sábado, 23 de julio de 2016

Realidad Aumentada


Estando en Avilés presentando "Los que sueñan" durante el Festival Celsius 2016, me encargaron un artículo sobre el fenómeno inusitado de Pokémon Go, el juego del que todo el mundo habla. Al final se publicó en los diarios La Provincia, de Las Palmas, posteriormente en La Nueva España, de Asturias (de donde he obtenido la foto) y luego en La Opinión de Málaga. Os pongo a continuación el artículo entero con un párrafo añadido como bonus que no pudo publicarse porque extendía demasiado el texto, pero que creo es necesario. Espero que os guste. Ahí va.

REALIDAD AUMENTADA
Elio Quiroga

Estoy en la preciosa ciudad de Avilés, en Asturias, donde se celebra la V Edición de Celsius 232, el Festival de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción. Y hasta aquí ha llegado el fenómeno de Pokémon Go: decenas de personas pasean por el casco histórico de la ciudad, mirando fijamente a sus teléfonos móviles, y haciendo gestos extraños ¿Qué está pasando?

El juego se basa en la llamada realidad aumentada o realidad enriquecida; una forma de interactuar con tu entorno en la que, gracias a un ordenador, puedes obtener más información de la que el mundo real contiene de forma natural, añadiéndola digitalmente. En mi novela “Los que sueñan” que presento precisamente en el Celsius, el personaje protagonista, Dante, tiene injertado en su corteza cerebral un aparato que le permite percibir el mundo de esa manera, obteniendo información extra que lo complementa. Así, mientras camina o habla, su ordenador le aconseja caminos mejores para recorrer, o le chiva las respuestas más adecuadas para sus charlas con otras personas.

Eso es por ahora ciencia ficción, pero no lo es tanto el uso de la realidad aumentada en los dispositivos móviles y tablets, mediante diversas apps: que así se llaman los programas que se ejecutan en aquellos aparatos. Desde lo más sencillo, que es un mapa de conducción en tiempo real vía GPS, que todos los conductores hemos utilizado alguna vez, a guías que se usan en el interior de los museos, que conociendo tu posición física te suministran sonidos e imágenes que complementan lo que ves, pasando, claro, por los videojuegos, que tradicionalmente siempre han sido pioneros en usar cualquier tecnología informática novedosa.

Pokémon Go es un juego de realidad aumentada, en el que puedes ir paseando por tu ciudad (te mantiene localizado por GPS) y capturando a la vez pokémons (unos personajes de una serie de videojuegos y de dibujos animados que tienen poderes mágicos; fueron creados por el desarrollador de entretenimiento electrónico Satoshi Tajiri) que salen a tu encuentro en el mapa real de tu entorno.

Los desarrolladores de Pokémon Go no se esperaban lo que ha pasado, un éxito sin precedentes. El juego es sencillo, rápido y barato. Nintendo, la empresa creadora del producto, tenía una mala racha por las escasas ventas de una consola de videojuegos, la Wii U, y lo estaban pasando fatal. De repente la empresa ha pegado un salto enorme, recaudando por ahora 7.500 millones de dólares, y duplicando su cotización en bolsa.

Pero lo más sorprendente ha sido lo que ha pasado entre la gente, entre los usuarios del juego. Todo el mundo quiere jugar a Pokémon Go, caminar por las calles de su ciudad mirando la pantalla del móvil, donde el juego les mostrará en realidad enriquecida los pokémons que les rodean y que pueden y deben capturar para seguir ganando puntos, caramelos y polvo estelar (no me lo invento, es así; ambos ingredientes dan más poder a tus pokémons y por tanto de pondrán en mejor situación cuando te enfrentes a otros).

A veces esas cosas pasan, y sin saber por qué un pequeño detalle de desarrollo convierte a un juego normal, que no es gran cosa sobre el papel, en un suceso mundial. Pasó con Angry Birds, o con Candy Crush, y ha ocurrido otra vez con Pokémon Go.

