jueves, 30 de abril de 2015

"No-Do" en el programa de las Fuerzas Aéreas



Hace un par de años que "No-Do" se estrenó en USA, a través de Fangoria, y fue bastante bien. Tanto, que llevamos un año diseñando un remake norteamericano que a lo mejor se hace, a lo mejor no, como todas estas cosas, pero que está quedando bastante molón, al menos en guión.

Estrenada con el título de "The Haunting", la película obtuvo la necesaria clasificación MPAA, y ha seguido su circuito comercial, estando disponible en varias plataformas, como Netflix o Apple Store. Cual no ha sido nuestra sorpresa al ver que está en el programa de entretenimiento de la U.S. Air Force, así que los Top Gun, antes de hacer sus maniobras, se pueden ver "No-Do" tan ricamente.

martes, 28 de abril de 2015

Niños malcriados



Veo perplejo cómo se desenvuelven los acontecimientos en esta Europa que parece haberse vuelto loca, donde mandan los bancos sobre los gobiernos y las deudas sobre las personas, donde los Estados renuncian a sus obligaciones, sin consulta ni información a sus pueblos soberanos, donde los Gobiernos legislan a mansalva a orden de algún Gran Hermano oculto en la Troika a base de Reales Decretos para que no se note demasiado, arrasando con derechos humanos básicos, viendo cómo Israel masacra palestinos inocentes que a su vez fusilan a los suyos sin juicio, mientras guerrillas financiadas por la inteligencia norteamericana decapitan y fusilan o crucifican al otro que no piensa como ellos, mientras miles de políticos sin mérito alguno han llegado a dirigir empresas públicas a nuestro alrededor, o alcaldías, o consejerías, o ministerios, y ante la menor sospecha de que han delinquido se agarran como si estuvieran soldados a sus asientos, pienso en dos cosas:

1- La inmensa mayoría de los grandes Estados, vistos en su globalidad, en la escena mundial, actúan como críos. Rabiosos, inconscientes, pensando en el corto plazo, ajenos a las consecuencias de sus actos, básicamente como niños estúpidos. Ya lo comenté en este artículo hace unos días.

2- Casi todas las personas que llegan a puestos de responsabilidad a través de los aparatos políticos, cuando acceden a su meta, hace tiempo que han atravesado su umbral de capacidad y se comportan como incompetentes. Incluyo a la corrupción como la forma más primaria de incompetencia en estos días en los que el Partido que gobierna el país se hunde en un lago fecal sin comprender la magnitud del desastre que han de afrontar, y sin haberse preparado para ello ni haber diseñado planes de contingencia, todo ello epítome de una incompetencia absoluta y sin remisión. El corrupto, lo vemos a diario con gente como Rato que no se creen "que esto les pase a ellos y no a los Pujol" es, o se vuelve, tan estúpido, supongo que de puro narcisismo (propio de los oligarcas por cierto), que es capaz de robar a sus electores, a los ciudadanos, a quien sea, para... para... para algo que ni él mismo sabrá responder ¿Para qué carajo robas, tío? También actúan como niños. Como hombres-niño. Incapaces de dar razones de sus acciones, incapaces de analizar las consecuencias de sus actos.

Pero al menos con los niños tienes la esperanza de que aprenderán a pensar cuando crezcan. Ni los Estados ni los hombres-niño son capaces de eso.

Así que veo que la gran verdad del inicio del Siglo XXI es que los Estados funcionan como niños malcriados y que los políticos funcionan como estúpidos incompetentes. Niños y tontos. Entre ambos, la Historia se escribe. Eso sí que son renglones torcidos.

La solución no es el diálogo ni las buenas intenciones. Es mano dura. Dura lex sed lex. Sanciones. Embargos. Boicots. Cárcel para los corruptos, sin excepciones. La casta, que vuelva a su cortijo. Se les acabó el recreo. El asunto de la niñería internacional ya lo comenté en el otro post.

Los niños aún están aprendiendo a pensar. Los tontos ya no saben hacerlo mejor. Unos y otros necesitan ser guiados, o retirados a un lugar en el que no puedan hacer ni hacerse daño ¿Y quiénes son los responsables de establecer esas guías? Pues en última instancia, nosotros. Los ciudadanos. Los que se supone colocamos en puestos de responsabilidad política a gente que nos haga la vida mejor, no peor.

La ilustración es una pintura de Jean-Baptiste Greuze de 1785. "The Spoiled Child". Está en Wikimedia Commons y en dominio público. Se puede ver en el Museo del Hermitage.

jueves, 23 de abril de 2015

Sueños de Metal (y 39) – Historias Inconclusas.





Este bestiario que hemos construido es necesariamente una obra inconclusa. De entre la ingente producción de cine y televisión existente desde 1896, he intentado entresacar lo más interesante. Muchísimos títulos se han quedado en el tintero, y en ese limbo se acumula la producción anual relacionada con los asuntos en que se centra este ensayo que está a punto de estrenarse estos días. No obstante, he pretendido recorrer los títulos más señeros e interesantes relacionados con la Informática y la Tecnología.

Con el paso de las películas y los años a lo largo de la ya luenga Historia del cinematógrafo, nos hemos encontrado con diversas tendencias, modas y aproximaciones al hecho tecnológico más extenso, y hacia la informática en particular. Si en las primeras 4 décadas del siglo los argumentos e ideas se acercan hacia los patrones decimonónicos, podemos decir que, desde este punto de vista, el Siglo XX toma cartas de realidad en los años 50, a partir de la construcción de UNIVAC y el nacimiento de la era atómica, donde la tecnología pasa a ser cosa de magos que hablan jergas inextricables y misteriosas que despiertan desconfianza, que se ve contrarrestada por un optimista enfoque del futuro.

Sin embargo, entre los coloristas 60 y los escépticos 70 se observa una traslación temática hacia el pesimismo y las distopías técnicas, acentuado por la paranoia de la guerra fría y las paranoias contemporáneas de extinciones masivas e inviernos nucleares. En los 80, con el advenimiento de la informática personal, el objeto técnico se volverá más humano y a él retornará el color y el optimismo propios de aquella década, mientras que los 90, con el nacimiento de Internet para las masas, se mueven hacia una tecnofilia ingenuota mezclada con un regreso del concepto distópico, que ahora cuestiona la realidad misma de nuestras cómodas vidas en estos oasis económicos que llamamos naciones occidentales.

Y precisamente hemos iniciado el segundo milenio viviendo una distopía real, en la que la mayor parte de la Humanidad apenas sobrevive en condiciones inhumanas, mientras una minoría ahogada a impuestos y convertida en objeto consumidor inane alimenta a una élite invisible de corporaciones transnacionales, distopía que se ha visto dolorosamente acentuada por los inhumanos sucesos del 11 de septiembre de 2001, que han arrancado el Siglo XX de nuestra memoria y nos arrojan hacia un XXI incierto y, a pesar de todo, esperanzado. Obviamente, todos estos sucesos condicionarán el modo en que los medios de entretenimiento se aproximen en el futuro hacia la tecnología y la informática.

A principios del Siglo XIX, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, un grupo de obreros se lanzó a destruir todos los novedosos aparatos de vapor que adquirían las fábricas, temerosos de que aquella maquinara les quitara sus empleos. Aquellos obreros fueron denominados Luditas, y podemos extender su ideología a esa idea de desconfianza perpetua hacia la técnica que ha recorrido constantemente los argumentos de muchas de las películas que hemos comentado, a pesar de su año de producción. Esta corriente ludista se ha mantenido constante a lo largo de toda la historia del cine, y no parece tener visos de detenerse, ya que incluso clásicos remotos como Frankenstein emanan prematuramente de esta fuente ideológica.

Creo que en estos momentos una cierta forma de prudente ludismo,  o mejor un "escepticismo tecnológico" no es desacertada, a pesar de que haberlo encontrado en otros momentos de la historia del Cine me ha parecido un tanto chocante. En estos momentos en los que ciertas formas de tecnología indiscutible son impuestas a una ciudadanía completamente aturdida por unos mass media ruidosos y chillones –desde la telefonía móvil, pasando por los servidores sociales masivos de Internet, hasta el monopolio de las empresas de desarrollo de software o las telecomunicaciones-, un sano distanciamiento sería conveniente para mantener una salud moral adecuada.

Siempre se ha dicho que las mejores películas son aquellas que dejan el final abierto para el espectador. En este caso creo que también nos vendrá bien mantener esta trama sin cerrar, esperando que siempre alguna buena película nos haga pasar un rato agradable, y, de paso, nos dé pie a reflexionar un poco. Nunca está de más en los tiempos que corren.

