantemente, pero la marca y el objeto permanecen en principio invariables. Y los cambios a los que se somete el producto suelen ser los que la cadena de fabricación permite sin excesivo coste de inversión (por ejemplo el cambio de ciertos ingredientes, para las versiones “light”, “sin cafeína”, “zero” de ciertos refrescos y sus combinaciones posibles). A la vez esas mismas fábricas crean los productos "blancos" o sin marca a las grandes cadenas de distribución, vendiendo más barato aún lo que fabrican.

En otras ocasiones el producto no cambia, pero sí lo hace el icono de la marca. Tal es el caso de un conocido refresco “sin burbujas” que acortó su nombre hace unos años para adecuarse a los gustos de los nuevos consumidores jóvenes. El caso curioso de este producto, un refresco azucarado con sabor a naranja, que apenas contiene un 8% de naranjas auténticas es simplemente “que no tiene burbujas”, esto es, que su proceso de fabricación es hasta más barato para el envasador, al no verse obligado a inyectar CO2 en el refresco. Este es un ejemplo de cómo cualquier mensaje, por absurdo y carente de sentido que sea, puede calar en el consumidor. La ausencia de burbujas, aparte de atraer a ciertos consumidores que no gustan de los refrescos carbónicos, no añade nada más al producto. Algo similar ocurre con los fabricantes de derivados lácteos. El productor más conocido de esta rama de la industria en gran parte del mundo ha lanzado una línea de natillas en cuya campaña televisiva un luchador mexicano aparece ante los consumidores para vender un cambio de envase en el producto, que curiosamente, podría llevar a que contuviera menos volumen para el consumidor por el mismo precio (lo que supone un encarecimiento), pero que en cualquier caso es un detalle sin importancia, que el fabricante ha decidido convertir en centro de una campaña para que el consumidor “cruja su rutina”, como dice el slogan del anuncio televisivo de la campaña (en su nueva encarnación el personaje es un hámster creado mediante un traje combinado con CGI).

Este proceso de reinvención inacabable proviene en parte de la necesidad de diferenciarse del producto blanco que, con idénticas características, vende a precio menor la gran superficie (y es generalmente manufacturado por el mismo fabricante de la marca con renombre), y que lleva a los ciudadanos a comprar el producto más barato. Entonces, la imagen de marca ha de resonar por encima del beneficio económico de la marca blanca. Y aquí todo vale para ello.

Vemos que las ventajas del producto en cuestión son lo de menos. El ruido, el impacto mediático, es lo único que cuenta para que los compradores identifiquen en los anaqueles de los supermercados el producto en cuestión, pero desde hace años la verdad sobre este tipo de productos de coste mínimo de fabricación y franquicia y máxima inversión publicitaria global coincide en una cosa: el marketing no se usa para informar al consumidor, sino para subyugarle. Para hipnotizarle, generando memes colectivos, modas y nuevas tendencias. Se miente, a sabiendas de que se hace y asumiendo por posibles costes en sanciones, si se producen; se oculta información nutricional (en el caso de las bebidas refrescantes, la correlación entre el consumo de refrescos azucarados y las muertes por accidente cardiovascular se mantiene celosamente en secreto), se vende felicidad, ruptura de las rutinas, novedad, color, juventud y ruido. Y se falsea la realidad cuando es necesario, con la esperanza puesta en las laxas normativas de publicidad de cada país (desde yogures que ayudan a ir al baño a preparados lácteos que “eliminan el colesterol malo”, pasando por los cosméticos milagrosos que por mor de unas proteínas inexistentes o inventadas rejuvenecen 20 años o eliminan la celulitis, y llegando a los detergentes que usan cosas como el “oxígeno activo”). Así las patadas al rigor científico, diseñadas para una población crédula (o cuanto menos distraída) por expertos en comunicación, extienden falsos datos entre las gentes, crean incluso leyendas urbanas (“el yogur es bueno para el colesterol”, “las grasas son malas”, “la soja es buena, la leche es mala”, “el pan engorda”) que hacen a los médicos llevarse las manos en la cabeza y tiran por tierra campañas enteras de concienciación pública. En general no benefician a la sociedad en absoluto.

Este tipo de industrias de coste de producción tendente a cero, y gasto de marketing alto deberían ser miradas siempre con recelo por la población. En cambio, sus imágenes de marca entre las gentes son inmejorables.

El epítome de la Cultura de la Mentira es ese anuncio televisivo de un “regulador de la publicidad” que aboga por el autocontrol en los anuncios. Los mentirosos están a cargo de que las mentiras no lo sean tanto. Podemos dormir tranquilos.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Un letrero de Coca-Cola en Independence, Oregon. El autor es Gary Halvorson, Oregon State Archives. Copyright The Oregon Historical County Records Guide. Cedida para su uso con atribución.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La Cultura de la Mentira (8 de 9)



Los países protestantes, que en momentos clave de la Historia reciente pudieron separar sociedad de religión e intereses de poder, vivieron unas épocas de florecimiento intelectual inusitadas a partir del Siglo XVI. Este florecimiento, experimentado especialmente en Inglaterra u Holanda, llevó a cambios políticos de gran calado, como las revoluciones inglesa y francesa, que desencadenaron procesos análogos en otros Estados.