Si la gente ya va como perdida por la calle mirando a sus móviles mientras se comunican por Whatsapp o Facebook, pero olvidándose de mirar hacia delante (a todos nos ha pasado alguna vez), la locura se ha desatado con Pokémon Go, y las gentes se encuentran en los parques o en las calles, y distraídos cazando pokémons o enfrentando los suyos con los de otros, pueden sufrir graves accidentes, algo con lo que, sin duda, el desarrollador no contaba. No es la primera vez que pasa, aparte de con los móviles. En países más conscientes que el nuestro, como Reino Unido, las campañas para que la gente no camine por la calle con sus auriculares a todo volumen, algo que causa varias decenas de muertes por atropello al año, son moneda común.

La vida humana, y ahora más que nunca, está en continuo cambio, y las tecnologías que nos llegan cambian nuestras vidas sin que nadie haya probado previamente las consecuencias de esos cambios en nuestras sociedades, o en nuestras existencias cotidianas. Estamos viviendo un perpetuo experimento, entre gozoso y peligroso, de la mano de cada nueva técnica o producto masivo que se lanza al mercado. No sé si la realidad aumentada ha venido para quedarse; la realidad virtual, otra forma de inmersión en los mundos digitales, no está funcionando como esperaban los fabricantes. Así, al menos tenemos el consuelo de que el experimento es bidireccional: la incertidumbre se reparte tanto entre nosotros, los consumidores, como entre ellos, los creadores de tecnologías.

Los genios de Silicon Valley definen una tecnología buena y positiva como aquella que genera un acontecimiento rupturista, algo que cambia las reglas del juego para siembre en las sociedades. Facebook, Whatsapp, el iPhone o Internet, lo han sido, como lo fue en su día la radio, el cine, la televisión o los libros impresos. Pokémon Go está causando tales estragos que podría ser un nuevo acontecimiento rupturista. Sólo el tiempo lo dirá.

Por de pronto, la gente lo consume ávidamente, puede que haya que cambiar la legislación para que se multe a los jugadores que lo usan mientras conducen o caminan, y ya se han dado casos surrealistas, como el de una chica que jugando con esa app se encontró un cadáver en mitad de un seto, o la locura que se generó en el Central Park de Nueva York hace poco, algo que ocurre cuando el juego propone zonas reales en las que hay que interactuar, tales como Gimnasios Pokémon (donde puedes enfrentar a tus pokémons) o los PokeStops, a los que los jugadores acuden masivamente. Al mismo tiempo, personas con graves problemas de relación interpersonal los están superando jugando a esta app, que les fuerza a salir a la calle y caminar entre la gente. Así, el juego está creando interesantes serendipias a su alrededor. Y otras no tanto, como el hecho de que un grupo de carteristas coordinado pueda aprovecharse de atraerte a un PokeStop llenándolo de pokémons y aprovechar para robarte, por ejemplo.

Pokémon Go no ha nacido, con todo, de la noche a la mañana. Es fruto del trabajo y el conocimiento acumulados por la empresa que lo ha desarrollado, Niantic, que dirige John Hanke. Hanke fue de importancia vital en la creación de Google Earth y Google Maps, y ya había desarrollado un videojuego anterior que utilizaba la geolocalización vía GPS, titulado Ingress.

En fin, estamos ante un juego relativamente sencillo en su planteamiento (que no en la tecnología que utiliza) que genera una interacción social de alta complejidad y una suerte de efecto mariposa al salir al mercado. A veces esas cosas ocurren, y la inmensa mayoría de los creadores de startups del mundo darían un riñón por saber cuáles son los ingredientes para que estas explosiones inusitadas de éxito se produzcan.

Pero precisamente son inusitadas por eso: porque nadie, ni sus propios creadores, las esperaban.

La foto es de Ricardo Solís, copyright La Nueva España. Fue tomada ayer día 22 de julio de 2016 en la Plaza de España de Avilés.


miércoles, 20 de julio de 2016

Presentando "Los que sueñan" en el Celsius


Hoy hemos presentado mi novela "Los que sueñan", Premio Minotauro 2015, en el Festival Celsius 232 de Avilés. Me acompañó y presentó José Manuel Estébanez, con quien charlé de algunos detalles de la novela, sin revelar spoilers, claro.

Luego tuvimos un montón de preguntas de los asistentes y firma de ejemplares. A todos los que fuisteis, gracias. Espero que lo pasarais bien.