El póster de "Soylent Green: Cuando el Destino nos Alcance" se reproduce bajo el derecho de cita.

lunes, 20 de abril de 2015

A los hijos de puta

Han muerto 700 (puede que más de 900, hay todavía versiones contradictorias) inmigrantes camino de Italia en un espantoso naufragio. Hemos descubierto por este suceso que el gobierno italiano había disminuido el presupuesto anual para rescatar a la gente desesperada que acude a ese país cruzando el Mediterráneo de 9 millones a sólo 2. Justo cuando había un pico de llegadas. La versión oficial es ridícula y repugnante: "para disminuir el efecto llamada".

Hay que ser hijos de puta.

Así que voy a hablar de eso, de hijos de puta.



Había sido un buen día. La empresa estaba dando beneficios, y en el Consejo de por la mañana te habían felicitado. Lo que más te llenó de orgullo fue que el Presidente se acordara de tu nombre y te dijera aquello de

"ya eres de los nuestros"

Sí, estabas contento, porque, además, la posibilidad de un ascenso estaba flotando en el aire, y con ello seguramente unas primas que triplicarían tu sueldo. Tu brillante idea había sido aguar un pelín la leche, o cobrar un 1% a cada cuenta bancaria por una comisión nueva, o comprar un medicamento de la competencia para que no saliera a la calle. Tu brillante idea ocurre a diario en todo el mundo, hace daño a millones, y ricos a unos pocos. Tu brillante idea. Esa que te tiene tan orgulloso.

Por eso no entendiste el castellano claro y prístino de tu hija de 8 años, cuando, en la cena, entre las buenas noticias que contabas a tu mujer, te espetó:

"Papá, en el colegio los niños dicen que eres un hijo de puta"

Esto va para vosotros, hijos de puta. Sabéis bien quiénes sois; los hijos de puta se reconocen  a sí mismos perfectamente, porque de noche,  al ir a dormir, al yacer con vuestras esposas tras arropar a vuestros hijos, una vocecita interior os llama así.

Lo sabéis mejor que nadie, así que no es necesario que os señale ni os nombre.

Para vosotros, hijos de puta, que denegáis las indemnizaciones  a las víctimas del vuelo JK5022, o que decidís que la atención al cliente de vuestra megaempresa se convierta en un muro, o que cobráis fortunas por medicamentos que salvan vidas pero resultan demasiado caros, o que ordenáis masivas ventas de viviendas protegidas a fondos buitre, o que trabajáis en esos fondos buitre, o que elegisteis que lo que importa es ganar por encima de todo, o que ordenáis desahucios para que vuestros bancos puedan vender casas vacías invendibles, o que cortáis la luz a gentes que podrían ser vuestros padres pero que están atravesando una mala racha, o que convertís la información en propaganda, y la política en una porquería, o que cobráis a precio de oro productos cuyo coste de fabricación es ridículo, o que dirigís empresas de apuestas que están arrastrando a miles de inocentes a la ludopatía, o que prestáis vuestra imagen y prestigio si se os paga lo suficiente, o que traficáis con personas, con drogas, con almas, con vidas, con ideas, o que contamináis acuíferos, o que condenáis  a vuestros empleados a ser semiesclavos, o que llenáis el aire de gases de efecto invernadero o  los estómagos de millones de personas de pesticidas tóxicos, o que prestáis dinero con usura, o que robáis  el dinero público, o que prevaricáis, o que patentáis semillas, o que especuláis con los alimentos, o que compráis y vendéis diamantes de sangre o coltan, o que vendéis remedios milagro, o que exportáis armas a dictaduras, o  o que fabricáis armas químicas, o que creáis leyes injustas porque os han prometido un puesto bueno si lo hacéis, o que pedís "vuestro porcentaje" de un contrato público, o que iniciáis una inspección a un ciudadano incómodo, o que incitáis al odio, o que falsificáis encuestas, o que hacéis televisión basura, o que, para resumirlo todo en una línea, hacéis daño a la gente porque así os lo mandan vuestros superiores, sean estos CEOs, políticos, policías o brokers, a los Ratos, a los Rejoys que eluden las preguntas más elementales de los periodistas, a los periodistas que no repreguntan, a los que contribuyen cada día con su granito de arena de mierda a hacer este mundo más feo, más infeliz, más áspero y más insolidario... A vosotros, que representáis lo peor de la humanidad, pero que al mismo tiempo nos mostráis lo que no debemos ser si no queremos extinguirnos. A vosotros os digo:

El problema de ser un hijo  de puta es que vosotros y todos los que sois así hacéis daño a muchas personas que ni veis ni conocéis, por eso me gustaría que algún día, como en esos cuentos dickensianos de esperanza vana que sirven para que nos sintamos mejor, esos cuentos que limpian el alma, probarais  en vuestras propias carnes el daño que hacéis a diario. 

Sé que no será así. Así que sólo me queda la esperanza de que cambiéis. Y de que el cambio salga de vosotros, de que una mañana os miréis al espejo y decidáis parar. Eso se me antoja aún más difícil, pero no pierdo la esperanza.

Dejar de ser un hijo de puta es muy fácil. Sólo hay que olvidar el miedo, y decirte:

"a partir de mañana no volveré a ser un hijo de puta". 

Verás qué sencillo es. Y cómo cambia todo a partir de ahí.

Hay que crear "Hijos de puta anónimos", y convocar reuniones en todos los barrios, en todas las esquinas. Y cada compareciente iniciará su inculpación con el mismo soliloquio:

"Hola, me llamo fulanito y soy un hijo de puta".

Ánimo. Todo se puede en esta vida, hijos de puta.

La imagen es el poster de SOB (Sons Of a Bitch, traducido literalmente, Hijos de Puta), una amarguísima comedia sobre Hollywood dirigida por Blake Edwards en 1981, cuyo sonrojante título español fue: SOB (Sois hOnrados Bandidos). La uso acogiéndome al derecho de cita.

sábado, 18 de abril de 2015

Sueños de Metal (38) – Números



Atención a éste título, que viene fuerte: Die Millenium - Katastrophe - Computer - Crash 2000 (Crash 2000 / Error 2000, Anders Engström, 1999); con Jürgen Prochnow y Gotz Otto, es una de las más divertidas películas de bajo presupuesto que se realizaron cuando la moda del Efecto 2000 estaba en marcha. En la trama de la película, un programador enloquecido, convicto de asesinato (interpretado por Thomas Rasch) amenaza con causar un caos mundial al informar que ha introducido en el código de una utilidad para el Efecto 2000 usada en todo el orbe, un virus informático que hundirá los sistemas en los que el programa está instalado. El producto, en realidad un telefilme, como todo el material de ficción audiovisual creado alrededor del Efecto 2000, es muy flojo, pero su visión puede servir como ejemplo representativo de la paranoia mundial vivida a finales de 1999. Lo mismo ocurre con Y2K (Y2K, Richard Pepin, 1999), que es hasta peor que la anterior, y en la que un grupo de militares es informado de la existencia de un viejo misil oculto en la selva amazónica, que, a causa del bug del milenio, se activará.

PI (PI, Darren Aronofsky, 1998), es una interesantísima propuesta que nos presenta a Maximillian Cohen (Sean Gullette), un genio de las matemáticas que ha construido en su propia casa, y partiendo de piezas de desecho de otros aparatos, un superordenador que le permitiría, a través del lenguaje matemático, llegar a las claves últimas de la existencia humana. Max sufre de fuertes dolores de cabeza y alucinaciones, y suele rehuir el contacto con la gente, con la excepción de su anciano mentor, Sol Robertson (Mark Margolis). Su afición por los juegos de números aleatorios que ocurren cotidianamente en la bolsa de Wall Street le convierten en objetivo del interés de diversos grupos; un colectivo de inversores bursátiles y unos estudiosos de la Cábala que buscan claves numéricas secretas en la Torá judía, se pondrán tras su pista. Mientras tanto, el estado mental de Max irá empeorando progresivamente. A lo lejos, en la meta de todos los buscadores, incluido el promio Max, un número de 216 dígitos que podría ser el nombre de Dios, que todos los cabalísticos y místicos han buscado con afán y sin éxito a lo largo de los milenios.

