miércoles, 30 de octubre de 2013

La Cultura de la Mentira (7 de 9)



Los espejismos de democracia que se extienden por todos lados en la Red de Redes tienen su reflejo más importante e intenso en las Redes Sociales. Gigantescos receptáculos (y traficantes) de información personal, diseñados por empresas transnacionales que escapan a las legislaciones locales con enorme facilidad, su enorme éxito global debería abrir la puerta a un debate intenso sobre las consecuencias a largo plazo de su uso.

Actualmente se ha puesto de moda el llamado "derecho al olvido", una utopía inalcanzable que se pretende legislar desde España sin comprender aún que el fenómeno de las redes sociales, como Internet, no depende de territorios ni de legislaciones locales, y que se requiere un acuerdo transnacional definitivo que legisle la Red de Redes antes que nada. Pero poner de acuerdo a naciones enteras en algo así garantiza que Internet será aún por mucho tiempo una jungla en la que las leyes nacionales no son de aplicación por mucho que se desee. Desear algo muy intensamente, en ocasiones no basta. Es algo que saben los niños cuando dejan de serlo. Pero nuestros legisladores parecen ignorarlo. En este asunto de nuevo entra la pésima asesoría que el político español, generalmente ágrafo en términos de tecnología y derecho tecnológico (y en todo lo demás), sufre.

Todo ello, naturalmente convierte la situación actual en una "tormenta perfecta", con una red global de comunicaciones llena de potencial pero que en estos momentos no permite obtener los beneficios adecuados a los operadores que no sean globales o monopolísticos, y que arrasa con los derechos de terceros de forma despiadada, de modo que la cantidad de nuevas violaciones a los derechos de las personas en la nueva realidad de un metaespacio público virtual como internet es de hecho global y no-espacial, aumenta cada día (intimidad, inviolabilidad del domicilio y las comunicaciones, derechos de autor, piratería global, tráfico de datos, phishing, ciberacoso, pornogafía infantil, troyanos, vigilancia remota, robo de la personalidad, hacking, cracking, vigilancia gubernamental... ).

En España, donde no tenemos ciertas barreras éticas que sí existen en otras naciones (vaya usted a saber por qué), fenómenos como el robo de propiedad intelectual campan a sus anchas y recorren la sociedad de forma transversal: jueces, políticos, ingenieros, médicos, parados, autónomos, transportistas, comerciales o policías practican a diario el intercambio de unos archivos que no les pertenecen y se ha creado la imagen distorsionada de que existe un derecho a hacer algo que no es nada más que robo de datos, algo penalizado por la Ley.

La tibieza de gobiernos enteros y sobre todo su insoportable ignorancia, ha llevado al país a una situación insostenible en ese aspecto, que distorsiona la escala de valores de varias generaciones de ciudadanos que algún día tendrán que enfrentarse con esas contradicciones en sus vidas personales.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Publicidad de Atari en el periódico venezolano "El Nacional", del domingo 2 de Abril de 1978. Parece provenir de un microfilm. Autor: Omerta-ve. Está bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported.

lunes, 21 de octubre de 2013

El Due Dinámico



De vez en cuando iré posteando aquí las grabaciones de DUE, el grupo de música experimental del que formé parte hace unos cuantos años, que vamos subiendo poco a poco a Jamendo.com

"El Due Dinámico" lo grabamos en 1988-1989. Había dirigido mis dos primeros cotrometrajes para Televisión Española en Canarias, dentro de un programa de producción propia del centro de producción de Las Palmas llamado "Cine Canario" y con los sueldos de aquel trabajo adquirimos nuevos instrumentos y aparataje, entre ellos un sampler y un sintetizador Roland, una nueva mesa de mezclas, etc.

Pasamos un año más o menos trabajando en esta grabación, que como siempre editamos en su día bajo el sello "El Consumidor de Cultura" con el que vendíamos nuestras grabaciones en aquellos días, vía correo postal.