Las fotos son Copyright Celsius 232.

viernes, 15 de julio de 2016

Cuando las cosas se hacen bien


Llevo mucho tiempo quejándome de la inacción de las administraciones en nuestro país, sobre todo de cómo nos venden servicios que en realidad son sólo marketing. Y cuando una cosa sale bien y las instituciones responden, es justo decirlo.

En la foto de arriba podéis ver el mal estado en que estaban algunas baldosas en la calle La Bolsa, de Madrid, todo un problema causado por el paso de los pesados camiones de reparto que llenan la zona por las mañanas, que hacía intransitable la zona, además de peligrosa para los peatones. 

Hace un mes mandé la foto de arriba y una explicación del problema a la sección de Sugerencias y Reclamaciones del Ayuntamiento.

Ayer recibí este escueto email:


Y, efectivamente, el problema está arreglado.


Gracias al Ayuntamiento por habilitar ese servicio online, y sobre todo por responder tan rápida y satisfactoriamente.



jueves, 14 de julio de 2016

En el Celsius 232 2016


Este es el precioso póster que ha hecho David Rubín para la edición de este año de Celsius 232, el modélico Festival de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción de Avilés, que dirige con inteligencia Jorge Iván Argiz con Cristina Macía y Diego García Cruz. Esta es su quinta edición, y he tenido la suerte de verlo crecer en estos años para convertirse en un referente internacional.

Este año estaré por esas lindas tierras asturianas presentando mi novela "Los que sueñan", que obtuvo el Premio Minotauro 2015, y hablaré un rato de eso que llaman "transhumanismo", así que si os pasáis por allí, pues nos vemos y charlamos de realidades virtuales y esas cosas...   :-)

Ah, y además, Hijos de Mary Shelley presenta el último tomo de su sobresaliente colección de libros de cuentos, titulado "Las noches de Clairmont", al que he contribuido con un relato corto. Prometen sorpresas en esa presentación, algo que siempre es de esperar cuando la mente creativa e incansable de Fernando Marías, director del proyecto, está por medio.

En mi primera visita al Celsius, la II Edición, quedé impactado por el poderoso monólogo de Vanessa Montfort "Sirena Negra" interpretado con visceralidad, entrega y arrebato por la actriz y soprano Ruth González, dentro del corpus del apasionante proyecto Hijos de Mary Shelley. De aquella velada nació el cortometraje del mismo título, que hicimos el año pasado, adaptando la obra, y que se presentó en el Festival de Cine de Gijón y en Sitges, ganando posteriormente el Premio a la Mejor Actriz en el IV Short Film Festival de Bombay.

El programa es el siguiente por si estáis por allí:

-El día 20, miércoles, presentaremos "Los que sueñan" en el Auditorio de la Casa de la Cultura, a las 17:45 horas, de la mano de José Manuel Estébanez.

-El día 23, sábado, a eso de las 21:00 horas, el actor y barítono Enrique Sánchez Ramos leerá "Una pequeña tara", el relato que incluyo en "Las noches de Clairmont", el tomo de relatos de terror que ha publicado Hijos de Mary Shelley, del que, además, Carlos Fidalgo interpretará su relato "La luz que no se apaga nunca". Además, Gonzalo Pernás y Luis Antonio Muñoz interpretarán la performance musical Renè Lebiac, todo ello presentado por Fernando Marías.

Podéis consultar el programa completo de Celsius 232 2016 aquí.

¡Allá nos vemos!

martes, 12 de julio de 2016

Señales


Se ha publicado estos días en los pequeños artículos de las secciones econónicas de la prensa. 

Esas que nadie lee. 

Están pidiendo a Europa que alguien pague urgentemente un rescate a la banca alemana. Algo similar a lo que hizo la Reserva Federal norteamericana cuando cayó Lehman Brothers en 2008, una bancarrota que amenazaba con llevarse por delante a toda la banca de aquel país. Y casi lo hizo.

No se si os acordáis. Aquello fue el principio de la llamada crisis subprime, que fue el origen de la brutal conmoción económica mundial que todavía estamos padeciendo. Básicamente aquellos tipos de Lehman Brothers habían construido una estructura piramidal propia de trileros y habían conseguido que la economía norteamericana -y mundial- se basara en ella. Por cierto que los responsables de aquella enorme estafa apenas han pagado por su delito. Pero ese es otro asunto.