Los grandes revolucionarios intelectuales de su tiempo, tales como Kepler, Newton, Leibniz, y en el Siglo XIX y XX Maxwell, Planck, Einstein o Bohr vivieron en países en los que las Universidades vivieron enormes procesos de cambio, durante períodos de paz en los que fueron las grandes fuentes de pensamiento en el continente. Cuando parte de ellos emigraron a Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, se llevaron no sólo sus conocimientos, sino una forma de ver el mundo, y una forma de gestionar el conocimiento, algo que los emigrantes que habían creado el país dos siglos antes también llevaban en sus bodegas intelectuales. Lo que podemos llamar el "espíritu de redención por el trabajo" de la cultura protestante llevó el saber adelante y lo sigue haciendo en este momento.

La mayor gesta colectiva de la Humanidad del Siglo XX, la llegada a la Luna, es el corolario de 500 años de gigantes intelectuales nacidos de los aires de libertad que Lutero, paradójicamente un monje, trajo en tiempos convulsos. Sin embargo, el "valle de lágrimas" católico y la redención oral de los pecados por la confesión parecen haber condenado a los países de la "red católica" al subdesarrollo no sólo intelectual sino también tecnológico. Siempre arrastrados por la vorágine, sus científicos y pensadores destacados tienen el estigma de la emigración como única vía para desarrollarse. El problema cubre por extensión a España y todas sus colonias, Portugal (y colonias también), y es menos visible en otros países católicos en los que el poder eclesiástico fue separado del político por revoluciones, como es el caso de Italia (cuyos aportes a la cultura científica, de Volta a Marconi, pasando por Galileo o Fermi, les colocan en el “otro lado”). En otros territorios como Rusia, en los que se vivió una suerte de proceso híbrido truncado (o exacerbado) por la revolución bolchevique, se produce un fenómeno similar al de los países protestantes, con grandes evoluciones en el campo científico y del pensamiento.

¿Existe un estigma cultural en España y sus satélites culturales? Los hechos parecen probarlo tozudamente. En un país cuyo monarca absolutista decidió convertir la futura sede de la Academia de las Ciencias en el Museo del Prado, las prioridades están claras, y una oportunidad que pudo haber permitido el nacimiento del equivalente hispano a la Royal Society (centro intelectual de importancia vital para el desarrollo científico en occidente) está claro que las prioridades no son precisamente el desarrollo del saber. No olvidemos que el Libro que rige la norma católica, la Biblia, no es especialmente simpática con el conocimiento (ya en el Génesis se afirma que el Pecado Original del Hombre fue el comer del fruto del Arbol de la Sabiduría), algo a lo que sin duda contribuyó el enorme poder político de la jerarquía católica en el país y sus colonias, así como la influencia de la Inquisición.

En Italia procesos como el de Galileo o el de Giordano Bruno fueron excepciones en unas relaciones entre Estado y Religión más bien tirantes, con papas guerreros que minaban su propia autoridad en territorios fragmentados y autónomos. Pero en España la misma reconquista fue un acto religioso, y marcó el dominio de la casta de los sacerdotes en todos los aspectos de la sociedad. Un dominio que ha llegado hasta el día de hoy. En cierta medida, y en ese aspecto, España poco tiene de diferente de las primitivas sociedades animistas, en las que los sacerdotes dominan el poder político de forma directa o indirecta.

Este primitivismo propio de los regímenes feudales forma ciudadanos mansos, poco amigos del cambio, conformes con su destino (después de todo el dogma católico promete la recompensa a una vida de privaciones tras la muerte, y niega todo lo fenoménico. La vida es un trámite hacia algo mejor, y es inútil dedicarse a entender un mundo dominado por el mal y el demonio).

Curiosamente, esta visión delirante del mundo la comparten alas extremas del catolicismo y el protestantismo, ligados unos a otros por la interpretación textual de los pasajes bíblicos, tales como los Testigos de Jehová, los Evangélicos, etcétera. De esos grupos extremistas no surgen tampoco científicos de talla o emprendedores, dado que su ideología aboga por la inacción y la concentración en la oración y el llamado "estudio bíblico", un eufemismo para la interpretación cuasi textual de un libro escrito por unos hombres que vivieron en la Edad de Bronce.

En este sentido las religiones "de libro", y en general todas aquellas especialmente agresivas o proselitistas, están demostrando una intensa desconexión con los ciudadanos que han sido formados intelectualmente (existe, por cierto, correlación entre la inteligencia y el desapego religioso). En un proceso natural, esto llevaría a una gradual extinción de las grandes religiones de libro como dictadoras de conducta, pero estos procesos son lentos y transgeneracionales. Y de la misma manera que los españoles viven en lo más íntimo de su psique colectiva el yugo católico y la superstición a causa de generaciones de influencia cultural, exactamente lo mismo ocurre en el caso de los herederos de esos otros fenómenos religiosos. La elección de la fe es un asunto personal, e incluirla en este ensayo sobre la Cultura de la Mentira ha sido difícil, sobre todo porque regula el acto íntimo de la muerte y da respuestas a asuntos inefables. Pero es innegable que al menos en las actuales y recientes encarnaciones de las grandes religiones "de libro", los efectos sobre las sociedades, su evolución, riqueza y grados de libertad colectiva, son bien demostrables. Así que es mejor que en ese aspecto los hechos sean los que hablen.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Political cartoon by JM Staniforth. Commentary on the Diocese of Llandaff employing more moderate churchmen and rejecting those following the recently legislated Ritualism arm of Christianity. 28 de enero de 1899. Autor: Joseph Morewood Staniforth. Está en dominio público.