Había un montón de grandes ideas en aquel trabajo, desde una obra de corte minimal para piano que se convirtió en algo parecido a un éxito -en la escena experimental, claro-, hasta obras radicales de noise sampleado, como "Mamá, dame un polo aleatorio", una suerte de instalación sonora que todavía resulta incómoda de oír. Utilicé posteriormente "L'automne", otro de los temas musicales de la obra, como fondo sonoro para una de mis primeras obras de videocreación, "Movimiento Nazional".

Para la portada de la cinta hicimos una sesión fotográfica en la que posábamos como una especie de grupo de verbena digno de compasión. Para el interior de la obra hicimos otra sesión en la que posábamos como los miembros de Kraftwerk en sus primeros discos. "El Due Dinámico" conjunta experimentación con un estilo sarcástico que acompañó a DUE a lo largo de su historia como formación experimental. Nos reíamos de todo, y a la vez intentábamos proponer ideas audaces y diferentes.

Puedes acceder a la obra completa en Jamendo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

La Cultura de la Mentira (6 de 9)



Una sociedad anestesiada como la nuestra creo que es el resultado de esta combinación de una democracia demasiado joven, la herencia española de su cultura católica y de las generaciones educadas durante la dictadura, y la tradicional picaresca. En España mentir está bien visto. Engañar al otro es un valor añadido, como lo es hurtar algo en los hoteles o defraudar al fisco. El ciudadano español aún pregunta a sus clientes si prefieren "con o sin factura", y en resumen, vive en un autoengaño perpetuo: él no es la sociedad. Él no tiene que ver con el colectivo. El resultado es un país con las mayores bolsas de fraude fiscal de Europa, con una evasión de impuestos galopante y un impresionante tráfico de dinero no controlado. Pero el statu quo no es fácil de cambiar. Sobre todo porque este estado de cosas beneficia a ciertos colectivos a los que beneficia la opacidad. Los grandes caudales de dinero negro actúan de sombra ocultadora para el lavado de ingentes cantidades, y así, generaciones de relaciones clientelares entre gobiernos locales y visitantes interesados, han creado una compleja trama de intereses que atraviesa el país.

Así, no es extraño que, al contrario que ocurre en otras naciones regidas por la moral protestante, en la católica España la verdad y el Estado de Derecho no sean valores precisamente primordiales. En nuestro país la verdad está condicionada a la línea editorial del medio que la publica, esto es, de lo que mande el que paga el medio. Y como sabemos, el segundo diario de mayor tirada del país ha estado manteniendo contra viento y marea una delirante teoría de la conspiración relacionada con los atentados del 11 de marzo de 2004 absolutamente indigna de un medio con ese prestigio, pero que ha recibido apoyo por parte de medios orientados hacia el lado más conservador que han convertido esa conspiración en arma política contra sus enemigos políticos -en España el rival político es siempre enemigo-. El delirio estalla cuando se habla de periodismo de investigación respecto a esas teorías dementes. ¿Puede existir un periodismo independiente en un país como España en el que los medios de comunicación están controlados o bien por reinos de taifas políticos o por poderosos accionistas económicos, y más aún en unos tiempos de crisis económica que ha generado una crisis del mismo modelo de prensa? ¿Se ha planteado la profesión periodística su importantísima responsabilidad en la creación de la Cultura de la Mentira? ¿Puede un país sobrevivir con una prensa que busca bandos y confrontación ciudadana antes que compromiso social? ¿Quién se beneficia con ello? ¿Es consciente ese colectivo del daño irreparable que se hace a generaciones enteras de ciudadanos a los que se está sumergiendo en una absurda batalla de buenos y malos, de "conmigo o contra mi"? Como en tantas cosas, lo más probable es que los responsables últimos de este estado de cosas ni se hayan planteado esas preguntas, pues ellos mismos son víctimas de la Cultura de la Mentira.

Para la historia y las hemerotecas quedan ejemplos como el delirio de las portadas del diario La Razón, un periódico reconvertido en panfleto pro-gubernamental que se ha instalado en su propia parodia. A veces me cuesta distinguir la portada diaria de La Razón de la del mensual satírico Mongolia. El nivel ha llegado a extremos demenciales.