El problema es que ese nuevo rescate a Alemania y a sus bancos lo ha pedido a la desesperada un banco: el Deutsche Bank, el mayor ente financiero de Europa, que por cierto, y esto es muy importante, acaba de suspender los tests de stress norteamericanos y además los del Fondo Monetario Internacional.

Cuando un banco pide un rescate en voz alta sin miedo a ser escuchado es que su situación es tan penosa como desesperada. Y si lo hace el banco más importante del continente, ya ni os cuento cómo deben estar de mal.

Al parecer el estado de sus balances es un desastre que multiplica por 10 todo el producto interior bruto de Alemania, pero todo eso es una mínima conjetura, dada la falta de transparencia de la banca, que nadie se ha molestado en corregir, a pesar de ser la causa principal de la crisis de 2011.

Al parecer ahora mismo el problema del Deutsche Bank es de 3 a 5 veces mayor que  el de Lehman Brothers según las fuentes que he consultado ¿os hacéis una idea?

Vamos, que el mayor banco europeo, que por cierto tiene una enorme inversión en riesgo español, esta muy seriamente tocado. O mejor dicho, está hundiéndose a cámara lenta y pidiendo a gritos a las autoridades europeas que les manden botes de rescate.

Y estas, pues como era de esperar, se ciñen a la poco flexible norma que rige esas cosas entre nosotros. O sea que no están haciendo nada de nada, vamos. Justo lo contrario que hicieron los americanos en su día. Como siempre.

Y hay más cosas feas cerca de nosotros.

En Italia se habla de que casi toda la banca de allí está en una situación irreversible y desesperada, con unos números rojos de más de 360.000 millones de euros. Los políticos italianos llevan unos cuantos años mirando hacia otro lado ante esa situación -practicando eso tan nuestro de ignorar los problemas a ver si desaparecen solos-, y ahora que les vienen elecciones, ni lo comentan, no sea que se les caiga encima el castillo de naipes que es ahora mismo la economía y la banca de allí.

Y no olvidemos el Brexit, que amenaza con un terremoto financiero tremendo.

Y la banca española está básicamente hecha polvo y sin hacer los deberes. Así de claro.

Y no os cuento del estado catastrófico de las finanzas griegas, portuguesas o irlandesas.


Y ni hablar de China, que parece que está lejos, pero en términos de crisis ya no hay distancias. De hecho la mayor parte de nuestra deuda la han comprado ellos. El efecto dominó está servido. Y cuando empiece no se podrá parar ya.

En fin, que estamos potencialmente peor que en 2011 para afrontar la que se nos viene encima, que puede ser mucho más grande. Se ve venir desde hace tiempo.

La primera crisis que estalló hace 5 años -en realidad 8- fue tan enorme sobre todo porque nadie estaba haciendo nada de nada para impedir cosas así. Vemos ahora que la situación se repite, y las reacciones a las señales de alarma, o mejor la completa ausencia de tales reacciones, también.

Llevo meses diciendo que las señales de alarma se multiplican. Estas revelaciones que salen estos días a la prensa, medio escondidas como si dieran vergüenza, apuntan a ello.

Y aquí no se están creando planes de contingencia por si pasa lo peor. Nadie sabe las consecuencias de la que se nos viene encima.

Sólo me queda recordaros que nuestro ministro de economía en funciones fue director en España y Portugal de... Lehman Brothers. Sí, de los trileros aquellos.

Hemos Tenido al zorro cuidando de las gallinas desde el primer día.

Uso el logotipo del Deutsche Bank para ilustrar este texto, acogiéndome al derecho de cita.

lunes, 11 de julio de 2016

User friendly


En informática, cuando estudiamos cómo mejorar las formas en que las personas se comunican con los ordenadores mediante el desarrollo de interfaces, que son las formas en que las máquinas se relacionan con nosotros -los iconos del Windows, el ratón, los trackpads, las pantallas táctiles de los teléfonos inteligentes, o Siri, son formas de interfaces-, manejamos siempre una premisa básica: todo ha de ser lo más sencillo que sea posible para el usuario. 

Lo llaman ser “user friendly”, o “amistoso”, en el argot.

