domingo, 19 de julio de 2015

El espanto




Este es el penúltimo plano de "Lluvia Negra". Una catedral del cine dirigida por Shoei Imamura de la que ya he hablado, pero que se te queda clavada. Una película sabia que me ha llenado de espanto. Como espectador sé que hay un cine del horror, como el casi suicida "Saló" de Pasolini, o el exhibicionista pero apreciable de Gaspar Noé en "Irreversible". Pero el espanto sólo lo saben transcribir los grandes. Gente en estado de gracia. Imamura en "Lluvia Negra" está en esa situación, como ocurre en otra obra enorme del mismo director, "La Balada de Narayama", que en palabras de una persona cercana que la pudo ver por primera vez recientemente, tan sólo encierra un acto de amor final que destella tras un desfile de espanto.

Volviendo a "Lluvia Negra", pocas películas te pueden llenar de tanto horror como esa historia sencilla, en dos tiempos, protagonizada por los los herederos de la guerra, los que se quedan y mueren años, décadas después del desastre bélico. Las pruebas vivas de que las guerras y sus heridas marcan a los pueblos durante siglos. Pero de eso ya he hablado.

Comento todo esto porque he leído hace poco los "Cuadernos Ucranianos" de Igort, en una  preciosa edición de Sins entido. Plasmar en un tebeo el espanto se hace más difícil que en el cine, pues como lector puedes evitar la mirada, puedes decidir no entrar al juego planteado. La historia reciente de Ucrania que relata el autor es una crónica del espanto más crudo y destripado. No sé lo que pensarán los ucranianos de ese relato contado a través de las voces de un puñado de testigos y convertido en una historieta que te conmociona y te golpea, cosa que hacen sólo las grandes obras, como decía más arriba. 



Poco más puedo decir de este precioso y sobrecogedor recorrido pictórico por la vida de un pueblo que define el término "sufrimiento"; reducido a la animalidad más atroz por un grupo de sátrapas asquerosos y los avatares históricos que trajeron de la mano, y la imprescindible contribución de lo que podríamos llamar "jodida mala suerte", que todo contribuye. Leedlo, es una obra sabia. De las que hacen daño. Y, por tanto, de las que hacen falta.

En un post anterior recordaba que Imamura cuenta en el último plano de "Lluvia negra" una mentira piadosa, la de un hombre desesperado que intenta consolarse ante la crudeza de asistir al derrumbamiento de todo lo que le rodea, viendo cómo la historia de un amor inocente y puro de la que es testigo, entre una joven envenenada por la radiación y un loco que ha convertido la herida mortal de la guerra en delirio, terminará con la muerte inexorable. La mirada desesperada de una víctima que espera su destino, pero que se lo niega mediante el pensamiento mágico. Un ser humano desesperado dándose una caricia mental ante lo inevitable.

"Cuadernos Ucranianos" tiene ese hálito grandioso, que hace más llevadero, y de paso más duro, el espanto.

Eso que la humanidad sigue sintiendo cuando asiste a las tragedias indescriptibles por las que han pasado sus semejantes, pero que, maldita sea, los humanos se empeñan en seguir causando.

Las obras del espanto al final te dan un poco de esperanza. En la especie, en el futuro, en lo que sea. De lo contrario, no podríamos vivir, y el arte no sería arte, sino simple reproducción del horror.

La esperanza, al final, es lo único que nos queda. Es nuestra caricia mental ante un mundo que nosotros mismos hemos hecho así.

Las obras del espanto duelen. Por eso debemos apreciarlas. Por eso las necesitamos. Porque nos ayudan, aunque parezca una paradoja, a vivir.

La imagen la capturé del DVD de Lluvia Negra, y la portada de Cuadernos Ucranianos la he encontrado en la web de la editorial Sins entido. Hago uso de ellas acogiéndome al derecho de cita.

A peculiar galaxy near M104

Publicado en Revista Mexicana de Astronomía y Astrofísica, Vol. 59, número 2. P.327. Este es el link.