La imagen la encontré en Wikimedia Commons. Anuncio publicado en la prensa cubana de La Habana, en 1839. En el mismo anuncio se venden negros esclavos, caballos y sanguijuelas. Fuente: "Memoria del fuego: el siglo del viento", Eduardo Galeano, ed. Siglo XXI de España, 1986.  Está en dominio público.

martes, 8 de octubre de 2013

La Cultura de la Mentira (5 de 9)



Las exigencias que la sociedad actual vierte sobre el ciudadano, aparte de sus obligaciones familiares y personales o para con el Estado (impuestos sobre todo), se multiplican ahora en la Cultura de la Mentira, y añaden tareas sobrevenidas para poder sobrevivir en un ecosistema repleto de información distorsionada, sin que, por otro lado, los gobiernos que le instan a cumplir con sus obligaciones tributarias hagan demasiado para cambiar la situación. Me explicaré.

El ciudadano actual habita en un ambiente que se ha ido volviendo paulatinamente más y más hostil, debe de ser experto en leyes, ejercer de abogado para defender sus derechos ante megacorporaciones cada vez más opacas, tener conocimientos de medicina y bioquímica ante los falsos anuncios de propiedades cuasi curativas de lo que no son más que preparados lácteos fermentados, o ser un experto en informática y telecomunicaciones para poder entender la letra pequeña de los contratos de las empresas que le dan acceso a la llamada sociedad de la información. Pero además ha de poseer una estabilidad psicológica a prueba de bomba y conocimientos de retoque de imagen digital para poder distinguir la falsa imagen con la que los mass media le bombardean a diario y le machacan como objetivo de belleza inalcanzable. La vida es muy complicada en la Cultura de la Mentira, porque cada vez es más difícil poder reconocer la falsedad. Los anunciantes recurren a falsa terminología científica y en ocasiones venden productos sin el menor efecto sobre la salud a sabiendas de que no hacen nada, como es el caso de los citados productos cosméticos o los homeopáticos, un ejemplo perfecto de cómo la mentira es tan poderosa que ahora mismo es imposible bajar de su posición de poder a Boiron y otras multinacionales de la homeopatía que no hacen otra cosa que vender agua y azúcar en grageas sin una sola prueba científica a su favor, en farmacias, el supuesto centro intocable del saber curativo para los ciudadanos, y que de un tiempo a esta parte se ha llenado de pomadas milagrosas y curas imposibles, en otro ejercicio de puro cinismo y de mentira tolerada.

Todo esto también tiene mucho que agradecer a la ignorancia de las clases políticas. Si sobrevivir en la Cultura de la Mentira sin convertirse en un esclavo de la compra o la elección compulsiva requiere una sólida formación cultural, cualquier estadística sobre los políticos en ejercicio muestra graves carencias formativas en generaciones de ellos. Eso convierte al potencial legislador en alguien fácilmente manipulable por lobbies de presión y solícito a la leve y cariñosa admonición del "déjanos a nosotros, que somos los que entendemos" o al letal "dejad al mercado que se autorregule" que tanto daño causa por doquier.

Ejemplos especialmente terribles, por afectar a vidas humanas, son la industria del tabaco, la del alcohol, la del juego y la de la pornografía. Todas ellas son partidarias de la desregulación máxima de sus actividades, y todas ellas son causa potencial acreditada de gravísimos perjuicios a la sociedad. El tabaco, convirtiendo en adictos sin libre albedrío a casi un tercio de la población de España, y por tanto sujetos fácilmente manipulables, amén de con una esperanza de vida limitada a causa del letal consumo que ejercen. Por otro lado, la industria alcoholera, que sigue siendo tratada con una inexplicable mano de seda por los legisladores -la publicidad de alcohol sigue siendo posible, por ejemplo- cuando se sabe perfectamente que es la principal causa de la violencia social, el absentismo laboral y las muertes prematuras -tras el tabaco y el tráfico-. El juego mantiene también una extraña situación de privilegio (recientemente aún más con el advenimiento de las apuestas por internet). En todos los casos, ya sea recurriendo a carísimos bufetes, cabildeando durante el proceso de construcción de la legislación -el archiconocido el caso de la Ley del Vino, que nació muerta por presiones de los fabricantes en 2009, o el reciente caso de la presión a los gobiernos de Madrid y Barcelona para la creación de una isla legislativa para el proyecto Eurovegas son buenos ejemplos de ello, así como la intolerable presión que ha ejercido el poderoso lobbie tabaquero ante Bruselas durante la confección de la nueva Ley de productos del tabaco, a la que me he referido en un post anterior-.