Así que digamos que los informáticos tenemos la cabeza “diseñada” para intentar hacer las cosas más fáciles a las personas que usan nuestros programas para que sus vidas sean más sencillas. De ahí que cuando nos encontramos con cosas innecesariamente complicadas, casi siempre hechas así para fastidiar al usuario, nos llevemos las manos a la cabeza. Es algo que no comprendemos.

Cualquier víctima de la burocracia española sabrá perfectamente de lo que hablo. Los recursos y las técnicas no se orientan en ese mundo a facilitar la vida al ciudadano, sino a complicársela. Por las razones que sean, poderosos gremios se agazapan detrás de alambicadas legislaciones que obligan a correr a las personas de ventanilla en ventanilla, cuando una sencilla mejora de recursos acabaría con la mayoría de las trabas burocráticas que nos rodean. Pero claro, eso afectaría a gremios enteros que han sobrevivido durante siglos de entorpecer la vida a los ciudadanos, encontrando soluciones a problemas que ellos mismos han creado. Desde los procuradores judiciales a los notarios, pasando por los registradores de la propiedad, los registros mercantiles y toda una larga lista de partes interesadas, todos ellos viven de que la cosa resulte complicada, de que todo se líe. Cuando lo más sencillo sería habilitar formas para que la gente tuviera que guardar menos colas o hacer menos trámites, una maraña enorme de intereses creados se dedica justamente a lo contrario, y con gran energía, por cierto.

He dedicado algunos artículos en años anteriores a mostrar cómo este tipo de sinsentidos aparece en el pésimo diseño de las aplicaciones web de las diferentes administraciones del Estado: todas complicadas sin necesidad, todas incompatibles, todas pésimamente diseñadas, todas tediosas a más no poder. Y desde el principio he expuesto la solución: un instituto que haga esos interfaces homogéneos y únicos, que los estandarice, de modo que una persona que tenga que rellenar un formulario online en La Rioja se encuentre con los mismos requerimientos que en Madrid o en Lanzarote. Pero para eso, como siempre, hay que poner de acuerdo a infinidad de gremios, instituciones y grupos anegados en sus propios intereses, y se requiere una gran voluntad política para negociar con ellos. 

Y eso es lo más complicado de todo, orientar una forma de pensar decimonónica que considera que la administración debe de complicar la vida a la gente, a la idea opuesta. Combatir la inercia de siglos, el “pero es que siempre lo hemos hecho así” que hemos oído tantas veces cuando alguien está cómodo en su situación y no quiere que se le complique la vida.

Un ejemplo reciente es lo que ha pasado, curiosamente, con Vueling; una empresa privada, sí. No voy a entrar en el desastre de gestión que implica la cadena de cancelaciones de vuelos que se han producido estas semanas, fruto de poner a la cabeza de la empresa a incompetentes a los que se pide unos requerimientos de beneficio inalcanzables. El resultado es siempre un desastre, pero nadie parece aprender de lo ya ocurrido. No sé si Vueling resistirá y cerrará, problema de ellos por incapaces, pero sí sé el problema que sufren sus usuarios, a los que, en teoría, protege una legislación en forma de directiva europea, transcrita a la ley española. Pero claro, como esas cosas se han legislado, no “user friendly”, no "amigablemente", sino más bien atendiendo a los poderes de los lobbies y grupos de presión con intereses en la industria aérea, los ciudadanos a la hora de reclamar por casos como el de Vueling están de nuevo desasistidos: primero has de reclamar por el retraso, cancelación o falta de información directamente a la línea aérea y esperar respuesta, lo que se puede demorar a lo largo de semanas o meses. Luego, habrás de ir a la institución estatal responsable del asunto, en este caso la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, y esperar su respuesta, que para colmo no es vinculante; ellos habrán de preguntar lo mismo a la línea aérea y te darán su resolución basada en la respuesta que reciban, que será la misma que te enviaron a ti. Finalmente, si la línea aérea no acepta indemnizarte, habrás de recurrir a los tribunales, donde casi siempre ganarás, pero, claro, habrán pasado entonces más de dos años desde el momento en que se produjo el daño, y la mayoría de los ciudadanos habrán ido desistiendo en algún momento del camino. El sistema está diseñado para frustrar al ciudadano, a pesar de que la ley es bien clara al respecto, y tiene un cuadro de indemnizaciones si hay cancelación, si hay retraso de más de dos horas, etc.