Filmada en blanco y negro, con un extremo e inteligente sentido visual, PI es un ejercicio absolutamente fascinante que juega hábilmente con los mecanismos intelectivos de la mente humana, y nuestra relación, mágica y fascinada, con los números, sus formas, y su lenguaje. Más allá de toda calificación, se trata de una película cercana a la ciencia en muchos aspectos. El afán de Max, un obseso con encontrar pautas numéricas en todos los fenómenos a los que asiste, es la de todos nosotros; Max intenta frenar el caos del mundo, sistematizarlo, hallar la fórmula definitiva que explique lo aparentemente inexplicable. En su gigantesca tarea, Max es un científico; alguien que busca las causas, y una vez encontradas, crear un sistema que las describa. Y esa es su tragedia y su paraíso a la vez. Lo que da sentido a su vida y lo que le está volviendo loco, porque la película es también una reflexión sobre la locura, y cómo podemos hundirnos en ella en un mundo que no podemos aprehender, explicar ni mucho menos controlar. PI es una película que fascina y hermana a matemáticos, físicos, filósofos y espectadores. Ha encontrado algo en común entre todos, y eso ya es suficiente mérito. Lo que hizo a Newton ser una de las mentes creadoras del pensamiento científico contemporáneo, pero a la vez le forzaba a trabajar durante noches sin fin en procesos alquimistas sin el menor sentido. Las contradicciones del pensador en su esfuerzo de encontrar un sentido a las cosas.

La carátula del DVD alemán de "Pi" se reproduce por derecho de cita.

jueves, 16 de abril de 2015

De naciones y personas



Asistiendo a diario a esa Historia General de la Infamia que es la información internacional, llego a esta tesis: veo que los Estados, los países, sus servicios diplomáticos, y sus relaciones mutuas parecen grupos de críos peleados y furiosos. En esa "guerra de baja intensidad" que son las relaciones entre naciones en tiempos de paz (y que podemos ver convertida en caricatura en el estado de eterno golpe-contragolpe perpetuo entre Israel y Palestina, este último un Estado despojado y abandonado por el Orden Internacional, en lo que no es sino una guerra de guerrillas nunca declarada del todo, o en las informaciones interesadas generadas desde la Troika sobre el gobierno griego), se condensa lo peor de nuestra especie. Las relaciones colectivas son atroces, vergonzantes, violentas, feas, arteras, tramposas, brutales, básicamente animales.

En cambio, las gentes casi siempre son gentiles entre ellas. Los vecinos se ayudan, a pesar de estar en bandos enfrentados. 

Los soldados hacen treguas a pesar de las órdenes de sus mandos. Las personas acogen a extraños en sus casas.

Vemos ejemplos de esa amabilidad entre los hombres en cada esquina de nuestras ciudades, en cada rincón del mundo.

Esas micro relaciones nos salvan. Nos revelan la mejor cara de nuestra especie de homínidos (cuando nos encontramos desnudos, solos y necesitados, ante nuestros semejantes), y entonces vemos que dejamos abandonado lo bueno de nosotros, lo que nos hace especiales, cuando nos agrupamos en naciones. Cuando la ideología se adueña de nuestras conductas.

La diplomacia internacional debería de atender al micro management, a las lecciones que los ciudadanos dan cada día.

Estados comportándose como niños rabiosos e irresponsables, frente a personas demostrando que las cosas se pueden hacer bien de otra manera, si se quiere.

Veremos qué modelo gana. El primero, el de los Estados, llevamos padeciéndolo desde que tenemos memoria. Va siendo hora de probar el otro. El de las personas, el de los ciudadanos. El de los vecinos.

La foto está en Wikimedia Commnons bajo licencia de uso Creative Commons Share-Alike 3.0 Unported. El autor es el Dr. Murali Mohan Gurram. Fue tomada el 28 de septiembre de 2013 en el Museo del Ejército de Bruselas.

martes, 14 de abril de 2015

Crítica de "La Hora Fría"

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, os dejo aquí la crítica firmada por Gerard Quinto que La Vanguardia publica hoy de "La Hora Fría" por su pase televisivo en La 2.


domingo, 12 de abril de 2015

"La Hora Fría" en La 2


Si no tenéis nada que hacer a las 00:10 de este miércoles 15 de abril, podéis ver en La 2 de TVE mi segunda película, "La Hora Fría", protagonizada por Silke, Julio Perillán, Nadia de Santiago, Omar Muñoz, Jorge Casalduero o Pepo Oliva.

Los efectos visuales, de los que podéis ver aquí un pequeño making of (ojo, que contiene spoilers) fueron realizados por La Huella. Aquí otro making of (con algunos spoilers también).

Arriba podéis ver el póster alemán.

Sinopsis: Ocho personas viven aisladas en unas instalaciones ruinosas. No pueden abandonar el complejo que habitan y viven en un continuo estado de alerta. La comida y las medicinas escasean, pero para conseguirlas deben abandonar el área segura. Lo que se oculta en el exterior del área habitada es algo tan terrible que ni siquiera se atreven a hablar de ello.

Si queréis saber algo más de ella, ahí van el minisite de imdb y la ficha de Filmaffinity.

viernes, 10 de abril de 2015

Sueños de Metal (37) – Hackers




A finales de la década de los 90 y los primeros años 2000, irrumpe Internet entre los temas favoritos del cine, y sobre todo su nuevo héroe, el hacker, palabra proteica que sirve para definir a cualquier tipo de aspecto peculiar capaz de hacer maravillas con los ordenadores. 

Una película temprana dentro de este subgénero "de hackers" es Sneakers (Los Fisgones, Phil Alden Robinson, 1992), una pesada aventura sobre juegos de información entre instituciones norteamericanas. Otros títulos que giran alrededor de esta figura de aquellos años son la floja Hackers (Hackers, Iain Softley, 1995), que sólo pasará a la historia por ser la película en la que Johnny Lee Miller y Angelina Jolie se conocieron, casaron, y divorciaron a los pocos meses, Enemy of the State (Enemigo Público, Tony Scott, 1998), Swordfish (Operación Swordfish, Dominic Sena, 2001), o Antitrust (Conspiración en la Red, Peter Howitt, 2001). La tendencia llega a ejemplos de considerable sofisticación, aunque partiendo de contenidos más que sobados, como hemos probado previamente en tecnofantasías como The Matrix (The Matrix, Harry Wachowski, Larry Wachowski, 1999), y alcanzando extremos ridículos con películas como Cats & Dogs (Como perros y gatos, Lawrence Guterman, 2001), en la que legiones de gatos y perros parlantes libraban una guerra secreta y hi-tech por el cariño de los hombres, y la dominación del mundo (!).

La española Corsarios del Chip (Corsarios del Chip, Rafael Alcázar, 1996) se titulaba inicialmente Hackers, pero tuvo la mala suerte de estrenarse el mismo año que Hackers (Hackers, Iain Softley, 1995), y como sabemos, en España no se admiten dos películas con el mismo título. La fórmula de compromiso de titularla Hackers: Los Corsarios del Chip fue rechazada por la distribuidora de la película americana, que, temiendo por sus ingresos en taquilla, amenazó con un pleito desde Hollywood si se usaba la palabra Hackers en el título. Ni corta ni perezosa, la productora española prefirió tirar por el camino de enmedio y retitular a última hora la película. Con todo, no se puede ignorar que Corsarios del Chip es el primer largometraje español en abortar el hacking, Internet, y toda la tecnología electrodoméstica del fin de milenio. 

Corsarios del Chip cuenta la historia de un detective ciego y su ayudante (un Hell Angel un tanto asilvestrado), que son contratados por un programa de televisión para de descubran la identidad de un grupo de hackers adolescentes que han ganado con trampas un concurso de la misma cadena televisiva. Detrás de la pantalla -nunca mejor dicho- del canal se esconde un siniestro millonario que ha creado una red de ordenadores capaz de realizar grandes estafas en los mercados bursátiles. Cuando uno de los jóvenes miembros del grupo de hackers, que se llaman a sí mismos Los Corsarios del Chip, es herido por los sicarios del malvado millonario, el detective y su ayudante decidirán unir sus fuerzas a los chicos para desenmascarar toda la trama económica que se oculta tras la televisión que les ha contratado. La película estaba protagonizada por Karra Elejalde.

Entre las películas que se han ocupado con mayor o menor seriedad de sucesos reales acaecidos en el mundo del hacking, se pueden considerar las más destacadas Takedown (Takedown, Joe Chapelle, 2000), adaptación del libro del mismo título de John Markoff y Tsutomu Shimomura, éste último responsable -y si hemos de creer al libro casi único héroe de la historia- de la captura del mítico hacker Kevin Mitnick. 