Curiosamente, en todos los casos de estas grandes industrias de la mentira, todas ellas son causa de graves lesiones en la salud personal y social, y son a su vez generadoras de graves adicciones: Tabaquismo, alcoholismo, ludopatía... Sintomáticamente, estas, llamémoslas industrias de la adicción son grandes ejemplos de la Cultura de la Mentira. Obviamente, su publicidad nunca habla de los millones de muertos que causa el tabaco, del delirium tremens, de la familias arruinadas por padres ludópatas o de cómo la adicción a la pornografía es la principal causa del salto al consumo de pornografía infantil en internet. En todos los casos, el modelo publicitario vende una gran mentira de recompensa rápida, estatus social, ganancias rápidas o placer inmediato (El “lo quiero y lo quiero ahora” campa a sus anchas en internet).

En este sentido, la Cultura de la Mentira ha contribuido a convertir a estas industrias que comercian con materiales socialmente peligrosos en intocables grupos de presión. Sólo la industria tabaquera ha tenido que recular un poco en sus presiones a naciones y gobiernos ante la incontestable realidad científica de que su producto acaba con la vida de la mitad de sus consumidores antes de tiempo. Sin embargo, estos cuatro casos son buenos ejemplos: venden lo contrario de lo que anuncian, su desaparición o cuanto menos regulación sólo traería beneficios a la sociedad y sin embargo permanecen intocables por privilegios que sólo pueden ser adjudicados a puro y simple poder, ya sea este económico o político. Un ejemplo: el tráfico causa unos 2.500 muertos al año por accidentes en España, y varias campañas publicitarias de la DGT ayudan a luchar contra ello. El tabaquismo mata a casi 60.000 españoles en el mismo período de tiempo. Pues bien, el Ministerio de Sanidad no ha emprendido ni una sola campaña de anuncios similares a los de la DGT contra el tabaquismo jamás, cuando el tabaco mata a 24 veces más españoles al año que el tráfico.


La imagen está en Wikimedia Commons. Anuncio de Munsingwear, una marca de camisas, en la revista Life Magazine,  con el jugador de béisbol Ed Mathews. Año: 1958. Está en dominio público.

jueves, 3 de octubre de 2013

Matar al Padre (a propósido de "Imitación a la Vida")

He estado comparando las dos versiones de “Imitación a la vida” y leyendo algo sobre ellas. Melodrama sobre el racismo y sus secuelas en el corazón de la gente, las dos versiones son “Imitación a la vida” (“Imitation of life”, John M. Stahl, 1934), e “Imitación a la vida” (“Imitation of life”, Douglas Sirk, 1959).


 Claudette Colbert, Beatrice Pullman en la primera versión, de Stahl

  Louise Beavers, Delilah Johnson en la primera versión, de Stahl

 Lana Turner, Lora Meredith en la versión de Sirk

  Juanita Moore, Annie Johnson en la versión de Sirk

La primera fue protagonizada por Claudette Colbert en blanco y negro y formato académico, la segunda con Lana Turner como primera actriz, en Technicolor de un negativo, y en formato Panavision -por cierto, no es el único caso en el que Sirk rehizo una película de Stahl, pues también hizo el remake de “Sublime Obsesión”, siendo en aquel caso menos fiel al libreto original, lo que, advierto, no quiere decir nada malo de las dos nuevas versiones-.