Lo “user friendly”, lo "amigable", sería una política de indemnizaciones automáticas en cuanto se produjera el dolo. Después de todo, la línea aérea lo sabe todo de ti: tus señas, tu mail, tu teléfono, tu cuenta bancaria, tu tarjeta, etc. Y si se produce retraso o cancelación, en ambos casos hechos indiscutibles, se debería de proceder de forma instantánea a la indemnización o a consultar al menos al cliente qué prefiere, si nuevo billete, si reembolso... lo que sea. Sin necesidad de un calvario de 24 meses como mínimo y el recurso a al menos tres instancias consecutivas para obtener algo a lo que todo pasajero ha tenido derecho por definición y desde el primer momento.

Por ahora las cosas están como están. El ciudadano damnificado debe de cargar con el trabajo, la tensión y el sufrimiento de hacer valer unos derechos que en teoría tiene, pero por los que ha de dejase la piel, mientras que la gran corporación se mantiene abotargada, esperando que de cada 100 reclamaciones sólo un par lleguen a juicio, ahorrándose el pago de las 98 indemnizaciones restantes a gente que tiene perfecto derecho a ellas.

Cerraré este artículo otro día con un final, espero, un poco más optimista. Pero mientras tanto, usad las hojas de reclamaciones, están para nosotros, y por ahora son la única vía de pelear por lo que es nuestro, en este mundo nada amigable.


Pd.: Otro ejemplo de incompetencia pública que me pasó hace apenas un día, esta vez en el mundo real. Aquí comenté hace poco que estoy peleando con la Ley de Dependencia canaria. He intentado pedir una primera visita para obtener el grado de discapacidad de un familiar cercano, pues ello permite que pueda ejercer ciertos derechos que le asisten. Llego con el impreso y me piden un certificado médico; una funcionaria me dice que si voy el mismo día con la persona, hacen la revisión sobre la marcha. Otra, en la mesa de al lado, me dice que la lista de espera es de 10 meses (que al final es la realidad) ¿Cómo puede haber tal desinformación dentro del departamento al que pido asistencia, entre dos funcionarios que están prácticamente uno al lado del otro? Voy a la médico de cabecera a pedir el informe, que me dice que ella no puede hacerlo y me remite a la enfermera de enlace, que me remite por su parte a la asistente social, que a su vez llama de vuelta a la doctora ante mi (quien al final no tiene ni idea del trámite), y le informa de que tiene el formulario que debe rellenar a ese efecto disponible online. Pido una nueva cita a la médico de cabecera, ya que he perdido la anterior, y ella insiste ahora en que el familiar debe de firmar una autorización “por protección de datos”. Cuatro visitas y todo el mundo echando balones fuera. He perdido cinco días entre medias, y todavía no sé cómo acabará la cosa. Lo elemental sería un cruce de datos entre departamentos con acceso cruzado a las bases de datos de los historiales médicos de los pacientes, es decir, un proceso automático, perfectamente factible hoy en día, y no molestar a los ciudadanos, que tienen que llevar papeles de un lado al otro sin que ello sea realmente necesario en los tiempos de internet. Ha resultado todo una suma inexcusable de escasa competencia, mala gestión, pésima optimización de recursos, nula información del personal sobre los procedimientos (algo tan grave que me deja boquiabierto), y todo gracias, cómo no, a los recortes presupuestarios, que llevan a una escasez de personal crónica en el Sistema Canario de Salud, y a las consiguientes guerras interdepartamentales para mantener las cosas “como están”, todo enmarañado, y a lo que asistes, sencillamente, con la boca abierta. Y me pregunto ¿cuántos de mis conciudadanos, necesitados de esa valoración de discapacidad, han desistido por el camino al encontrarse con estos muros? Gente que tiene trabajos de horario continuo, que a lo mejor sólo se pueden escapar media hora para hacer trámites, se encuentran con horas de espera, idas y venidas, y gente que se encoge de hombros. Sólo tenemos tiempo en la vida; quitárnoslo inútilmente es algo cruel, y mira que nos pasamos la vida bregando con la burocracia constantemente. Cuando la administración por definición causa dolo a quienes se supone sirve, es que algo va muy, pero que muy mal, en todo esto. Esta es una de tantas cosas que hemos de cambiar en este país de una vez... cuando gobierne alguien con cabeza, claro. Mientras tanto, mi consejo siempre será el mismo: reclamad, reclamad y reclamad. Que nadie pise vuestros derechos. Porque son lo único que tenemos, y porque ha costado mucho llegar a ellos.