El libro original es una mezcla del relato de las pesquisas -algunas apasionantes, otras menos- de Shimomura para localizar al escurridizo Mitnick, con largas descripciones de la vida cotidiana del ingeniero asiático-americano, que nos informan de sus jornadas de esquí y su pasión por el surf, y nos describen lo muy aburrida y pija que parece la vida de los superingenieros de Silicon Valley. Takedown, la película, afortunadamente, soslaya estos irritantes aspectos del libro, y nos ofrece un espectáculo cuanto menos entretenido sobre uno de los casos reales más difundidos de las andanzas de un hacker. Aunque la película se toma algunas licencias, como proponer un encuentro personal entre Mitnick y Shimomura que nunca se produjo, ofrece una ventaja sobre el libro, que sólo cuenta la historia desde el punto de vista de Markoff y Shimomura; aquí podemos ver las cosas también desde el lado de Mitnick, por lo que podríamos decir que la película mejora el original literario, cuanto menos al ofrecer, aunque sea en parte, la versión del otro lado. Naturalmente, la película termina con la detención de Mitnick, por lo que su situación posterior, -tras su juicio y una pena de cárcel ya cumplida, ganó la libertad condicional, bajo prohibición de acercarse a ningún ordenador o dispositivo electrónico (móviles, cajeros automáticos, cajas registradoras, etc.)- podría ser digna de una nueva película. Takedown estaba protagonizada por Tom Berenger, y con Skeet Ulrich y el actor Mitch Pileggi (Skinner en la serie televisiva The X Files) en papeles secundarios.

23 (23, Hans-Christian Schmid, 1998), es una desconocida película basada en hechos reales, que relata la vida del hacker Karl koch. El 23 es el número mágico de los illuminati, miembros de una sociedad secreta que es retratada en el libro Illuminatus, de Robert Anton Wilson. Koch se hizo famoso por robar datos sobre el control de armas estratégicas a la inteligencia norteamericana y pasarlos al KGB soviético durante los primeros años 80. El film relata la vida de koch, desde su infancia, hasta su preatura muerte, causada por una adicción a la cocaína y por la presión sufrida a causa del acoso de las policías occidental y oriental.

En Freakazoid! (Freakazoid!, Rich Arons, Ronaldo del Carmen, Jack Heiter, Scott Jeralds, Eric Radomski Dan Riba, Peter Shin, 1995-1997), una serie de animación, el experto en ordenadores Dexter Douglas se convierte en un superhéroe mientras navega por Internet. La serie es divertida y bastante desquiciada; claramente destinada a un público adulto.

La carátula de DVD de "Takedown" se reproduce bajo el derecho de cita.

Otra carta a la espera de (alguna) respuesta


  "España es una dictadura legislativa atenuada por la inobservancia"
(Antonio Cánovas del Castillo)

Este es un ejemplo muy interesante de esta cita que publiqué hace poco en este mismo blog. La inobservancia; el perfecto instrumento de las oligarquías para hacer "como que" se atienen a la Ley, pero pasándosela por el forro de sus caprichos. España vive en este lodazal desde hace siglos. Bueno, este es el asunto...

Sigo tocando un poco las narices siempre que tengo un ratito libre :-)

Hace unos días envié esta carta a la Comisión Parlamentaria de Sanidad del Congreso de los Diputados. 

La leéis y nos vemos después ¿Vale?


Señorías,

Como sabrán, desde 2010 está en vigencia una de las leyes más importantes en la reciente historia sanitaria de España. Me refiero a la Ley 42/2010, de 30 de diciembre, por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco, que, entre otras cosas, prohibe fumar en espacios públicos. Esa ley está salvando vidas entre los fumadores pasivos, parte de los cuales son los trabajadores de la hostelería.

Sin embargo, la Ley no se está cumpliendo en algunos casos. Es vox populi que en lugares como Madrid, en los que hay un no declarado boicot a la citada Ley, se hace lo posible por neutralizar las inspecciones, que actualmente están reducidas al mínimo. De esta manera, cientos de locales incumplen la ley, especialmente en horarios nocturnos.

Quisiera llamar la atención a sus señorías sobre el aspecto de las terrazas cubiertas de las que la capital se ha llenado. La Ley es taxativa al respecto, y la cito a continuación:

2. A efectos de esta Ley, en el ámbito de la hostelería, se entiende por espacio al aire libre todo espacio no cubierto o todo espacio que estando cubierto esté rodeado lateralmente por un máximo de dos paredes, muros o paramentos.

Si cualquiera de esas terrazas cubiertas tiene tres paramentos, muros o paredes, se considera espacio cerrado y por tanto no se puede fumar en ella. Un simple paseo por Madrid les mostrará que sistemáticamente todas las terrazas cubiertas incumplen la ley, pues están cerradas, y en ellas se fuma. Eso hace que centenares de bares, restaurantes y cafeterías con terraza cubierta estén vulnerando la ley de forma totalmente impune. Cada acto aislado de fumar en esas terrazas es una Falta Grave con multa de 601 a 10.000 Euros, y se producen de forma escandalosa y sistemática en número de miles diariamente en Madrid ante la total indiferencia de la Autoridad Sanitaria competente

Según reza la Ley 28/2005, de 26 de diciembre modificada por la ulterior de 2010,

3. Se considerarán infracciones graves:
a) Habilitar zonas para fumar en establecimientos y lugares donde no esté permitida su habilitación.
b) Permitir fumar en los lugares en los que existe prohibición de hacerlo.

Al final esos espacios, las terrazas cubiertas en que se consume tabaco ilegalmente, quedan vedados al no fumador, so pena de volver a los tiempos pre-ley, y convertirse en fumador pasivo. Y como siempre los trabajadores de esos locales han de soportar esa gravísima lesión sobre sus derechos sanitarios y laborales sin poder rechistar, dados los tiempos que corren. Esto está ocurriendo en Madrid en 2015, señorías, y me consta que también en otras muchas ciudades y pueblos del país.

Esta situación vergonzosa, escandalosa, impropia de un país desarrollado y occidental, así como absolutamente intolerable, tiene que acabar. La Ley está para cumplirla, independientemente de ideologías, posiciones personales u opiniones, y la Ley del Tabaco fue la que contó con más apoyo parlamentario y además ha resultado ser una de las más beneficiosas para la población. La leyes se pueden, desgraciadamente, boicotear por inacción, como es el caso de Madrid, lo que crea unas lesiones intolerables en el Imperio de la Ley y vulnera gravemente los Derechos de Ciudadanos y Trabajadores.

Por la presente, ante esta situacion escandalosa, quisiera consultarles los siguientes puntos:

1-¿Tienen ustedes información sobre cómo se está cumpliendo la Ley en las diferentes CCAA?

2-¿Han pensado sus Señorías en habilitar algún sistema para evitar que algunas CCAA incumplan la legalidad vigente, como es el caso?

3-¿Se prevé algún cambio legislativo para que esta lamentable ilegalidad sea erradicada, pues la Ley se convierte en papel mojado de facto?

4-¿Son conscientes sus Señorías de las más recientes investigaciones, que revelan que el tabaco de primera, segunda y tercera mano son aún más peligrosos y letales de lo que se sabía hasta ahora? (http://www.elmundo.es/salud/2015/02/12/54dbad30ca474132028b456e.html)

5-¿Van a consentir sus señorías que se sigan poniendo en peligro vidas humanas, especialmente las de los trabajadores de la hostelería madrileña, que siguen indefensos, expuestos al tabaquismo pasivo ante la total pasividad de una administración que debería de velar por sus derechos y no lo hace?

Gracias, reciban un saludo cordial.


Bueno, aquí estoy de nuevo. La carta me salió de pura rabia, de ver cómo en Madrid los trabajadores de la hostelería, explotados por una caterva de “empresarios” de la peor especie siguen sufriendo el tabaquismo pasivo sin poder hacer nada, al exponerse a ser despedidos a la primera de cambio si se quejan o dan el menor problema. Esa situación, ilegal, dictatorial, lamentable, creo que merece la pena ser denunciada en voz alta, y así he procurado hacerlo, ante la Comisión que se supone debe de conocer estos asuntos. El problema es que como sabéis las competencias sanitarias están transferidas, y, a la chita callando, la ideología neoliberal imperante permite que estas cosas pasen con un gesto bien simple: mirar hacia otro lado.

La conclusión que he sacado tras recibir dos respuestas, una del Grupo Parlamentario Socialista y otra de la Izquierda Plural, es la que ya sospechaba de experiencias anteriores (algunas ya comentadas en este mismo blog). El Grupo Socialista se toma las cosas con mucha calma, y parece más pendiente de la danza y el cortejo parlamentarios, respondiéndome con un “lo pensaremos, lo vamos a ver, y a ver qué hacemos”; o sea, nada de nada, y la más directa Izquiera Plural me responde con una transcripción casi literal de mi carta ya convertida en pregunta parlamentaria y presentada por Registro, firmada por Gaspar Llamazares, uno de los Diputados más activos y combativos de la Cámara, y, además, médico.

Informo de ello para que os vayáis haciendo una composición de lugar, que pronto llega mayo, y noviembre está casi, casi, a la vuelta de la esquina.