Son excelentes películas, y es la segunda la que más me ha despertado esa lectura sobre cómo las heridas y los daños que nos hacemos pasan entre generaciones y marcan períodos muy largos de tiempo, condicionando vidas, destinos, decisiones personales íntimas, y futuros enteros de naciones. La versión de Sirk es más melodramática, folletinesca y tiene momentos explosivos, mientras que la primera, sorprendentemente, es más naturalista y sencilla (tal vez por su proximidad a los tiempos de la Gran Depresión). Sirk tiene más subtramas que alargan el metraje (el enamoramiento entre Susie y Steve, la degradación de Sarah Jane en búsqueda y negación de sí misma). Si en la primera versión el Macguffin que lleva a la riqueza a la protagonista son las tortitas elaboradas por su amiga-doncella, en la segunda, nos es presentada como una ambiciosa actriz teatral que lucha para conseguir el lugar que cree merecer en el mundo del espectáculo. Es curioso que una escena que pudiera ser leída de forma muy peculiar hoy en día, se mantenga en las dos versiones, y es el momento de intimidad del masaje en los pies.


  La escena del masaje en los pies se mantiene en las dos versiones

El ejemplo que reflejan estos dos extraordinarios melodramas nos lleva a las heridas, aún sin cerrar, de generaciones de norteamericanos que han visto sus derechos civiles convertidos en papel mojado por el color de su piel, algo que podríamos aplicar perfectamente hoy en día a nuestro propio país, y no sólo a la discriminación racial, sino a la religiosa, o a la causada por la tendencia sexual, incluso la laboral o la económica. La Humanidad parece llevar ese camino entre la animalidad y la civilización en una discordia que sigue y sigue y se antoja eterna.

Estas dos películas son norteamericanas (si bien dirigidas por dos inmigrantes), y se refieren a un problema, el del racismo, el odio al diferente, que sigue marcado a fuego en aquella nación, que sigue causando tragedias, frustrando vidas y lastrando libertades aún hoy en día. Porque los sucesos acaban afectando a todas las generaciones venideras, algo que demasiado a menudo prefiere obviarse, al menos en ciertos sectores interesados en ello. El odio al comunismo, creado por una oligarquía económica en Estados Unidos y que llevó a la Guerra Fría (traicionando los acuerdos de Yalta, por cierto), habita perenne actualmente en los sectores más conservadores de las sociedades occidentales. Los estragos causados por las dos Guerras Mundiales del Siglo XX condicionan actualmente las vidas de miles de millones de ciudadanos. Las simples bombas perdidas en nuestra Guerra Civil siguen matando personas, como las minas antipersona abandonadas en Camboya o Ruanda. 



 
   Las hijas de las dos mujeres en las dos versiones

Y eso me lleva a mi país, y a los tiempos que vivimos, en los que comprobamos a diario que las decisiones que toman quienes están al mando no son las más indicadas, viniendo dictadas desde otras instancias (Europa, FMI, BCE) que parecen estar empeñadas en convertir este viejo continente en un lugar infeliz, explotado y desolado; algo bastante triste en una tierra donde algunas de las libertades de las que disfutamos nacieron. Pero ese es un problema que los europeos habremos de enfrentar tarde o temprano. El problema de España es, creo, que no hemos decidido matar al padre, no hemos aceptado nuestro propio edipo y no nos hemos hecho adultos.

Fredi Washington, Peola Johnson en la versión de Stahl, era afroamericana

Susan Kohner, Sarah Jane en la versión de Sirk, era hija de Lupita Tovar, 
y por tanto de ascendencia mexicana

¿A qué padre me refiero? ¿Qué padre los españoles no han enfrentado aún? Hace unos días un amigo se mostraba asombrado cuando le decía que seguimos viviendo el franquismo. España no pasó por catarsis revolucionaria alguna, una cruenta y absurda guerra civil nos hirió causando un trauma colectivo y para colmo fue ganada por el bando equivocado, lo que nos mantuvo en el Siglo XIX durante la mayor parte del siglo pasado, y la influencia franquista, heredera de las oligarquías de los terratenientes del siglo previo, y de sus represiones judiciales, paramilitares y religiosas ha seguido hasta nuestros días, hiriendo a generaciones de españoles sin tregua. 