Hice el collage fotográfico con el que ilustro esta imagen el 3 de abril de 2015.

miércoles, 6 de julio de 2016

Proyección de "The Mystery of the King of Kinema" en la Filmoteca de La Rioja


Ayer "The Mystery of the King of Kinema" se proyectó en la Sala Rafael Azcona, sede de la Filmoteca de la Rioja en Logroño, dentro del ciclo "El Misterio del Cine", que organiza la Universidad de La Rioja en sus Cursos de Verano 2016. Luego tuvimos un buen rato de coloquio con los asistentes, charlando sobre Max Linder, protagonista de la película, el cine mudo y sus pioneros. Fue un rato agradable. 




El coloquio fue presentado y dirigido por Bernardo Sánchez, director del ciclo, que aparece en las fotos. Gracias a él, a Félix Abel de la Cruz, a Mercedes Torrano y Rubén Marín por su ayuda y hospitalidad.

martes, 5 de julio de 2016

Laboratorio de Guión de Cine de la Fundación SGAE


Tras 6 meses de trabajo, hemos terminado el Laboratorio de Guión “Edición Cine Fantástico” de la Fundación SGAE, realizado en colaboración con CINE365FILM en Barcelona. En la foto de Arriba, y de izquierda a derecha, Pau Escribano, yo, Albert Val (Director del Laboratorio), Marc Martínez, Amelia Mora, Pedro Pablo Picazo, Carla Guimaraes y Jorge Blas. Ha sido una gozada compartir con ellos estas jornadas de trabajo.

En la foto de abajo, también posan, a la izquierda Ignacio Armada, que nos ha ayudado en toda la gestión desde SGAE Madrid, y a la derecha la directora de Comunicación de SGAE Catalunya, Agnela Domínguez.

 

lunes, 4 de julio de 2016

Vuelva a volver usted mañana



Esto ocurre a diario en la calle La Bolsa de Madrid, en la Oficina Central de Atención al Ciudadano (??) del Ministerio de Justicia. En pleno julio.

La gestión de colas se solucionó hace décadas, mediante cosas como la cita previa, o el diseño de instalaciones en condiciones para atender a la ciudadanía. Es sólo un problema de recursos, gestión eficiente y voluntad política, claro. Tener a la gente haciendo cola durante horas bajo un sol de justicia no es de recibo en 2016. Y luego nos preguntamos en qué se ha recortado todos estos años. Pues en cosas como esta, como el mero hecho de tratar con un poco de dignidad al prójimo. 

En mi isla acabo de intentar hacer un trámite en un departamento de la Ley de Dependencia del Gobierno de Canarias, donde unos funcionarios sobrecargados y desquiciados, al borde de pedir una baja por agotamiento, hacen lo que pueden en unas instalaciones insuficientes, sobrepasados por las necesidades sociales de un pueblo que paga sus impuestos religiosamente y a cambio es tratado a patadas. Tal vez por eso en Canarias somos campeones de la austeridad y la única CA que ha respetado el compromiso de déficit.

En las islitas rascas un poco la apariencia de modernidad europea que nos venden las instituciones, y salta la precariedad, la gestión pésima, los despidos masivos y las alas hospitalarias infrautilizadas. Y las colas, y las listas de espera. La espera para el examen de la Ley de Dependencia en Gran Canaria es de 12 meses. Para el examen de discapacidad, 10. Y no pasa nada, los mansos ciudadanos en sus colas, sin rechistar.

Pues no. A costa de esto, no, mire usted. Tratad con dignidad a la gente, carajo. Cómo es este país, lleno de servicios “de boquilla” y legislaciones incumplidas, sin que nadie pague las consecuencias políticas ni penales, sólo los ciudadanos, recibiendo tortazos por todos lados. El vuelva usted mañana nunca se fue, sólo estaba agazapado.

Y luego se escandalizarán cuando los electores les manden al agujero de la oposición, y se preguntarán ¿Qué hemos hecho mal? Claro.

Ah, perdón, que han vuelto a ganar... ¿En qué estaría yo pensando?