La ilustración está en Wikimedia Commons en Dominio Público. Congressmen before and after election (Los Congresistas antes y después de las elecciones). Dibujada por by Archibald Chapin (1875-1962), ilustraba el Editorial de la edición del 14 de octubre de 1922 de la publicación norteamericana Country Gentleman. En la primera viñeta, vemos a un político descamisado dando una arenga en un mitin: "Yo soy un hombre sencillo, un amigo del pueblo".  La segunda viñeta muestra al mismo político una vez elegido, con un traje caro y actitud soberbia, diciendo: "No me puedo distraer con cosas sin importancia. Estoy ocupado atendiendo asuntos de Estado".



domingo, 5 de abril de 2015

Redes y periodismo. El elefante en la habitación.



Hace unos días La 2 de TVE emitió (tardísimo por cierto; el programa empieza de madrugada) en la tertulia Millennium, que dirige Ramón Colom, una interesante discusión sobre las redes sociales, especialmente Twitter, y el periodismo.

Me sorprendió el enfoque. Los contertulios trabajaban sobre la base de que Twitter y otras redes sociales "estaban ahí", como si fueran parte de la base de la comunicación interpersonal, algo inevitable, algo público (de manera parecida a los tendidos eléctricos, las tuberías del agua o de alcantarillado; cosas que damos por garantizadas), y afirmaban que estaban acabando con el periodismo, o cuando menos con el modelo actual de contar noticias. Más me sorprendió que nadie se preocupara por un detalle que es, en mi opinión, vital en todo ese debate y debería de centrarlo todo: Twitter es una empresa privada. Facebook, también. 

Cuando hablamos de Redes Sociales no nos referimos a un bien público que se extienda hacia toda la gente, como el agua de abasto o el espectro radioeléctrico (un bien de los ciudadanos a través de cuyo reparto regulado vemos la tele u oímos la radio, del que sabemos bien poco, y al que volveré a más tarde), sino que son redes privadas con reglas propias que además usan una red semi privatizada (internet), cuya cualidad de bien social y público todabía no se ha logrado ni extendido, y que no es accesible a todos en igualdad de condiciones (para llegar a internet hay que pagar a una telefónica, hay que tener además unos conocimientos que cierran a mucha gente ese acceso, y un hardware adecuado). No, internet todavía no es exactamente un bien público, por mucho que se encarguen de pregonarlo políticos poco informados.

Vuelvo al hecho de que Twitter y Facebook sean empresas privadas, y son norteamericanas, no universales. Ambas hacen firmar unos contratos dementes y leoninos a sus usuarios, contratos que nadie se lee, pero que implican, por ejemplo, que todo lo que allí subas puede desaparecer un buen día sin que ellos tengan la menor responsabilidad, ya sea por negligencia o por cualquier otra causa.

Esas dos empresas, además, son vergonzosamente colaborativas con las cloacas más siniestras de la inteligencia USA, y tanto la NSA como otras agencias, espían cotidianamente todo lo que en ellas se publica, con la feliz aquiescencia de ambas. Google, por cierto, hace lo mismo; se trata de otra empresa privada que tiene un papel dominante en internet.

Sí, todo lo que posteas en Face, lo que tuiteas o escribes en tu cuenta de Gmail está rigurosamente vigilado, y aceptas que así sea al firmar (sin mirarlo, como todos hacemos) el contrato que has de aceptar necesariamente para acceder al servicio, un contrato que, por cierto, está en perpetuo estado de modificación, y te añade cláusulas sin que te enteres y sin informate, algunas de ellas secretas, porque al firmarlo, admitiste, además, ese detalle. ¿Te imaginas eso en la vida real? Seguramente si alguien que firma contigo un contrato en papel y te cambiara cláusulas sin aviso y sin tu consentimiento se ganaría una buena denuncia. Pues bien, eso lo aceptamos todos al firmar el contrato de entrada en las redes sociales que solemos usar cada día.

Twitter une a su cualidad privada el detalle de que sigue en pérdidas económicas tras ocho años de existencia, por lo que muchos accionistas pueden un día de estos replantearse su inversión y abandonarla a su suerte. Por eso no es descabellado plantear un escenario en el que Twitter podría desaparecer, y con ella esa supuesta plataforma de periodismo libre que se cantaba en el coloquio de Millennium. Porque es una empresa privada, porque nadie vela por que se conserve la información que almacena en sus servidores como bien público. En el caso de Facebook podría parecer más remota una catástrofe, pero quién sabe. Cosas más raras se han visto.

Esa ignorancia de un detalle tan importante a lo mejor obedece a cómo somos y cómo pensamos en España. Por ejemplo, el espectro radioeléctrico, un bien que es de todos nosotros, es cedido a las emisoras televisivas o radiofónicas mediante convenios que implican ciertas obligaciones de servicio público. Antena 3 o Telecinco, por ejemplo, tienen cláusulas a cumplir por esa cesión, y no necesariamente las cumplen, pero nadie les sanciona sus incumplimientos. Por ejemplo: no respetan el horaro infantil en cuando a los contenidos que emiten, y sabemos que Telecinco ha sido suavemente sancionada por ello, pero nadie les ha rechistado de verdad. Les estamos dando un bien de todos los ciudadanos para que emitan Sálvame o Gran Hermano y nadie hace nada.

Otro ejemplo es cómo casi todas las televisiones privadas se saltan a la torera los límites en términos de contraprogramación y de tiempo de publicidad por hora de emisión, sin que pase (casi) nada, o con sanciones irrisorias ¿Es esa la salvaguarda de lo público en manos privadas que hacemos en este país? En otras naciones de nuestro entorno, las sanciones son ejemplares, y precisamente por eso, los motivos de sanción no se suelen repetir; la emisora infractora aprende la lección a la primera. Me temo que en ese aspecto en España tenemos aún mucho camino que recorrer. Pero recuérdalo: el espectro radioeléctrico es nuestro, tuyo y mio, no de las televisiones. Y se les cede vía concesión administrativa, una concesión que podría ser revocada si se incumplieran los compromisos que esas televisiones adquieren al recibirla.

Volviendo a los modelos de Facebook y Twitter, que en la tertulia que comento eran contemplados casi con reverencia, como si estuvieran ahí para siempre, no discutibles, y como si fueran medios neutros (no lo son, sabemos además de la censura cada vez más agresiva en ambas redes sociales, con cancelaciones arbitrarias de cuentas de por medio), se olvidaba en el coloquio además el pernicioso modelo de negocio que esconden: millones de personas trabajan para ellos creando contenidos, y no reciben nada a cambio.

Es algo que comenta Jaron Lanier en su interesante ensayo “Quién controla el Futuro”, que ya he reseñado brevemente aquí, por lo que no volveré sobre el asunto. Pero sí quiero incidir en el modelo de negocio bajo el que nacen esas redes sociales que en esta parte del mundo son reverenciadas. Es el modelo de Silicon Valley, una auténtica isla de capitalismo agresivo medio loco en mitad de la soleada California. Quien conozca más o menos el ambiente allá sabrá el grado de gilipollez que ronda alrededor del mundo de las start-ups de internet.

Baste un ejemplo. En Silicon Valley muchos emprendedores estudian en un lugar llamado La Universidad de la Singularidad (una institución de enseñanza que sólo puede existir en un país como Estados Unidos, donde la Libertad de Cátedra es muy poderosa), situada cerca de San José y Palo Alto, y en la que se postula que en poco tiempo ocurrirá “la singularidad” ¿Qué es eso? Pues que un día de estos Internet cobrará conciencia de sí misma y nos esclavizará, o nos exterminará, o nos convertirá en una especie de dioses fusionados con máquinas. No es coña. Lo dicen totalmente en serio, son reales, y dan clase. Los grandes gurús de internet y los visionarios de su futuro son un puñado de tarados importantes.
 
Pues en ese ambiente como mínimo excéntrico se construyen los Twitter y Facebook del futuro. Sólo en un entorno de capitalismo medio loco cabe la existencia y el enorme beneficio actual de Facebook, una empresa que no produce nada, y que no hace nada: sólo te permite darte de alta y te convierte en su trabajador gratuito. Sólo así cabe que cientos de inversores entraran en aquella start-up tan prometedora hace apenas 11 años, que ahora tiene 1.350 millones de usuarios (cifras de octubre de 2014). Sólo así se explica una locura semejante. 

Las redes sociales son, en mi opinión, parásitos sociales actualmente, que podrían convertirse en una fuente de conocimiento y de beneficios para la sociedad a poco que:

a) compensasen económicamente las aportaciones de sus clientes
b) fueran de utilidad pública y neutras
c) abandonaran toda política abusiva de vigilancia ciudadana

Esas tres cosas no van a suceder en un futuro próximo, así que la próxima vez que subas algo “al Face” o tuitees un chiste, piensa que estás haciendo más ricos a unos chavales norteamericanos que ya son monstruosamente ricos (salvo en el caso de Twitter, que no levanta cabeza, como ya dije), y que no estás viendo nada a cambio de tu trabajo. El trabajo se paga, amigo. Es lo moral y aceptable.