El modelo clientelar, los favores entre familias favorecidas por el régimen, las sagas políticas inacabables, el nepotismo institucionalizado, la corrupción eterna, todo ello es herencia directa de los modos previos a la democracia que nos quisimos dar en 1979 con una nueva Constitución. Podría añadir otros asuntos, como la monarquía, el trato de favor que recibe la Iglesia Católica en todos los aspectos, la pervivencia de viejos modos, burocracias abstrusas, medios controlados, represión, leyes decimonónicas, privilegios empresariales y sociales, la ausencia fáctica de una separación de poderes, la completa falta de transparencia, la condición del político profesional como herencia a la condición de privilegio que otorgaba la sangre nobiliaria o la aplicación sistemática, en lo oficial y en lo privado, del viejo y cruel adagio de “Al amigo, todo, al enemigo, ni agua, y al indiferente, la legislación vigente”, o la ausencia completa de una cultura del mérito, que tanto daño han hecho y hacen. Si a esto añadimos una población ágrafa y aletargada, que desea intensamente cumplir aquel viejo consejo del dictador, “hágame caso, no se meta en política”, deformada por una educación castrante, o unos esquemas de funcionamiento en los partidos políticos en los que llegan arriba los más capaces de funcionar dentro del aparato, que no los más capaces, el retrato del franquismo heredado en el momento presente es escalofriante y terriblemente real. Y está por todas partes. España vive viciada respirando los hedores de los gases putrefactos del franquismo.

Creo que España ha de decidirse a matar al padre de una vez, liberarse de las cadenas de estos viejos modos que sólo traen infelicidad y desastre, que nos han llevado a una burbuja extra sobre la que ya sufrimos (las recalificaciones a partir de 1996, así como el supremo poder de la banca y ciertas fortunas son generatrices de la burbuja inmobiliaria, que es única de nuestro país y se sumó a la internacional generada por las Subprimes; a pesar de la catástrofe nada se ha hecho para cambiar el desastroso modelo económico utilizado, y se sigue legislando para que las cosas vuelvan a su cauce cuando todo pase, cuando esto no va a pasar, perdiéndose ocasiones vitales para renovar legislaciones), así como a corralitos disimulados como las Preferentes y otros regalos envenenados a una población espantada, nos muestran, ahora sin que nada los tape, gracias a la crudeza de la crisis, los pésimos cimientos de esta democracia que creímos regalarnos y no fue más que un paso adelante para que los que antes mandaban siguieran mandando. 

No sé de país que haya matado al padre sin sangre, pero creo que puede hacerse. Salir del franquismo en el que estamos sumergidos va a costar dolor, tiempo, y mucha inteligencia, generosidad, capacidad moral de ponerse en el lugar del otro (de los otros), y coraje. La actual casta política, transversalmente toda ella heredera “del padre”, no es la más capaz para afrontar una gesta como la que nos espera, que implicará desde renovar toda la legislación del país hasta cambiar la intocable Constitución, en una tierra en la que, a poco que nos mostramos en desacuerdo, estallan guerras fratricidas (no olvidemos que estamos en el mayor período continuado de paz de toda nuestra historia).

Seguimos viviendo (con la inestimable contribución de los mass media) en dos bandos irreconciliables a los que el bipartidismo contribuye, sin cerrar las heridas ni perdonar los muertos que unos causaron a otros, casi siempre vecinos, caciques, herederos de las viejas castas, oportunistas y malvados que medraron en la dictadura y que en algunos casos siguen dominando las tierras que heredaron. A todos ellos les conviene que todo siga igual, pero se han empezado a topar con una ciudadanía, o al menos una parte de ella, que está formada intelectualmente, que sabe cuales son sus derechos y está dispuesta a luchar por los logros que tanto costaron a los que vinieron detrás. Porque ese sacrificio de generaciones sería de villanos condenarlo a la indigencia, hemos de liberarnos de las viejas formas, e intentar volver a fundar este país.

No sé si lo lograremos, pero todo pasa por el primer sacrificio: matar al padre, cuya agonía ya dura demasiado. Estamos tardando.


Las imágenes que ilustran este artículo pertenecen a las películas (“Imitación a la vida” (“Imitation of life”, John M. Stahl, 1934), e “Imitación a la vida” (“Imitation of life”, Douglas Sirk, 1959). Se incluyen para ilustrar el comentario dentro del derecho de cita con fair use.