Y ver en Millennium a periodistas hechos y derechos hacer genuflexiones a las Redes Sociales, no sé, me abre las carnes. Olvidar que quien publica en esas redes está al albur de las decisiones corporativas de diversos accionistas, de criterios editoriales totalmente desconocidos, contratos mutantes repletos de cláusulas abusivas y secretas, y diversas formas de censura, amén de un cotidiano espionaje gubernamental, es negar lo más importante, es el elefante en la habitación.


Encontré este brillante grafiti medio oculto en un solar cerca de la Plaza de Lavapiés, en Madrid.

Sueños de Metal (36) – Ciencia real y biopics



De entre los escasos biopics dedicados a genios de la ciencia, era de esperar que el Hollywood clásico se centrara en señeros inventores de vida aventurera como Edison - Edison, The Man (Edison, The Man, Clarence Brown, 1940), con Spencer Tracy o Young Tom Edison (El Joven Edison, Norman Taurog, 1940), con Mickey Rooney- o Alexander Graham Bell - The Story of Alexander Graham Bell (El Gran Milagro, Irving Cummings, 1939), con Don Ameche y Henry Fonda-, de quien más recientemente se rodaría el biopic televisivo coproducido entre canadá y Nueva Zelanda Alexander Graham Bell: The Sound and the Silencie (Alexander Graham Bell: The Sound and the Silencie, John Kent Harrison, 1993), con John Bach en el papel del inventor irlandés-norteamericano.

Cuando antes en este trabajo he hablado de la noche en que Frankenstein se escribió, no mencioné a la esposa de Lord Byron, Ada Augusta Byron King, Condesa de Lovelace, quien no sé si asistió a aquella velada, pero ciertamente no participó en aquella apuesta de escribir una novela de horror definitiva, que helara la sangre en las venas. Lovelace tenía otros planes en la cabeza. Y entre ellos estaba su amistad con el matemático Charles Babbage, con quien concibió la máquina diferencial y la máquina analítica, el prototipo de un ordenador actual, imposible de realizar con la tecnología mecánica de la época. Ada Lovelace también tuvo la intuición de la necesidad de los lenguajes de programación que dictaran a los futuros ordenadores las instrucciones a ejecutar. Desde el punto de vista actual, la esposa de Lord Byron tenía cosas en las que ocuparse tan absorbentes e inflluyentes como la propia Mary Shelley al escribir Frankenstein, o el Moderno Prometeo.

Ada es también, en inequívoco homenaje, el nombre de un lenguaje de programación especializado en procesos concurrentes. Y una película lleva también su nombre: Conceiving Ada (Conceiving Ada / Leidenschaftliche Berechnung, Lynn Hershman-Leeson, 1997) una producción germano-norteamericana que protagoniza Tilda Swinton en el papel de Ada Lovelace, y con la intervención como actor del legendario gurú hippy Timothy Leary. 

En la ficción, una joven genio de la informática, Emmy Coer (Francesca Faridany) descubre un modo de comunicarse con el pasado mediante ondas de información, que se desplazan por el espaciotiempo sin alterarse. Gracias a este método, Emmy pretende comunicarse con Ada Lovelace, utilizando su DNA como vehículo de información. La película, que hace un uso un tanto limitado, pero interesante, de los decorados virtuales, transcurre de forma un tanto confusa, pero el asunto tratado es tan peculiar, que merece la pena su visionado. Es curioso que, siendo una película dirigida, escrita (el guión es de la directora y Eileen Jones) y protagonizada por mujeres, se observe que los personajes masculinos son los peor definidos y tratados, pero así es. En Conceiving Ada los personajes realmente interesantes, y con diferencia, son los de Emmy y Ada, y los demás son tan bidimensionales como los decorados virtuales que en ocasiones utiliza la película, que fue estrenada en el Festival de Sundance.

Breaking the Code (Breaking the Code, Herbert Wise, 1996) es un poco conocido biopic de Alan Turing, protagonizado por Derek Jacobi, el actor protagonista de la legentaria serie británica de TV I, Claudius (Yo, Claudio, Herbert Wise, 1976), adaptado de una obra teatral de Hugh Whitemore, y coprotagonizada por el escritor Harold Pinter. Basado en el libro The Enigma of Intelligence, este telefilm es uno de los escasos productos biográficos de científicos de la era tecnológica realizados últimamente. Todo el proceso vergonzoso a que fue sometido el genial matemático al final de su vida por su homosexualidad es relatado de forma reveladora en el film, llegándose a la desoladora conclusión de que cuando el sistema se propone destruir a los más brillantes, consigue hacerlo sin demasiada dificultad. El último biopic centrado en el personaje, The Imitation Game (The Imitation Game (Descifrando Enigma), Morten Tyldum, 2014) incide en esa desgraciada hipótesis con resultados interesantes, si bien se toma un par de licencias ficticias sobre la realidad vital de Turing. Es no obstante esta la más válida de las recreaciones de la vida del genio británico, una de las personalidades más influyentes del siglo XX, y una de las más ignoradas. Porque Turing, junto a un puñado de gigantes, como Tesla, Von Neumann o Ivan Sutherland fueron los padres de la informática que ahora tenemos por todos lados.

Casos similares, como el de Oscar Wilde, del lado de las tendencias sexuales, o el de Charles Babbage, del del ostracismo de la comunidad científica, se añaden a la sangrante tragedia de Turing. El título del telefilm (y el subtítulo de la película reciente) obedecen a la decisiva intervención de Turing en el desciframiento de la máquina Enigma, utilizada por los alemanes para cifrar sus mensajes en la II Guerra Mundial. En parte esta actividad secreta es responsable de que un titán intelectual como Turing haya permanecido en la sombra durante demasiado tiempo.

Otro biopic relacionado con la ciencia, la informática, y especialmente la matemática es A Beautiful Mind (A Beautiful Mind, Ron Howard, 2001), que relata la trágica vida del matemático John Forbes Nash, Jr., ganador del Premio Nobel, y enfermo de esquizofrenia, papel interpretado por el oscarizado Russel Crowe -Gladiator (Gladiator, Ridley Scott, 2000)-, junto con Ed Harris -The Abyss (Abyss, James Cameron, 1989)- y Jennifer Connelly -Dark city (Dark city, Alex Proyas, 1998)-.

El campo de la divulgación científica en cine y televisión ha contado a lo largo de los años más recientes con productos especialmente cuidados y diseñados, como la serie Cosmos (Cosmos, VVAA, 1980) con Carl Sagan de presentador y en la que se usaron técnicas de animación por ordenador por primera vez en algunos momentos -y que acaba de reencarnarse en una nueva versión, esta vez de la mano del astrónomo Neil deGrasse Tyson-, el programa Omni: The New Frontier (Omni: La Nueva Fontera, VVAA, 1981), presentada por Peter Ustinov, y que suponía el salto a la TV de la revista de divulgación norteamericana del mismo nombre, el programa Fast Forward, o las series canadienses, Bits and Bytes (Bits and Bytes, 1983) y Bits and Bytes 2 (Bits and Bytes 2, 1991), que pretendían acercar el mundo de la informática a los más jóvenes. 

Con el advenimiento de los canales temáticos para la TV, ya fuera ésta vía cable o satélite, se abría un campo enorme para la producción y exhibición de divulgativos sobre cualquier rama de la ciencia. Así, canales especializados como Arte, National Geographic Channel, Discovery Channel o el español Documanía contribuían al aumento de la demanda de documentales que experimentaba el audiovisual en conjunto en el cambio de siglo. Especialmente Discovery y National Geographic poseen una poderosa infraestructura de producción de productos divulgativos y documentales, si bien su producción se ha decantado por asuntos un tanto menos relacionados con la difusión de la ciencia.

Una película divulgativa de interés, esta vez un cortometraje, es Babbage (Babbage, Charles Eames, Ray Eames, 1968), un recorrido por la Máquina Diferencial de Charles Babbage, filmado en el Science Museum de South Kensington, en Londres, donde la Máquina Diferencial de Babbage está expuesta permanentemente, y que fue esponsorizado por IBM. Los malogrados Hermanos Eames tienen una extensísima filmografía de cortometrajes divulgativos y científicos a los largo de cuatro décadas enormemente interesantes, y son dignos de estudio, entre ellos el mítico y constantemente imitado Powers of Ten (Potencias de Diez, Charles Eames, Ray Eames, 1968). Amén de los fascinantes trabajos cortos de los Eames, también es de interés, en el apartado divulgativo, la serie sobre la informática Machine that Changed the World (Machine that Changed the World, 1992), formada por 5 episodios, Giant Brains (que relata las biografías de Charles Babbage, Alan Turing, Herman Goldstine, John Mauchly, Ada Lovelace y J. Presper Eckert), Inventing the Future (sobre los pioneros de la computación), Paperback Computer (dedicado a los ordenadores personales), Thinking Machine (alrededor de la Inteligencia Artificial) y World at your Fingerprints (sobre Internet y las telecomunicaciones).

Volviendo a Babbage, hay una historia curiosa que parte de él. Leonardo Torres Quevedo continuó los trabajos del británico en su obra Ensayos sobre Automática (1914), que se adelantan en décadas a los primeros ensayos que discuten la relación entre la mente humana y la máquina, y que llevaron al Aritmómetro Mecánico (1920), una suerte de ordenador accionado desde una máquina de escribir, donde se escribían las cantidades y operaciones que se deseaba que realizara el aparato -secuencias de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones-, y que estaba dotado de dispositivos electromagnéticos donde almacenar el resultado de sus operaciones. 

El Aritmómetro era controlado por un programa no borrable que contenía instrucciones de salto condicional, y que se almacebana en un cilindro rotatorio dividido en áreas conductoras de la electricidad. Al final de la operación, el Aritmómetro escribía los resultados de forma automática usando los tipos de la máquina de escribir. Se trata de la primera calculadora digital fabricada por el hombe, capaz de realizar operaciones aritméticas y lógicas, y es claramente, a falta de una memoria regrabable, un antecedente directo del ordenador -las calculadoras de IBM de la época carecían de memoria en la que guardar resultados para su reutilización posterior-. 

La máquina manejaba además aritmética de coma flotante. Naturalmente, en la España de la época nadie entendió el invento, que pasó a ser una curiosidad más en un país que siempre ha despreciado a la Ciencia y a sus creadores. Torres quevedo moriría en 1936, viendo como sus semejantes empezaban a masacrarse en una demencial guerra civil. Naturalmente, no existen documentales o programas divulgativos rigurosos en cine en España sobre el él. La ignorancia salvaje nacida de la indiferencia hacia las personas que nos han hecho grandes es algo típicamente español. Para nuestra desgracia.

El póster de "Conceiving Ada" se reproduce bajo el derecho de cita.

sábado, 4 de abril de 2015

El triunfo de la barbarie


Más de 147 personas masacradas en la Universidad de Garissa, en Kenia. Ha sido al parecer un grupo yihadista llamado Al Shabab. Las fotos que se han publicado son un horror. Cuerpos amontonados y superpuestos en charcos de sangre. Personas a las que otras personas, ataviadas con una superioridad moral o religiosa, deciden arrebatar el único regalo que tenemos, la vida. Caray, qué superior hay que ser, caray, qué perdido hay que estar.

Kenia es uno de los países más hermosos del mundo. En su territorio está el lago Victoria, ahora arrasado y convertido en una auténtica pesadilla (aquí en español, aquí en inglés) Pero también está el Monte Kenia, el Mara, el Rift o las enormes extensiones de sabanas, donde nació nuestra especie, y desde donde se puede ver el legendario Kilimanjaro en la cercana Tanzania. No sólo es Kenia y esa zona de África un monumento natural, sino que debería de ser reverenciado por todos nosotros: pues todos venimos de allí. Nuestra primera madre nos dio el don de la conciencia en aquel lugar o muy cerca (probablemente en Etiopía, donde encontramos a Lucy), y nada es más sagrado que eso, porque a partir de esos lugares emprendimos el largo y tortuoso camino hacia la condición humana.

Pero no, todo lo contrario pasa en Kenia y los países que la rodean; los Estados arrasados por el colonialismo europeo, el África que intenta encontrarse a sí misma resurgiendo de las cenizas que han dejado los Estados del norte que la han vaciado y que siguen haciéndolo, no consigue escapar del legado siniestro que les dejamos. Sí, nosotros. Españoles, Franceses, Ingleses, Holandeses... Hemos usado ese continente lleno de belleza hasta que lo hemos esquilmado, les hemos abandonado a su suerte, y luego nos echamos las manos a la cabeza cuando los hijos y nietos de las víctimas coloniales llenan el vientre del Mediterráneo y del Atlántico convirtiéndolos en cementerios porque quieren poder llegar a esta arcadia que les destrozó la vida y es incapaz de arreglar el desastre. Esa arcadia que ven en la televisión por satélite. Esa mentira que es Europa.

Cambiamos fronteras, enfrentamos a etnias, colocamos a sátrapas, permitimos atrocidades sin nombre. Pero parece que no nos basta; la Europa que ha herido a África, se revuelve contra sí misma. Como un organismo metastásico, ahora nuestro continente elige inmolarse, y se consume y se disuelve en sus propios jugos gástricos. Gobernada por MBAs de traje cortado a medida y desde los centros financieros de Londres o Berlín, Europa ahora ha decidido que lo que toca es esquilmar a Europa. Ya sea asesinando a Estados enteros (Grecia, España, Portugal, Irlanda), ya sea condenando a sus propios pueblos a la miseria mediante el invento perverso y suicida de la “deuda soberana”.

Europa se ha convertido en una sombra de lo que fue, en el reverso tenebroso de lo que pudo haber sido. Mirad en España: porque también han muerto más de 147 personas a las que nadie ha devuelto sus ahorros de toda una vida que les robaron cuando les vendieron preferentes, y nadie ha movido un dedo por ellos. Porque también hay más de 147 enfermos de Hepatitis C que se han ido para siempre porque no les dieron el Sovaldi que necesitaban, mientras un gobierno de malnacidos (o estúpidos, me da igual, el resultado es el mismo) se dedicaba a hacer ruedas de prensa. Porque se fueron más de 147 almas (7 más) en el accidente del JK5022 y nadie todavía ha resarcido a sus familiares, en un proceso vergonzoso que expresa el grado de marasmo e iniquidad en el que vivimos. Porque más de 147 inmigrantes sin asistencia médica en nuestro propio país habrán muerto a fecha de hoy, por mucho que ahora el gobierno quiera devolverles parcialmente lo que nunca debió de arrebatarles. Porque más de 147 personas habrán muerto arrojadas de sus casas con apoyo policial cuando la banca todopoderosa decidió que lo más importante era desahuciar a quienes no podían seguir adelante. Porque 147.000 personas han muerto desde que la Ley de Dependencia ha sido olvidada en un acto de crueldad y negación del prójimo. Negar al otro, ignorar las consecuencias de los actos políticos, en muchas ocasiones desastrosas, gobernar como estúpidos, destrozar lo construido. En eso parece que somos maestros los europeos. Ahora lo que pasa es que nos negamos a nosotros mismos. Es la tendencia. Lo que se lleva.

Esos otros muertos no alfombran el suelo en una imagen dantesca, como ha pasado en Kenia. Esos muertos caen poco a poco, como una gota malaya, sobre la conciencia de todos nosotros; son ese karma atroz de la Europa de los derechos sobre el papel, que los ignora sistemáticamente. Esos muertos no salen en la prensa, son silenciados por los mismos desgraciados que les han arrancado su dignidad, su derecho elemental a la vida. ¿La diferencia? Los yihadistas enloquecidos que eligieron asesinar a quien no pensaba como ellos en Kenia son parte del problema. Los yihadistas de la deuda externa y del neoliberalismo paneuropeo son la causa del problema, el último ejemplo de un sistema equivocado. El Siglo XXI estrena su nuevo colonialismo, el interno; el de un continente viejo que se devora a sí mismo, ya que ha esquilmado todo lo que podía comerse a su alrededor.

Europa ha cometido vastos genocidios en África y ha arrasado de tal manera ese continente, que ahora vivimos con espanto el resultado de esos horrores silenciados e ignorados. Ahora Europa, aburrida de sí misma, cegada en una maraña de ideología ultraconservadora y neoliberal, practica el genocidio contra sus propios ciudadanos. Y nadie parece querer verlo. La barbarie ha triunfado.

He soñado con poder dormir bajo las estrellas africanas, en algún lugar de ese vasto continente lleno de creatividad, belleza, riqueza y futuro. Y cada día mi propio continente me recuerda los errores cometidos allí, sobre personas que tienen tanto derecho como tú y yo a una vida digna, pero han tenido la desgracia de nacer en unas tierras devastadas por nuestros antepasados directos.

Los pecados de lesa humanidad que arrastramos sobre nuestra conciencia nos los recuerdan esos 147 muertos que ya esta mañana no eran sino una reseña secundaria perdida en la prensa online y de papel. 147 víctimas de los monstruos que hemos creado. 147 recuerdos espantosos que nos devuelven nuestra imagen en un espejo.

Europa: o cambias, o no hay camino de esperanza posible. Todavía estamos a tiempo. Pero hemos perdido 147 oportunidades más. Y cada día seguimos perdiéndolas, en un reguero de dolor insoportable, intolerable e inconcebible.

La imagen de esta puesta de sol en el Parque Nacional de Amboseli, en Kenia, está en Wikimedia Commons en Dominio público, y su autor es Derlangemarkus.

miércoles, 1 de abril de 2015

Tocando las narices


Paso a paso, a medida que aprendes a vivir en este país, y ves dónde falla, que es en casi todo, y dónde se puede mejorar, que es en todo, vas criando callo. Y al menos yo, he ido creando un sistema de trabajo. Encuentro un problema que me jode o encuentro injusto, y toco las narices.

Pocas cosas irritan más a un sistema mal hecho que cuando le recuerdan sus fallas. Y creo que es nuestro deber ciudadano.

¿Cómo hemos consentido que las cosas hayan acabado así? Es que antes no se notaba tanto, amigos. Pero resulta que las corporaciones han roto todas las presas de vergüenza y respeto por el prójimo. Están desatadas, gracias a una legislación que han ido cambiando a su favor discretamente, con mucha zapa y mucho cabildeo. Y ahora nos ciudadanos no tenemos salida, excepto defendernos.

Una de las últimas que me he encontrado es esa mamarrachada que se inventó este gobierno hace ya dos o tres años, de que los ciudadanos empadronados en las islas tengamos que ir con el Certificado de Residente en la boca si queremos que no nos impidan embarcar en los vuelos a la península.

A partir del 1 de noviembre de 2014 se suponía que eso se acababa, pero no señor, en el país en el que  casi nadie hace su trabajo (al menos entre la clase política), ha resultado que eso era otra mentira más. Así que he mandado el texto que pego a continuación a la Comisión Parlamentaria al cargo de Fomento, de la que dependen esos asuntos.

Señorías,

Soy ciudadano residente canario. Como sabrán, desde hace unos años el
Gobierno ha obligado a que todos los residentes en las islas (Canarias
y Baleares) y territorios de Ceuta y Melilla deban presentar un
Certificado de Residente oficial, suministrado por el Ayuntamiento de
residencia y con una caducidad de seis meses (lo que obliga a su
renovación periódica), a fin de acogerse al descuento del 50%
aproximadamente para los vuelos con la península y entre islas. Caso
de no presentarlo, el ciudadano, de querer volar, debía de abonar el
billete de nuevo en el aeropuerto, a pesar de haber sido adquirido en
una agencia de viajes con datos de residencia previos. Esto supuso un
importante quebradero de cabeza para los ciudadanos con colas, pago de
timbres, etc. que finalmente se ha convertido en trámite online en
muchos ayuntamientos.

El Gobierno nunca aclaró el motivo de esta exigencia que apareció de
la noche a la mañana. Se habló de un supuesto fraude en esos
certificados sobre el que, de existir, y que yo sepa, no se ha
iniciado investigación alguna, ni judicial ni política. Tampoco se ha
aclarado cómo se accedía a los datos de residencia antes ni en qué
consistía por tanto el fraude. Simplemente los ciudadanos isleños y de
Ceuta y Melilla se han visto obligados a añadir un documento más al ya
de por sí penoso proceso del embarque aéreo, sin explicaciones
satisfactorias de ningún tipo.

A partir del 1 de noviembre de 2014, el Gobierno ha declarado a los
ciudadanos residentes en las islas que ya no tienen que embarcar con
el citado certificado al haberse habilitado un sistema informático,
llamado "Sara", que al parecer permite acceder a esos datos por vía

informática tanto a agencias de viajes como a líneas aéreas.
 
En palabras de la Ministra Ana Pastor:  "afortunadamente, ya nadie


En cambio, al parecer, el sistema tiene fallos y de nuevo los
ciudadanos, informados por el Gobierno de la no necesidad del
certificado, se encuentran ante las puertas de embarque de sus vuelos
sin poder embarcar a no ser que paguen el billete de nuevo. El
Gobierno les dice una cosa, y las líneas aéreas les dicen otra
completamente diferente.

Estando el país como está, en un estado de deterioro general que
parece transversal, sólo cabe pensar mal y que posiblemente alguna
línea aérea no quiera renunciar a la golosa posibilidad de que algunos
viajeros tengan que pagar sus billetes dos veces. Todo esto es un
juicio de valor, una conjetura, pero vuelve a despertar sospechas de
graves fraudes en un asunto que, debo insistir, nunca ha aclarado su
origen ni su por qué.

En virtud de todo ello, quisiera consultarles la posibilidad de
plantear las siguientes preguntas parlamentarias:

1- ¿Por qué se ha obligado a los ciudadanos residentes a la
presentación de los Certificados de Residencia a lo largo de los
últimos años?

2- Si el origen de ello fue un fraude ¿Dónde está la información al
respecto? ¿Y la investigación judicial que lo debe aclarar? ¿Y los
números del supuesto fraude? ¿Y los damnificados? ¿Y las
indemnizaciones? ¿Y los culpables? ¿Y el método empleado para vulnerar
la Ley? ¿Se falsificó el censo? ¿Se falsificaron datos de DNIS? ¿Es
que acaso las agencias de viajes han tenido acceso a bases de datos
falsas?

3- De no responderse satisfactoriamente a la pregunta anterior ¿Por
qué se ha instado a los ciudadanos residentes a presentar los citados
certificados a lo largo de varios años, si no existen pruebas de
fraude alguno? ¿Se legisla en España por rumores? ¿Se perjudica a los
ciudadanos por rumores? ¿Se prevé indemnizar a los residentes
perjudicados, como es de Ley?

4- ¿Se ha calculado el dinero extra que las líneas aéreas han
ingresado durante el tiempo de vigencia de la obligación de
presentación de certificado por parte de ciudadanos que acudieron a
embarcar sin tener el certificado? ¿Cómo es posible que una agencia de
viajes venda un billete con descuento de residente y luego no se
acepte ese descuento ante la puerta de embarque del vuelo?

5- A partir del 1 de noviembre de 2014, el Gobierno ha declarado a los
ciudadanos residentes en las islas que ya no tienen que embarcar con
el citado certificado al haberse habilitado un sistema informático,
llamado "Sara", que al parecer permite acceder a esos datos por vía
informática tanto a agencias de viajes como a líneas aéreas. En
cambio, al parecer, el sistema tiene fallos y de nuevo los ciudadanos,
informados por el Gobierno de la no necesidad del certificado, se
encuentran ante las puertas de embarque de sus vuelos sin poder
embarcar a no ser que paguen el billete de nuevo. ¿Se está auditando
por un observador externo el funcionamiento del citado sistema? Si no
¿Por qué no se está haciendo? Al parecer el doble cobro que se sigue
produciendo actualmente, insta de nuevo a los ciudadanos a tener que
llevar indefinidamente encima sus Certificados ¿No se entiende esto
como inseguridad jurídica? ¿Cómo puede el Gobierno de la Nación avisar
a los ciudadanos de la no exigencia de un documento cuando se está
exigiendo de nuevo sin control alguno? ¿Se prevén de nuevo
indemnizaciones o soluciones para este nuevo inconveniente?

6- Este nuevo problema sólo beneficia a las líneas aéreas ¿Se ha
investigado este nuevo posible fraude que se está generando a partir
del 1 de noviembre de 2014, fecha en la que no existe obligación
oficialmente de presentar el certificado?

7- Finalmente ¿Prevé el Gobierno indemnizar o devolver los pagos a los
ciudadanos que han tenido que pagar un billete dos veces cuando son
residentes, es decir, por un trámite administrativo del que la
Administración es responsable y por la ausencia de diligencia en el
cruce de datos? ¿Se va a investigar el origen de la exigencia inicial
del Certificado de Residencia, que podría tener riesgos de ser un
fraude de Ley al pedir a los ciudadanos unos datos que son públicos y
responsabilizarles de ello por unas causas nunca aclaradas? ¿Se
pretende que la Fiscalía se interese en algo tan grave y silenciado
hasta el momento?

Gaspar Llamazares ha tenido la gentileza de pasar esas preguntas al Gobierno. Las pondré aquí cuando respondan.

Pd.: Actualización. El día 25 de marzo de 2015 volé con Air Europa. Para poder embarcar en el LPA-MAD me pidieron de nuevo el Certificado de Residencia, prueba palmaria de que no está funcionando lo prometido por la Ministra.

La imagen, "Cumulus clouds seen from passenger plane", 2007, por Kevin Doole, está en Wikimedia Commons bajo licencia Creative Commons con atribución.